Aznar y la moral de la tropa

España · Agustín Domingo Moratalla
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23 mayo 2013
La entrevista al ex presidente Aznar no ha dejado indiferente a nadie. Ha sido el tema del día y ha modificado todas las agendas de informativas. Las reacciones más curiosas están viniendo de los líderes del PP que tienen responsabilidades en los diferentes gobiernos, parlamentos autonómicos o cargos institucionales. Al principio de la mañana no sabían cómo reaccionar porque esperaban las oportunas consignas que envían los gabinetes de comunicación, las valoraciones del correspondiente jefe de filas o los juicios del preceptivo barón autonómico. Muy pocos se han atrevido a decir lo que pensaban y casi todos han empezado a pensar que el problema organizativo es más grande de lo que se imaginaban.

Los que de verdad estaban contentos eran los votantes, militantes y las bases del PP. Las palabras de Aznar han tenido gran valor para una tropa popular desencantada, desmoralizada y desafecta a un gobierno y unos líderes que no están a la altura moral de sus votantes. Las bases del PP se han sentido reconfortadas porque han visto en las palabras de Aznar alguien que les representa y que, en cierta medida, le anima para medirse en el cuerpo a cuerpo argumentativo de la casa, la calle, el trabajo o la búsqueda desesperada de empleo. Son gentes que saben que ni Rajoy ni Aznar tienen una varita mágica para salir de las múltiples crisis en las que nos encontramos. Ahora bien, son gentes que se merecen otra cosa, otros discursos, otras prácticas gubernativas y cierto horizonte abierto para afrontar la tormenta.

La entrevista marcará un antes y un después en la legislatura de Rajoy. Es probable que tengan que anticiparse los cambios en el gobierno, renovarse los equipos y modificar las invisibles, fugaces y casi imperceptibles líneas ideológicas que hasta ahora se mantenían. Aznar ha pedido que se haga política, no sólo que se gestione, administre o parcheen las estadísticas. Aunque sean palabras que tengan que ser meditadas con calma y generosa autocrítica por parte de todos, es importante percibir entre las bases, los militantes y los ciudadanos la posibilidad de un discurso en el que hay, además de ilusión por los valores constitucionales o por una cohesión social sin complejos, cierta narrativa coherente y esperanzadora. Se podrá estar más o menos de acuerdo con Aznar pero al menos la gente sabe dónde está. Más allá del populismo posible con el que podamos leer la entrevista, estamos ante un retorno de cierta política con mayúsculas. Propuestas que necesitamos llenas de esperanza y memoria. También para no olvidar la distinción entre predicar y dar trigo.

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