Aunque las mentiras sigan corriendo, ¡la verdad se impone!

Mundo · Luis Enrique Marius
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30 noviembre 2009
En las controvertidas elecciones realizadas este fin de semana en Honduras, con datos primarios que provienen de organismos universitarios y podrían tener una variación de +/-3%, el candidato del Partido Nacional habría ganado con un 52%, el del Partido Liberal lograría un 34% y el PINU, un 4%. La abstención estaría por debajo de un 40% de todo el padrón electoral y, si lo reducimos con los que no pudieron votar por estar fuera del país, la participación electoral fue superior a un 72%. De confirmarse estas cifras nos encontraríamos con la participación electoral más importante desde 1981, momento en el que se inició esta última etapa democrática de Honduras. Además, vale la pena recordar que el presidente Zelaya fue electo con una abstención superior al 46%.

Como sucede siempre, hay ganadores y perdedores, más allá de las excusas y justificaciones, válidas o no, a las cuales (y especialmente en el sector político) siempre somos propensos.

Entre los ganadores

En primer lugar el pueblo hondureño, por su profundo compromiso democrático y especialmente por su madurez política y su personalidad, y la Iglesia Católica (especialmente con el cardenal Óscar Rodríguez), que con valentía (aunque les pese a varios de dentro y de fuera) denunció lo que había que denunciar, rechazó lo rechazable y llamó a la reconciliación y la participación popular como el único y mejor camino de solución para la crisis política. No ganaron los partidos políticos. En todo caso, empezaron a corregir los enormes errores políticos que condujeron al país a la crisis. De ellos son hijos los responsables de la misma, porque nadie puede engañarse culpando únicamente al destituido presidente Zelaya. Es el pueblo hondureño quien los salva y permite iniciar un nuevo camino que todos esperamos sea diferente.

Pero sobre todas las cosas, ¡ganó la verdad! No era cierto que el pueblo, mayoritariamente, apoyaba al presidente depuesto, y esto para que se corrijan los medios de comunicación (nacionales e internacionales), y especialmente los gobiernos latinoamericanos y los organismos internacionales. Ganó la voluntad y la madurez de un pueblo que no aceptó someterse a una intervención extranjera, y debemos reconocerle el histórico ejemplo que brindó a toda Latinoamérica.

Y quienes perdieron

En primer lugar Fidel Castro y su operador político y financiero, el presidente Hugo Chávez, quienes buscaban en Honduras un nuevo escalón en la estrategia de dominación "hibridocrática". En segundo lugar el presidente Obama que, jugando a las escaramuzas tácticas con Chávez, demostró una vez más (y no es históricamente nuevo en las administraciones de los Estados Unidos) un total desconocimiento de la realidad latinoamericana y los bajos niveles de análisis de sus asesores. En tercer lugar, y no el menos grave, la gran mayoría de los gobiernos latinoamericanos, y todos los organismos internacionales, desde la OEA (donde su secretario general, si le queda algo de decencia, debería renunciar), hasta las Naciones Unidas, pasando por la Comunidad Europea, donde Latinoamérica (y más Honduras) les importa muy poco.

Gobiernos que, ocultándose en el mediocre pragmatismo de siempre, no tuvieron el coraje de buscar la verdad y actuar conforme a ella. Presidentes que quedaron atrapados en caricaturas del pasado (no por dolorosas, sino por perimidas) porque les venían muy bien, se estaban autoprotegiendo, pensando que aseguraban su mandato o su continuidad. Y en los próximos días no faltarán quienes se inventen argumentos para rechazar la voluntad mayoritaria del pueblo hondureño, porque hay muchos intereses que justificar.

Y también perdieron, y mucho, organizaciones sociales y políticas, hondureñas y latinoamericanas que, en lugar de saber escuchar y responder a los intereses de sus miembros y del pueblo, se vendieron (por corrupción o por estupidez) a los cantos de sirena de un populismo anacrónico e históricamente desfasado, que esconde detrás de un discurso de cambio tristes formas de represión y regresión para los más desposeídos.

¿Y el presidente Zelaya? Ya había perdido cuando su habilidad no pudo ser emulada por su inteligencia y se compró el "paquete venezolano". Sólo le queda el exilio y esperamos que esta vez sea más inteligente que hábil, y no se le ocurra asilarse en Cuba, Nicaragua o Venezuela.

Lo que queda por hacer

En Honduras, las organizaciones sociales, económicas y políticas deben asumir una seria y auténtica revisión. Como en el sacramento de la confesión, debe haber un acto de contrición (nos equivocamos y saber en qué), un propósito de enmienda (qué debo hacer para no caer en lo mismo, y qué no debo hacer más, especialmente manipular y corromper), y asumir la penitencia (ser capaces de repensarse, asumir en plenitud la identidad propia, responder a las necesidades y aspiraciones de las grandes mayorías, porque la función política es servicio al bien común y no otra cosa).

¡Cómo creceríamos y maduraríamos en Latinoamérica y a nivel mundial, si se escuchara a algunos (bastan algunos) dirigentes que digan: "con Honduras, nos equivocamos"!  Pero eso aparece muy difícil. Si estamos como estamos, es porque falta esa dosis indispensable de coherencia y coraje que hace a los grandes líderes. Además, Latinoamérica cuenta poco, y Honduras, para muchos, cuenta menos, aunque para nosotros, que desde el 28 de junio no nos equivocamos, no sólo cuenta mucho, sino que debemos agradecerle el maravilloso ejemplo que nos ha regalado, mejor que cualquier discurso de Navidad.

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