Assad pierde el apoyo alauita

Mundo · Robi Ronza
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6 abril 2016
Reconquistada Palmira con sus famosas y fascinantes ruinas árabes y romanas, la ofensiva a la pinza contra el Estado islámico está marcando el paso. En virtud de un evidente entendimiento ruso-americano, con un eco mediático irrisorio en comparación con su importancia objetiva, la ofensiva empezó a mediados del mes pasado. El territorio bajo control del llamado Estado islámico se vio atacado por dos partes.

Reconquistada Palmira con sus famosas y fascinantes ruinas árabes y romanas, la ofensiva a la pinza contra el Estado islámico está marcando el paso. En virtud de un evidente entendimiento ruso-americano, con un eco mediático irrisorio en comparación con su importancia objetiva, la ofensiva empezó a mediados del mes pasado. El territorio bajo control del llamado Estado islámico se vio atacado por dos partes.

Por el oeste, fuerzas del gobierno de Assad, reformadas por consejeros militares rusos y con apoyo aéreo ruso, se movieron en dirección a Palmira teniendo como objetivo final la ciudad siria de Raqqa, no muy lejos de la frontera sirio-iraquí que el Estado islámico convirtió en capital.

Al mismo tiempo, desde el este, fuerzas del gobierno de Bagdad con el apoyo de milicias chiítas se movieron en dirección a la llanura de Nínive, teniendo como objetivo final la reconquista de Mosul. Pero mientras Assad y sus aliados rusos consiguieron recuperar Palmira, las fuerzas del gobierno de Bagdad pronto se detuvieron sin conseguir ni siquiera entrar en la llanura de Nínive. En este punto, la ofensiva parece haberse agotado.

Assad y sus aliados rusos se detuvieron en los alrededores de Palmira esperando ver si las fuerzas del gobierno de Bagdad conseguían comprometer seriamente al Estado islámico. Si no fuera por el avance ruso-sirio hacia Raqqa, resultaría más difícil, aparte de demasiado arriesgado. La fragilidad, ya mostrada en el pasado, de las tropas del gobierno de Bagdad corre el riesgo de hacer fracasar una operación que, terminando con la caída del Estado islámico, daría una fuerte contribución a la causa de la paz en el Próximo y Medio Oriente.

Desde un punto de vista meramente militar se plantea en todo caso el problema del apoyo aéreo. De hecho, mientras las fuerzas de Assad se mantienen gracias al aliado ruso, las del gobierno de Bagdad carecen de él, y no se ve quién pueda ayudarles. Ni los Estados Unidos, “hermano mayor” indirecto de Bagdad, cuyo retorno a las armas en Iraq provocaría sin duda un golpe insostenible; ni tampoco los rusos, a quien los americanos no podrían consentir otra ampliación de su presencia en Oriente Medio.

Resulta inútil en todo caso buscar ecos de esta compleja y ardua cuestión en las primeras páginas de nuestros periódicos y telediarios. Evidentemente, quien tiene el control del sistema mediático mundial ha decidido que el gran público no debe ocuparse de esto, ni preocuparse.

La única luz entre tantas sombras es la noticia, lanzada por la BBC, de la publicación en Siria de un documento donde algunos líderes de los alauitas, cuyos nombres no se citan, se distanciarían del régimen de Bashar al Assad. Los alauitas, cerca del 12% de los habitantes de Siria (al menos hasta el estallido de la guerra), son una minoría religiosa islámica considerada hereje por la mayoría de los musulmanes.

Siendo alauitas los Assad, bajo su régimen los alauitas han gozado de una condición ventajosa. Inevitablemente se les considera pues una parte del orden establecido por el régimen, fundado por el padre de Bashar, Hafez al Assad, hace casi 40 años. Obviamente, esta identificación tarde o temprano está llamada a hacerse muy incómoda.

Esté o no próximo su fin, cuando termine el régimen de Assad el problema se planteará igualmente, y en todo caso un documento así no basta para resolverlo. Por tanto, hay que preguntarse si el documento es auténtico, y si lo fuera habría que preguntarse entonces hasta qué punto son representativos aquellos que lo firman. Mientras tanto, resumiendo, no se dice que la ofensiva contra el Estado islámico está marcando el paso, todo el espacio que se da al fantasmagórico documento parece más bien una manera de evitar que el gran público se interese por lo que más importa. De la misma cortina de humo forma parte también la cuestión de la restauración de las ruinas de Palmira, sin duda importante pero de momento totalmente prematura.

Un círculo de afirmaciones genéricas y fotografías tomadas con el móvil cuando, si se hubiera querido, ya se podría disponer de una revelación completa por medio de drones de toda el área arqueológica, incluidas las zonas que se teme que estén minadas o que sean peligrosas. Tan genérico es todo que parece querer ocultarse el hecho de que los daños son afortunadamente muy inferiores a lo que se había dicho, y no se sabe cómo explicarlo. Más aún que entonces alguien podría preguntar cómo es posible, con todos los satélites espía de que disponen las grandes potencias, que siempre se hayan dado por buenas las imágenes difundidas por el llamado Estado islámico, muchas de las cuales eran claramente sospechosas.

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