Las horas horizontales / I

Así que es así como sangra el corazón

Cultura · Juan Carlos Hernández
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28 diciembre 2022
Iniciamos una serie de tres entregas de algunos de los poemas escritos por Isabel Almería publicados en su libro “Las horas horizontales” (Gravitaciones). La autora nos introduce en su poesía en esta pequeña entrevista.

Hablas en tu poesía de una herida que no se cierra. Me ha venido a la cabeza cómo tanta gente sufre también entre los más jóvenes. ¿Podría ser este poema una buena descripción del momento actual de nuestra sociedad?

Creo que todos llevamos dentro una herida. Es parte de nuestra naturaleza humana. La herida de ver cómo las cosas que tenemos, que buscamos, que vivimos, no acaban de llenarnos. O la herida causada por el mal, propio y ajeno, por la enfermedad, por la pérdida… Sí, puede que en este sentido, este poema pueda representar la sociedad actual, pero también la vida humana de todos los tiempos. En realidad, el poema habla de la herida por la separación de las personas y los lugares queridos. Lo escribí en el segundo vuelo a Moscú, después de haber pasado unos días de vacaciones en Madrid. Era un momento en el que tomaba conciencia de todo lo que dejaba (aparentemente, porque, en realidad, en los 10 años que pasé en Moscú, experimenté que nada se había perdido, al contrario).  Pero es verdad que la herida profunda del corazón humano, toma infinitas formas.

Esta herida en muchas ocasiones acaba desembocando en enfermedades mentales

Ahora, en nuestra sociedad, hay tanta soledad, tanta separación de los lazos que nos constituyen que muchas veces esta herida se transforma en una verdadera enfermedad y, si no se está atento a ella, podemos ver que lleva a finales muy trágicos (como nos muestran las estadísticas de los jóvenes con depresión, ansiedad que acaba tantas veces en suicidio). Muchas veces no somos conscientes de esta herida y eso hace que se enquiste, que se agrave. El poema parte de la toma de conciencia. No es malo sentir este vacío, esta herida. Si se siente frente a alguien y si se es consciente de que es algo propio de nuestra naturaleza, que muestra que estamos hechos para algo grande, como decía Giacomo Leopardi en sus Pensamientos: «El no poder estar satisfecho de ninguna cosa terrena, ni, por así decirlo, de la tierra entera; el considerar la incalculable amplitud del espacio, el número y la mole maravillosa de los mundos, y encontrar que todo es poco y pequeño para la capacidad del propio ánimo; imaginarse el número de mundos infinitos, y sentir que nuestro ánimo y nuestro deseo son aún mayores que el mismo universo, y siempre acusar a las cosas de su insuficiencia y de su nulidad, y padecer necesidades y vacío, y, aun así, aburrimiento, me parece el mayor signo de grandeza y de nobleza que se pueda ver en la naturaleza humana».

Esa herida que no se cierra, sin embargo delante de una experiencia se puede curar. Un abrazo, una caricia, un nombre… describes así una persona que te puede acompañar en esa herida. ¿Qué tipo de compañía necesitamos que tenga este efecto sanador?

Como decía antes, no es malo experimentar esta herida, pero no sería soportable en soledad. El poema habla de una compañía que espera, que recibe, que acoge. Es la experiencia de una amistad que comparte, sin censurar, la herida, que la comprende, que la experimenta también contigo. Una amistad humana, que traspasa los límites de lo humano. En realidad, esta herida solo puede curar en la presencia de lo divino, de aquello para lo que estamos hechos. ¿Por qué uno iba a dejar su tierra, su familia, sus amigos y embarcarse en esa aventura? “Si no supiera de tu nombre…” es decir, si no hubiera experimentado ya esa compañía que con su caricia sana la herida, esta sería insoportable. Y la belleza de esa compañía, de esa carnalidad divina (el misterio que celebramos en Navidad) se hace tan deseable, que se desea mantener siempre abierta la herida, “para dejar que la cure tu caricia”. Porque quien ama, desea siempre estar con la persona amada y no quiere dejar de echarla de menos.

Lee también «El valor de la literatura para los adolescentes«

¿Qué puede aportar la poesía al mundo de hoy?

La poesía nació en sus orígenes como una mirada de asombro a la realidad, como el deseo de crear a partir de lo ya creado. La poesía es una mirada transformada y transformadora de la realidad, de la vida. Para mí siempre ha sido un diálogo con el Misterio, que se esconde en lo más cotidiano. Creo que este es el valor de la poesía para el mundo de hoy. Una ocasión de volver a esta mirada, de pararnos y sorprendernos de lo que existe, incluso del dolor. Para volver a recibirlo todo como un don.

 

Así que es así como sangra el corazón,

con el peso de una noche que no llena los sentidos,

dejando que la lluvia me resbale

mientras despego y me despego de tu abrazo.

Así que es así como se desgarra el alma,

cargando el sobrepeso de los sueños,

imán que se debate entre dos fuerzas

que lo dejan planeando en una suerte de vacío.

Si no supiera de tu nombre,

si no supiera de tu risa y tu mirada,

de tu ángel que me espera

allí donde las letras se confunden,

el dolor del vuelo sería insoportable,

inhumana la aventura de esta prolongada ausencia,

si no supiera de tu nombre…

Así que es así como se goza la paz,

con la sangre de una herida que no cierra en tu presencia

por dejar que la cure tu caricia.

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