Informe del Senado

Así forzó Bush la entrada en Iraq

Mundo · Marco Bardazzi
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12 junio 2008
Bush ha estado en Europa. Ha reconocido que cometió excesos verbales sobre Iraq. La Cámara Alta va más allá. La acusación no es nueva: la "multitud de pruebas" contra el régimen de Saddam Hussein usadas para justificar la invasión de Iraq eran inconsistentes y se utilizaron de forma selectiva. En un informe de 170 páginas, fruto de cinco años de indagaciones, la Comisión de Inteligencia del Senado traza el cuadro más completo hasta el momento sobre los trabajos de la administración Bush poniendo las bases para la guerra, con lo que se ofrece una nueva arma para los demócratas en su carrera hacia la Casa Blanca.

El candidato presidencial Barack Obama, incansable opositor de la presencia militar americana en Iraq, podrá usar de ahora en adelante este informe para sostener que el presidente George W. Bush y sus colaboradores construyeron un "caso Iraq" basado en exageraciones deliberadas de las informaciones de que disponían las fuerzas de inteligencia e ignoraron deliberadamente todo aquello que no servía a la causa. Pero la Comisión también ha dejado a políticos e historiadores algunos interrogantes sobre las intrigas de la preparación de esta guerra.

En el informe se destina un amplio espacio al caso de las informaciones falsas sobre una presunta adquisición de uranio por parte de Iraq en Níger. Informaciones falsas que acabaron por convertirse en uno de los principales argumentos utilizados por Bush. Pero los senadores americanos, guiados por el demócrata Jay Rockefeller, se han quedado particularmente intrigados por otro episodio italiano, hasta el punto de haberle dedicado un segundo informe, separado del primero, de 52 páginas. Se trata de una serie de encuentros en Roma, en un apartamento gestionado por el ex Sismi (Servicio para la Información y Seguridad Militares), hoy AISE (Agencia de Información y Seguridad Exterior), que entre el 10 y el 13 de diciembre de 2001 tuvieron dos altos funcionarios del Pentágono con tres exponentes iraníes. La Comisión, tampoco en este caso, a pesar de haber escuchado decenas de testimonios, aclara la naturaleza de esta iniciativa. Pero el escenario que aparece es el de un intento iraní de implicar a EE.UU, a cambio del pago de millones de dólares (el ex embajador de EE.UU en Italia, Mer Sembler, ha hablado de "casi 25 millones de dólares"), en un intento de derribar el régimen de Teherán.

Al mismo tiempo, estos encuentros parecen haber sido una ocasión para ofrecer otros elementos que sirvieran a la administración Bush para declarar la guerra a Iraq. Los senadores se preguntan aquí quiénes estaban realmente detrás de esta iniciativa, y no excluyen la hipótesis de una posible maniobra iraní para animar a EE.UU a atacar a Saddam.

La Comisión ha criticado al Pentágono, en aquella época guiado por Donald Rumsfeld, por ocultar a la CIA y al Departamento de Estado informaciones obtenidas en Roma. Los indicios señalan a los entonces subsecretarios Paul Wolfowitz y Douglas Feith, y al entonces número dos (hoy número uno) del Consejo para la Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Stephen Hadley. Los tres días de encuentros fueron organizados por iniciativa de Michael Ledeen, un estudioso del American Interprise Institute con muchos vínculos en Italia, que preparó la participación de los dirigentes del Pentágono Larry Franklin y Howard Rhode, de un exiliado iraní que vive en Marruecos y de un "oficial de la Guardia Nacional" cuyos nombres se omiten, así como un traficante de armas iraní que ya protagonizó en el pasado algunas tramas internacionales, Manucher Ghorbanifar. Gestionar el encuentro y participar con un funcionario es lo que el Senado indica como "servicio exterior".

Entre los episodios inéditos reconstruidos por la Comisión, hay un plan para poner en marcha un cambio de régimen en Irán que Ghorbanifar habria detallado en un bar romano -con apuntes tomados en servilletas de papel- a los enviados de Rumsfeld. En los informes del Pentágono citados por el Senado se hace mención a "acuerdos de negocios por millones de dólares organizados por los interlocutores iraníes" de un gobierno cuya identidad queda oculta. Y los senadores se preguntan en su informe sobre cuáles eran "las intenciones reales de ese gobierno al entrar en contacto con los iraníes o con Ghorbanifar".

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