Artur Mas y Duran i Lleida o un antagonismo previsible

España · Pablo Martín de Santa Olalla Saludes
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25 octubre 2013
Estamos asistiendo en las última semanas al progresivo distanciamiento entre los dos líderes de la coalición nacionalista Convergencia i Unió (CiU), pero esto no debe sorprendernos porque resultaba bastante previsible. Y es que se trata de dos hombres con trayectorias bien diferentes, con visiones de España contrapuestas y con intereses igualmente divergentes. Explicaremos por qué.

Estamos asistiendo en las última semanas al progresivo distanciamiento entre los dos líderes de la coalición nacionalista Convergencia i Unió (CiU), pero esto no debe sorprendernos porque resultaba bastante previsible. Y es que se trata de dos hombres con trayectorias bien diferentes, con visiones de España contrapuestas y con intereses igualmente divergentes. Explicaremos por qué.

Artur Mas es el prototipo de político nacionalista catalán. Originario de la capital catalana, ha desarrollado toda su carrera política a la sombra de Jordi Pujol, quien le nombró su delfín al hacerle conseller “en cap”. Para él ser Presidente de la Generalitat ha sido un objetivo largamente perseguido, y por el que tuvo que luchar mucho, ya que, a pesar de vencer en las elecciones de 2003 y 2006, vio como el “tripartito” (PSC, ERC e IU-EV) le arrebataba en dos ocasiones el poder, primero con Maragall y después con Montilla. Tuvo que esperar a 2010 para ser presidente de los catalanes, y por ello da la impresión de estar dispuesto a casi todo con tal de aguantar el sillón presidencial.

Frente a él tenemos a un Durán i Lleida que en realidad no es catalán, sino aragonés, ya que nació en la población oscense de Alcampell. Para ser aceptado entre las élites catalanas, José Antonio Durán Lérida tuvo que transformarse en Josep Antoni Durán i Lleida, pero ello no oculta su pasado. Un pasado del que además no reniega, ya que siente muy vinculado a su Alcampell natal.

Mientras Artur Mas sólo ha conocido el llamado “oasis catalán”, Durán i Lleida ha pasado tanto por la política española (ha sido diputado en el Congreso varias legislaturas) como por la europea (fue miembro del Parlamento Europeo entre 1986 y 1987). Con una diplomatura en las Comunidades Económicas Europeas, sabe muy bien lo que a España le ha costado ser miembro de la UE y los riesgos que entraña quedar fuera de ese club privilegiado que es la Unión Europea. Al mismo tiempo, conoce bien también la política catalana, ya que también ha pertenecido al Parlamento catalán, concretamente entre los años 1999 y 2004.

Artur Mas se ha embarcado en la deriva secesionista catalana porque, tras el fracaso de las elecciones de 2012, sabe que CiU no puede ser nada sin ERC, entre otras cosas porque la sombra de la corrupción sobrevuela permanentemente sobre la coalición. En ese sentido, los Pujol le necesitan para que no se conozca de su gestión pasada más que lo estrictamente necesario. A fin de cuentas, fueron ellos lo que le pusieron allí, porque el “molt honorable president” (¿?) así lo decidió cuando nadie discutía su poder.

Mientras, Durán i Lleida es mucho más libre a la hora de tener una determinada posición política. Pero teme que su ruptura definitiva con Convergencia suponga el fin de UDC, cuando en realidad estoy convencido de que hay una parte del nacionalismo catalán, que a su vez representa a una parte significativa de la sociedad catalana, que quiere que tienda puentes con Madrid porque la secesión solo equivaldría a la catástrofe. El problema es que nadie se atreve en Cataluña a decir la realidad de las cosas, y es que Cataluña ha perdido su condición de motor económico de España, donde siempre ha tenido un mercado privilegiado. El nacionalismo ha sido, a corto plazo, beneficioso para Cataluña, porque ha arrebatado privilegios y dinero al Gobierno central, pero a la larga ha resultado nefasto, porque ha llevado a los catalanes a dejarse llevar por la cultura de la subvención en lugar de dedicarse a la iniciativa privada, que fue lo que hizo de Cataluña una de las regiones más ricas de la Europa meridional.

Durán i Lleida probablemente es el primero que sabe esto último, pero no tiene muy claro qué camino tomar. En todo caso, lo que sí sabe es que ir de la mano con ERC sólo puede llevar a Cataluña a convertirse en una nueva Kosovo, una nación nueva e independiente pero aislada de los mercados internacionales y excluida del proceso de construcción europea. Lo que haga a partir de ahora será un incógnita, pero lo que está claro es que Durán i Lleida y Mas nunca verán las cosas de la misma manera, porque, mientras uno está inmerso en una política de constante reivindicación y denuncia de falsas afrentas, el otro intenta, de momento sin éxito, acercar a Cataluña al resto de España. Veremos cómo acaba todo esto, pero lo que tengo claro es que no todos los nacionalistas catalanes son iguales, aunque sean pocas las cosas que les diferencien.    

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