Argentina 2011: la danza del poder

Mundo · Horacio Morel (Buenos Aires)
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16 febrero 2011
El año 2010 en la Argentina finalizó plagado de hechos y noticias inquietantes. En la antesala de las fiestas de fin de año, la ocupación de uno de los más extensos parques de la ciudad, ubicado en el sur pobre de Buenos Aires, puso de manifiesto que la situación social es un polvorín cuando los intereses políticos se encargan de agitarla.

Cientos de familias ocuparon el Parque Indoamericano, un predio de 130 hectáreas, en busca del espacio habitacional del que mayoritariamente carecen, siendo este déficit de viviendas dignas una de las caras más elocuentes de la pobreza no documentada en los índices oficiales. La otra es el hambre, que en el norte del país golpeó duro entre diciembre y estos días que corren, cobrándose la vida de una docena de niños pequeños en Salta. Las fotos que ocuparon las planas de los diarios mostrando ataúdes de apenas un metro de longitud revuelve el estómago de todo argentino bien nacido.

En el caso de la ocupación de tierras públicas conviene estar desprovisto de ingenuidad, y descartar toda espontaneidad en el origen de la toma. Sobre la base de una necesidad incuestionable se montó una operación política de intereses inconfesables, organizada desde las sombras por organizaciones sociales coyunturalmente opositoras al Gobierno nacional a las cuales se emparenta con el ex presidente Duhalde. Ante la ocupación, el Gobierno actuó con rapidez de reflejos en un doble sentido: por una parte, aprovechando que los hechos tuvieron lugar dentro de los límites de la Ciudad de Buenos Aires, le echó la culpa al opositor Mauricio Macri endilgándole carecer de una política de vivienda social en su territorio; por la otra, mandó a movimientos sociales al mando de líderes piqueteros adictos al Gobierno (y sostenidos económicamente por éste) a "copar" la ocupación, lo que posibilitó que unos cuantos días después todo terminara en un acuerdo que permitió del desalojo. En el ínterin, asistimos pasmados a una guerra de pobres contra pobres en la cual todos los pecados de la clase política quedaron al descubierto: la ausencia e ineficiencia del estado en materia de seguridad en contraposición a una presión tributaria creciente, los vínculos entre la política, los violentos del fútbol y la droga, y la mezquindad de los políticos a quienes no importa la secuela de heridos y muertos que un conflicto de esta naturaleza deja y sólo tienen en mira el rédito o perjuicio que a sus propósitos de poder ocasionen. La violencia desatada no encontró freno ante la insidiosa inactividad policial (la orden del Gobierno nacional a su Policía Federal fue no reprimir), y tuvieron lugar hechos no vistos ni siquiera en una guerra convencional, como cuando algunos protagonistas de los desmanes interceptó una ambulancia que trasladaba a un herido del "otro bando" para continuar atacándolo.

Emergencia educativa

También se conocieron hacia fin de año los resultados del "Informe Pisa" en materia educativa. Este informe elaborado por la OCDE sobre la base de exámenes mundiales estandarizados a estudiantes de 15 años de edad, releva sus conocimientos en comprensión de lectura, matemáticas y ciencias naturales. En la edición 2010 participaron 63 países, entre ellos la Argentina. El informe muestra que Argentina es, junto a España, el país de mayor retroceso en la última década, y que en el concierto de América Latina cayó al antepenúltimo lugar, ubicándose sólo por encima de Panamá y Perú: noticia pésima si se tiene en cuenta que tradicionalmente la Argentina fue considerada como la perla educativa en estas latitudes, y que este año se celebran los 200 años del nacimiento de Sarmiento, el padre de la escuela pública.

Imposible no conectar estos datos sobre la educación con la situación social y política descrita.

Baile de candidatos

El año que comienza tiene en el horizonte cercano la elección presidencial de octubre. Hasta ahora, la presidenta Cristina Kirchner no ha exteriorizado en palabras su decisión de presentarse o no a la contienda electoral en busca de su reelección. Sin embargo, los movimientos llevados adelante por el oficialismo dan la pauta de que así será, excepto que todo sea por la creciente presión del aparato de gobierno, lo cual incluye a funcionarios, sindicalistas, operadores políticos y empresarios que tienen mucho que perder si la viuda del extinto Néstor no lo hace, y que no tienen ya regreso al peronismo luego de ser parte del modelaje del kirchnerismo, más cercano ideológicamente al progresismo de izquierda setentista que al justicialismo tradicional.

Pesará en la decisión personal de Cristina, si es que existe lugar para la misma, cuál sea en perspectiva la mayor pérdida: privarse del poder que le fascina por abandono o soportar la deshonra de una derrota electoral, particular patología psicológica de la clase política argentina, para la cual el poder lo es todo.

La candidatura del gobernador Scioli, disparada desde la misma muerte de Néstor Kirchner, tiene tantos adeptos como enemigos dentro del peronismo, y aun dentro del oficialismo kirchnerista, aunque a medida que pasa el tiempo y no se consolida ningún candidato opositor, las opciones de Scioli crecen.

En efecto, el candidato radical, sea Alfonsín sea Sanz, no tiene ninguna chance. Cobos, por incapacidad, dilapidó la popularidad cosechada en su momento durante el conflicto con el campo cuando se enfrentó al Gobierno y se convirtió en opositor, aunque decidiendo permanecer en el cargo de vicepresidente para diferenciarse de Chacho Álvarez, el renunciante compañero de De la Rúa, quien al abandonar su cargo desapareció de la escena política nacional luego de ser una de sus mayores promesas, aislándose en el cargo que detenta en Montevideo como secretario del Mercosur. Pino Solanas, una de las sorpresas de la última elección legislativa, no logra adhesiones o alianzas más allá de la izquierda, lo que le augura apenas un puñado de votos que sólo podría adquirir peso específico propio en caso de una segunda vuelta para volcar la elección a favor de alguno de los protagonistas de un eventual ballotage. El último gran triunfador, el peronista federal De Narváez, tiene vedada la candidatura presidencial por haber nacido en Colombia y por tanto, todo su objetivo personal llega hasta la gobernación de Buenos Aires, y no ha definido aún a qué candidato a nivel nacional apoyará, en razón de no presentarse (al menos por ahora) el enigmático Reutemann.

Macri ha decidido ser candidato a presidente, habilitando a sus funcionarios locales a competir entre ellos por la sucesión en la Ciudad de Buenos Aires, pero aún no cosecha apoyo peronista, imprescindible para contar con chances de triunfo.

En este escenario, no puede descartarse tampoco una candidatura de Eduardo Duhalde.

Vía libre a la especulación

La manipulación de la ley electoral que promueve en estos días el Gobierno, habilitando las llamadas "listas colectoras" (es decir, las que permiten que más de un candidato local pueda llevar en sus boletas la misma fórmula presidencial) parecen indicar que Cristina se presentará a la elección, confinando a Scioli a su propia reelección como gobernador de Buenos Aires -postergando sus aspiraciones presidenciales- excepto que éste decida pegar el salto y darle batalla a la presidenta, habilidad atlética para la cual jamás ha demostrado tener condiciones pese a su pasado de deportista. Como para el kirchnerismo el poder es absoluto o no es, tampoco acepta una reelección del gobernador sin obstáculos, y fogonea al ascendiente Sabatella en el mayor distrito electoral compitiendo con Scioli.

En resumidas cuentas, la especulación gana hoy el terreno político, de cara a una elección de final abierto. Ello, sumado a que ni siquiera se conoce aún quiénes en definitiva serán los protagonistas, pone a los argentinos -otra vez- al borde de una campaña vacía de contenido, en la que los spots y los slogans reemplazarán al necesario debate, sin tener que descontar maniobras sucias con la anuencia de una justicia federal permeable a los pedidos y presiones del poder político.

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