Entrevista a Ammar Waqqaf

Arabia Saudí quiere el fracaso de las negociaciones

Mundo · P.V.
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2 febrero 2016
Esta semana en Ginebra han comenzado las conversaciones con los representantes del grupo internacional sobre Siria y Oriente Medio, del que forman parte americanos, ingleses, franceses y alemanes. Pero antes de tomar la palabra, la oposición vinculada a Arabia Saudí puso algunas condiciones. Sobre estas conversaciones hablamos con Ammar Waqqaf, activista sirio residente en Londres y director de Gnosos, una organización que ofrece información sobre Siria y Oriente Medio a los medios de comunicación y las instituciones.

Esta semana en Ginebra han comenzado las conversaciones con los representantes del grupo internacional sobre Siria y Oriente Medio, del que forman parte americanos, ingleses, franceses y alemanes. Pero antes de tomar la palabra, la oposición vinculada a Arabia Saudí puso algunas condiciones. Sobre estas conversaciones hablamos con Ammar Waqqaf, activista sirio residente en Londres y director de Gnosos, una organización que ofrece información sobre Siria y Oriente Medio a los medios de comunicación y las instituciones.

¿Con qué expectativas han empezado las negociaciones de Ginebra?

Yo no espero grandes resultados. La oposición reivindica ciertas condiciones previas y está convencida de que si las consigue aparecerá como vencedora. Si no consigue lo que pide, atribuirá la responsabilidad a la delegación del gobierno sirio. El hecho es que las negociaciones han llegado demasiado pronto para la oposición, que no necesariamente representa a la gente que vive en Siria. Lo que estamos viendo es una especie de competición sobre quién puede decir que la representa efectivamente.

Si no representa a los sirios, ¿quién está detrás de la oposición?

El buena parte representa a las potencias regionales. Turquía y Arabia Saudí en concreto no tienen especial entusiasmo por una solución a corto plazo para la crisis siria, preferirían más bien que las conversaciones no tuvieran fruto alguno. Rusia y Estados Unidos, por su parte, intentan preparar un proceso político.

¿Cuáles son los contenidos de este acuerdo?

Moscú y Washington habrían llegado a un acuerdo para permitir a todos los partidos sirios, incluido el de Assad, participar en las próximas elecciones generales. Pero Arabia Saudí y Turquía no quieren que eso suceda, e intentan que la oposición que ellos representan busque otros objetivos. Si eso no fuera posible, intentarán posponer o detener las negociaciones.

¿Por qué Turquía y Arabia Saudí se oponen al éxito de las conversaciones de Ginebra?

Turquía y Arabia Saudí serían favorables a un éxito en Ginebra si eso les ayudase a alcanzar sus objetivos. Por ejemplo, las dos potencias regionales ven positivamente el comunicado final de Ginebra 1. Es decir, insisten en el hecho de que el proceso político debería llevar a un gobierno de transición dotado de plenos poderes, capaz de sustituir al gobierno actual de Assad.

¿Es una exigencia legítima?

Después de la intervención rusa en Siria, la comunidad internacional ha archivado esta idea, sustituyéndola por la de un gobierno de unidad nacional. Pero Arabia Saudí no ve bien esta opción, porque no garantiza que Assad salga de escena. Además, Riad es muy contraria a la idea, a la que EE.UU y Rusia serían favorables, de que el presidente Assad pueda presentarse a las próximas elecciones presidenciales.

¿Por qué insiste tanto Arabia Saudí en decidir quién gobierna en Damasco?

Es una larga historia. Después de la revolución de Jomeini en 1979, Siria siempre ha sido aliada de Irán. Pero el equilibrio se rompió en 2003, cuando Estados Unidos decidió abatir a Saddam Hussein y preparar un proceso de democratización de Iraq. Pero en Iraq los chiítas son más numerosos que los sunitas, y la democracia ha favorecido la toma del poder por parte de los primeros a costa de los segundos.

¿Cuáles han sido las consecuencias?

Se ha llevado a Bagdad bajo la esfera de influencia iraní. El derrocamiento de Saddam llevó de hecho a la creación de la llamada “media luna chiíta”, que unía a Irán, Iraq, Siria y al Hezbolá libanés. Arabia Saudí vio en esto un desafío e inmediatamente empezó a buscar formas de compensación en Siria. Preparó entonces una propaganda masiva para movilizar a los sunitas en Siria contra el gobierno de Damasco. Precisamente por eso, Arabia Saudí vio primero a Al Qaeda y luego al Isis como un instrumento de política exterior para hacer presión sobre el gobierno sirio.

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