ENCUENTROMADRID

Aquí y ahora, un nuevo inicio. El padre Ibrahim clausura EncuentroMadrid

España · PaginasDigital
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11 abril 2016
El padre Ibrahim, uno de los trece franciscanos que permanece en Alepo, Siria, ha dialogado con Martino Diez, director científico de la Fundación Oasis, y Pablo Llano, director general de la ONG Cesal, en el acto de clausura de EncuentroMadrid, moderado por el periodista Fernando de Haro sobre la posibilidad de un nuevo inicio para Europa.

El padre Ibrahim, uno de los trece franciscanos que permanece en Alepo, Siria, ha dialogado con Martino Diez, director científico de la Fundación Oasis, y Pablo Llano, director general de la ONG Cesal, en el acto de clausura de EncuentroMadrid, moderado por el periodista Fernando de Haro sobre la posibilidad de un nuevo inicio para Europa.

En el espacio de dos horas, los kilómetros que separan Siria de Madrid se borran. Una conexión vía Skype nos permite acortar la distancia con el padre Ibrahim, uno de los pocos que han decidido permanecer en el centro del horror. En Alepo, Siria, una pequeña comunidad de franciscanos se enfrenta al terror de la guerra y a sus consecuencias más nefastas. “No tenemos agua, llevamos cuatro días sin electricidad. No tenemos comida, ni medios. Los bombardeos habían cesado pero han vuelto con fuerza. Ves que determinan las conversaciones de la gente, que el miedo es el centro de la vida”. El franciscano ha expresado los horrores de la guerra, pero afirmando el bien de permanecer en un lugar en el que “los únicos que quedan son los pobres y los enfermos que no pueden escapar”: “Nosotros hemos decidido permanecer aquí y ayudar, en la medida de nuestras posibilidades, a los afectados por la guerra. Esta es la misión que se nos ha encomendado”.

La pequeña comunidad de franciscanos de Alepo se centra en tres necesidades: el agua, la salud… y la compañía. “Hemos abierto nuestro pozo, que se ha convertido en un oasis en mitad del desierto: en él se encuentran niños y ancianos, hombres y mujeres, musulmanes y cristianos. Hemos conseguido traer medicinas, ayudar estableciendo un sistema de salubridad… Pero lo más importante que tenemos que ofrecer es nuestra paz”. El padre Ibrahim, con una sonrisa constante, ha destacado que su entrega es total: “Nosotros damos todo lo que tenemos. Pero lo más importante es nuestra acogida, nuestra sonrisa, la alegría de nuestro corazón”.

¿Permanecer en un país de conflicto depende sólo de la propia voluntad? “Para nosotros, permanecer aquí es testimoniar a Cristo y los valores de la paz, del amor, del diálogo, de la misericordia. ¿Cómo permanecer aquí sin una esperanza que viene de fuera? Sin la fe, que introduce un dato nuevo, no podríamos soportarlo”, ha contestado el padre Ibrahim. Esta es la única forma de acoger verdaderamente, de no tener “miedo a los refugiados: cada uno de ellos es Cristo mismo. Vivimos en la locura de la guerra, de la codicia, del fundamentalismo. ¡Pero frente a ella está la locura de Cristo!”.

Por su parte, Martino Diez, director científico de la Fundación Oasis, introdujo el contexto de la primaveras árabes y el problema político que ha acontecido en Siria. “El mayor conflicto se encuentra en la concepción del islam: no es sólo una cuestión religiosa, sino que promueve un sistema político”. Este devenir histórico y la post-revolución ha provocado que existan más de 60 millones de desplazados forzosos en el mundo y que seis de ellos sean sirios, como ha explicado Pablo Llano, director de la ONG Cesal. “La política europea oscila entre la acogida sin condiciones, un cierre práctico de las fronteras y una incapacidad total para actuar” y esto cristaliza en una parálisis y, a la vez, en una “decepción ante el proyecto europeo”.

Desde Cesal, que trabaja especialmente en los 26 campos de refugiados existentes en el Líbano, se han centrado en dos puntos: la educación, “para que pueda existir un futuro”, y la creación depuestos de trabajo, “porque la gente necesita volver a sentirse útil, pensar que puede construir su propio futuro”. En este sentido, ambos ponentes han expresado que “la religión, como punto de encuentro entre personas, forma parte de la solución, no del problema”, a lo que Fernando de Haro, presentador del acto, añadió: “La exigencia de significado (que se expresa en el sentido religioso) es tan grande que no podemos huir de ella, ninguno de nosotros. Busquemos lo que nos une, no lo que nos separa”.

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