Manifiesto del CL

Aprendiendo de política en la universidad

España · Elena Santa María
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20 junio 2016
Hace pocas semanas una querida amiga escribía en un artículo, a raíz de la situación política actual, sobre la necesidad de aprender en qué consiste la política. Ponía ejemplos sencillísimos en los que personas diferentes han empezado a construir una historia común a partir del reconocimiento de ´la necesidad del otro para decirse a sí mismos´.

Hace pocas semanas una querida amiga escribía en un artículo, a raíz de la situación política actual, sobre la necesidad de aprender en qué consiste la política. Ponía ejemplos sencillísimos en los que personas diferentes han empezado a construir una historia común a partir del reconocimiento de ´la necesidad del otro para decirse a sí mismos´.

El viernes pasado la Asociación Atlántida organizó un acto en la Universidad Complutense con miembros de distintas asociaciones para debatir sobre el contenido del manifiesto de Comunión y Liberación ´La aventura de descubrir al otro, también en política´. En plena campaña electoral, en medio de debates sobre los posibles pactos, encuestas, estrategias de los partidos para convencer a los indecisos… se lanzaba una pregunta totalmente nueva. ¿Qué podemos aprender de estos meses? ¿Puede ser el adversario político un bien enriquecedor? La respuesta fue rotunda: no solo es un bien sino que es necesario. Es necesario porque sin el otro no hay diálogo, y la política es diálogo, ´es esa aventura de descubrir al otro´, explicaba Guille, estudiante de Filosofía y Derecho. Jota, de Historia del Arte, daba un paso más; este diálogo solo es posible cuando hay verdaderamente dos identidades. En esta idea también insistía Rafa, estudiante de un máster en Teoría Política: ´nosotros solo podemos hablar de política desde donde estamos, desde nuestras preocupaciones, desde nuestra experiencia. Para crear política necesitamos al otro, y además necesitamos que el otro sea muy suyo, que sea consciente de sus necesidades´. Durante el diálogo entre los ponentes se hacía evidente que se percibían como un bien, como un otro sin el cual yo no soy.

¿Pero cómo entenderse, cómo hablar un lenguaje común sin renunciar a la propia identidad? Partiendo de la necesidad, es más, de la conciencia de necesidad. ´Poniendo nuestra experiencia delante, nuestra vida delante podemos confrontarnos con el otro, es decir, ponernos en frente del otro´. Pero para ello es necesario construir una cultura del encuentro, aprender a compartir la experiencia concreta de encontrarnos. A esto se añade otro factor, decía Rafa: la fascinación por el otro. Guille retomaba esta idea: ´asombrarse de ver al otro y empezar a construir juntos es la forma de superar la confrontación´. Y este asombro, que es inherente al ser humano, se desarrolla con la educación, porque es en la escuela de la vida donde se descubre esta necesidad del uno con el otro y esta fascinación. Dicha sorpresa debería trasladarse también al debate político, en el que tendrían que ganar ideas nuevas después del diálogo con el otro, y no personas.

También en la universidad es necesaria la política; es decir, una educación en el encuentro, un diálogo. Y afortunadamente sucede: cuatro amigos completamente distintos que sin renunciar a sus posturas trabajan juntos para entender más la postura del otro. Uno que se conoce mejor a sí mismo a raíz del encuentro con unos amigos que se interesan por todo. La amistad que surge con un profesor a raíz de un diálogo en clase. 300 alumnos que en época de exámenes se reúnen con el vicerrector de estudiantes para debatir sobre la reestructuración de las facultades.

Pero no fue solo lo que decían, al escucharles hablar era más fácil entender en qué consiste el diálogo del que llevamos meses hablando, tres universitarios, cuatro con la moderadora, trataban de responder a unas preguntas partiendo cada uno de su experiencia y de su identidad, de la necesidad propia y de la del otro. El viernes pasado en la Complutense se hablaba un lenguaje común, y yo aprendí un poco más en qué consiste la política.

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