Antipolítica y libertad de elección

Mundo · Fernando de Haro
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28 abril 2010
El Reino Unido vuelve a marcar tendencia, también en política. En la campaña electoral británica para los comicios del próximo 6 de mayo el sistema electoral se ha convertido en una de las cuestiones más debatidas. La fórmula de representación absolutamente mayoritaria que permite gobernar a quien tiene menos votos se pone en cuestión. La distancia entre la vida política y la vida real ha estallado.

La emergencia de Nick Clegg, el líder liberal que puede provocar que no haya vencedor por mayoría absoluta, se basa precisamente en la crítica al sistema electoral, en denunciar e intentar sacar partido a la distancia que perciben los ciudadanos entre sus preocupaciones y la actividad de la clase política. Los dos "partidos tradicionales" intentan responder a esta situación hablando de cuestiones muy prácticas: de educación, de sanidad, en definitiva, de los grandes servicios públicos. Y es en ese campo en el que Cameron, el líder de los torys, se está mostrando más imaginativo. Intenta contrarrestar los sentimientos antipolíticos no prometiendo más servicios sino ofreciendo un modo diferente de prestarlo. Por eso su lema es "menos Gobierno y más sociedad".

"Te daremos poder para mejorar tu escuela, para que controles los planes urbanísticos de tu barrio; sé tu propio jefe, elige a tu jefe de Policía", repite Cameron. Este discurso ha provocado que la reforma educativa esté teniendo mucha presencia en el debate público. En una de sus apariciones para pedir votos en la calle, un padre increpó a Brown porque no podía llevar a su hijo al colegio que quería. Algo, por desgracia, impensable en una campaña electoral española. En política educativa Cameron, en realidad, es un heredero de Blair. Ya en 1996, cuando Blair no gobernaba, prometió centrarse en educación.

En su primera legislatura siguió con la política de Thatcher para corregir los errores de los años 80, apostó por la financiación para colegios gestionados por fundaciones privadas, por los criterios objetivos de valoración, por los incentivos a los profesores. Una de las últimas cosas que hizo en 2006 fue sacar adelante una reforma educativa, sin los votos de muchos laboralistas y con el apoyo de algunos conservadores, que incrementaba la libertad de los padres y la autonomía de los centros. El proyecto se basó en el informe "Higher Standards, Better Schools for All – More Choice for Parents and Pupils", que incluye las llamadas Trust School en las que se suprimen las fronteras entre lo estatal y lo social. La fórmula ha sido estudiada con detalle por Inmaculada Egido Álvarez, que publicó en 2007 un interesante informe en la Revista Española de Educación Comparada.

El caso británico resalta la pobreza del Pacto de Educación que ha querido impulsar Gabilondo y que se va a quedar en casi nada. Hace meses que María Dolores de Cospedal, que es quien ha llevado por parte del PP las negociaciones de fondo, decía en privado que su partido no quería un acuerdo en los términos en los que se había planteado. El PP no iba a romperlo porque quería dejar en evidencia que era Zapatero el que había hecho imposible el pacto. Gabilondo, que en las últimas semanas ha sido consciente de que no iba a conseguir la foto política, busca al menos salvar la foto social. Se ha esmerado, sobre todo, en poner encima de la mesa mejoras para los profesores. Y ha conseguido ciertos avances con una fórmula de negociación sectorial.

La falta de coordinación entre las organizaciones sociales más cercanas a la oposición le ha permitido ir avanzando. Incluso parecía haber ganado para su causa al gobierno popular de Castilla León, tan inclinado en cuestiones educativas a desmarcarse de la posición común de su partido para aparecer como una referencia tanto para los votantes de izquierda como de derecha. En el caso de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, el juego de la equidistancia de Castilla y León fue clarísimo. Al final se han cerrado filas y no habrá un PP a favor del pacto y otro en contra.

Los populares insisten en la falta de contenidos comunes para toda España, en que no se garantiza el aprendizaje del castellano y empiezan a hablar, hasta ahora lo han hecho poco, de la libertad de elección. Esa libertad de elección, el protagonismo de la sociedad, que tanto preocupa a los británicos, según Gabilondo está recogida en el Objetivo 7 del Pacto, que dice que "la programación de las administraciones tiene que favorecer la elección de las familias y el acceso a los centros en condiciones de igualdad". Los expertos denuncian que es una redacción muy genérica que no compromete a nada. El PP está convencido de que se ha apuntado un tanto al hacer fracasar un pacto que sólo quería echar tierra sobre el sectarismo de la política educativa de Zapatero. Conviene sin duda desenmascarar ese sectarismo pero entre los votantes españoles (es lo que dice el CIS) crece el sentimiento antipolítico como entre los británicos.

Muchos padres se parecen ya al ciudadano que se encaró con Brown reclamando soluciones concretas para poder elegir centro. Y por eso la oposición no puede contentarse con desmontar pactos-trampa.

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