Annie Lennox canta al Dios nacido con cara de hombre

Cultura · Quique Chuvieco
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21 diciembre 2010
Con sencilla conmoción y poniendo toda su "hombruna" y portentosa voz en juego, la cantante Annie Lennox (1954, Aberdeen, Escocia) expone sin rubor sobre su álbum de villancicos: "Esto es algo que he querido hacer desde hace muchos años. Es una verdadera obra de amor. Todas estas canciones me han influenciado y afectado profundamente. Las sé bien, estos villancicos. Están ahí. Sé cómo suenan, sé cada pequeño detalle mágico en ellas", al hilo de su disco Cornucopia navideña que ha visto la luz recientemente, y del que parece imbuirse si atendemos a su mística portada.

En él, la voz de la extinta banda Eurythmics despliega su ternura, potencia y profesionalidad para recrear un conjunto de villancicos populares de varias latitudes, que suponen algo más -mucho más, para mí- que los habituales "asaltos" en estas fechas que hacen intérpretes variopintos para mover sus cuentas de resultados, que no digo que esté mal, pero que suena a subirse al carro sin el debido convencimiento. Es de agradecer que Lennox huya de lugares comunes y recree con su voz "masculina" de contralto temas que no se graban habitualmente y uno de ellos inédito: Universal Child, cuyas ganancias serán donadas a la lucha contra el sida en África.

Lennox, sensible a muchas causas, fue profundizando este compromiso con el continente negro tras un viaje a África en 2003 en el que vio miles de penurias, y que le llevó a manifestar: "Me afectó muchísimo y me fui del país pensando: soy mujer, soy madre, quiero contar a la gente lo que está ocurriendo. No puedes simplemente ver lo que ocurre allí y no hacer nada al respecto. Yo tengo una plataforma, tengo una voz".

En 2008, reveló en una entrevista que su activismo en obras benéficas se vio inspirado en gran medida por el nacimiento sin vida de uno de sus hijos. "Al mismo tiempo que perdí a mi hijo, miles de personas murieron en una aldea en Turquía por un terremoto. Curiosamente, me sentí muy identificada con esa gente. Me hizo darme cuenta de que la vida realmente es algo temporal y cuando escucho las tragedias de la gente, consigo empatizar con ellos".

Otros cortes del álbum son: Lullay Lullay (muy pocas veces grabado anteriormente),  God rest Ye Merry Gentlemen, The First Noel, (bastante inusual, también), As Joseph was a Walking y The Holly and the Ivy, I'l is net le divin enfant (canto francés), entre otras.

"A mí no me interesa ser simplemente alguien que entretiene -subraya Lennox-. Eso no es para mí. Yo no le digo a otra gente lo que tiene que hacer, pero quiero llegar a las personas, conmoverlas e inspirarles aunque sin sermonear a nadie".

No es complaciente con los potenciales compradores "religiosos" de su disco, porque denigra un tipo de religión que no prodiga "compasión, respeto, entendimiento y tolerancia, que deberían estar en el corazón de toda fe religiosa. Demasiado frecuentemente es completamente lo opuesto". Lennox anhela -como yo- la belleza de los frutos de una vivencia religiosa de otro mundo que se encarna por Gracia y correspondencia humana, pero que no siempre nos mueve y que convertimos en seguridad -ideología y/o ética- en demasiadas ocasiones.

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