Amnistía 2.0

España · Juan Carlos Hernández
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16 noviembre 2023
Hacía tiempo que la prensa afín “abonaba” el terreno para una amnistía que acabamos de ver confirmada y que ha permitido la investidura de Sánchez.

El problema no es nuevo, aunque nos centremos en Pedro Sánchez, en nuestra joven democracia tanto el PP como el PSOE ha preferido gobernar usando como muleta a los nacionalistas que apoyarse en el otro gran partido de estado. En las últimas décadas ambos han jugado a deslegitimarse mutuamente. Y ahora hemos llegado a la bochornosa situación de que la gobernabilidad dependa de un fugado de la justicia y ¡no lo olvidemos! de Bildu.
Si no alcanza el poder se les acababa el chiringuito, afirmaba Nicolás Redondo Terreros, histórico socialista que ha sido recientemente defenestrado del partido. Esto podría ser una primera explicación a estos pactos de Sánchez pero podría haber una segunda razón, aun si cabe más preocupante y no contradictorias. La deriva del PSOE hacia posiciones populistas como en los tiempos de ZP.

Volviendo al tema de la amnistía, la diferencia con la del 77 es clara, pues esta buscaba construir, volver a empezar y fue liderada en buena parte por el Partido Comunista. La de ahora, la amnistía 2.0, busca que Sánchez se perpetúe en el poder no solamente por él sino por todo el chiringuito que hay detrás como decía Redondo Terreros. Por otra parte, una Ley de Amnistía como esta debería de contar con el apoyo como mínimo del PSOE y del PP. ¡Lo ha dicho hasta Amat en su columna en El País!

De hecho, me atrevería a decir, que llegar a una amnistía sería un ideal bueno si partiera de una disposición de todos, incluidos los nacionalistas, a una convivencia buena pero sabemos que esta amnistía no busca la concordia sino que Pedro Sánchez gobierne a cualquier precio. Basta ver sus declaraciones antes del 23-J o después del 23-J. “¿Qué ha cambiado? Los resultados de las elecciones” Sánchez dixit.

Foto: Isabella García-Ramos

Llama la atención que una parte del votante de izquierda ha abandonado la bandera de la igualdad por diferentes banderas identitarias. Predomina el emotivismo. La política parece guiarse en muchos por un sentimiento de agravio, más o menos justificado, que es absolutizado. ¿Se siente usted agraviado? Ponga una política identitaria a su servicio. Como si nada nos fuera común. Todos humillados y ofendidos. Lo expresaba de forma genial Ricardo Dudda en una columna en El Mundo cuando decía que “En la política española contemporánea, los problemas son de izquierdas o de derechas”.

Al conversar con algunos amigos de izquierda me cuentan que no ven nada grave en las acciones de Sánchez a pesar de todas sus incoherencias (¡bastaría tirar de hemeroteca!). Les preocupa la agenda de políticas progresistas. Que se llega a pactos con PNV y Junts que no son precisamente izquierda progresista. Les da igual porque la política de la coalición les parece igualmente progresista. Sus intereses y preocupaciones no están en la amnistía, la unidad de la nación, la separación de poderes… sino que está preocupado por cuestiones como el feminismo, el medio ambiente, el trabajo… ¿Una sociedad individualista y emotivista no tiene la lente graduada para ver el bien común? A pesar de que esas supuestas políticas progresistas no han conseguido mitigar, más bien lo han agravado, muchas de las justas preocupaciones como, por ejemplo, la violencia contra las mujeres.

Luego está el perfil del socialista que vive gracias al “puestito” que ha conseguido por estar en el partido y que se juega el “pan”. Pero estos son estadísticamente menos. Hay un dato, que parece olvidado en la mayoría de los análisis y es el amplio apoyo conseguido por Sánchez. Sus votantes le apoyan… a pesar de todo.
En el otro lado de la moneda ¿De verdad alguien se cree que los nacionalistas se van a contentar con la amnistía y el referéndum… y un escolta? ¿Alguna vez se han contentado con algo? O ¿viven de la confrontación?

De los acuerdos de Sánchez con los nacionalistas me duele no solamente la desigualdad que genera a nivel económico (¡nos va a salir por un pastizal!), por la falta de independencia del poder judicial, porque no favorece la paz social sino que unos poderosos se vayan de rositas, porque esta tensión nos hace perder unas energías preciosas en temas que verdaderamente son importantes, también por la negación de una historia común. Me fastidia, sobre todo, el sentimiento que nos inspira a todos de ser más egoístas. De que a cada uno le interese sólo lo suyo y ya.
Por otra parte, el PSOE es una de las “patas” de nuestra democracia si se mueve hacía posiciones que pongan en duda algunas de las “columnas” de nuestra democracia: Monarquía, Poder Judicial con la separación de poderes… nuestra democracia puede sufrir una seria degeneración.
He leído con atención el editorial de este periódico y la respuesta de Puigvert, discrepo en algunos de sus enunciados, en el caso del escritor de la Vanguardia en su mayoría. Sin embargo, en el diálogo y amistad entre ellos encuentro una esperanza y una paz que no hallo incluso con personas con las que políticamente podría estar más de acuerdo. Este es el desafío mayor. Entender que no somos especies distintas que podemos entendernos y que sin el otro estamos peor. Me siento, a veces, sin fuerzas para reconocerlo por eso agradezco la carta de Puigvert.

 

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