Amanecer de un sueño

Cultura · Juan Orellana
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23 septiembre 2010
Con un abundante elenco de premios nos llega una película de sencilla puesta en escena pero de denso contenido humano, Amanecer de un sueño. Dirigida por el debutante Freddy Mas Franqueza, el film nos cuenta la historia de Marcel, un niño abandonado por su madre en manos de su abuelo. Cuando tiene veinte años, le llega la oportunidad de agradecer a su abuelo todo lo que este ha hecho por él. Héctor Alterio, Alberto Ferreiro, Mónica López, y el pequeño Sergio Padilla, componen un eficaz reparto que se gana la emotividad del público.

La película nos habla de los vínculos que convierten a un niño en hombre. Vínculos necesarios con un padre y una madre y que hoy están en serio peligro. La figura de los abuelos ha adquirido hoy un valor sustitutivo de los mismos, y no complementario como era lo natural hasta hace poco.  Marcel tiene que elegir entre "hacer su vida", opción legítima y actualmente exaltada, y aparcar sus proyectos para cuidar al anciano que ha hecho de su padre y de su madre durante doce años. Un anciano aquejado del mal del Alzheimer y con el que no se puede ya tener una relación normal. Frente a los caminos trillados del internamiento en una residencia, o de la solución final de la eutanasia, el film opta por la vía más sacrificada, pero más humana y correspondiente, de la acogida agradecida e incondicional. La prueba de que una relación así humaniza, es que lejos de cobijar odio y rencor hacia su madre desnaturalizada e irresponsable, Marcel  es capaz de buscarla y perdonarla. Amanecer de un sueño es un canto al amor familiar y a la dignidad del anciano y afirma que no hay dolor humano que no encuentre cura en el seno de un corazón acogedor.

El film tiene algunas imprecisiones propias del novato en el largometraje, pequeños defectos de concepción de algunas escenas, o de ritmo y dosificación del desarrollo dramático. Pero pesa mucho más la elegante emotividad de su puesta en escena, la seriedad con la que se trata a los personajes, y la huida de un final complaciente.

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