Al final habrá banco malo… a la italiana

España · PaginasDigital
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18 febrero 2016
Finalmente, Matteo Renzi no ha podido evitar la creación de un ´banco malo´, como sucedió en España en 2012. Eso sí, será ´al modo italiano´, en el sentido de que las entidades financieras no recibirán ayudas públicas. El desencadenante de todo esto ha sido la bajada continuada de las bolsas (entre ellas la italiana) durante la semana pasada y el hecho de que un banco concreto (la Banca Etruria) fuera declarado insolvente a pesar de haberse beneficiado de un decreto público llamado ´salvabancos´. El Primer Ministro italiano es plenamente consciente de que las numerosas inversiones que está intentando atraer para su país no tendrán ningún futuro si no hay un sector financiero detrás que sea plenamente solvente. Así que lo negociado por Padoan en Davos va a sufrir un importante acelerón porque Italia tiene que disipar cuanto antes las importantes sombras que existen sobre la fortaleza de sus sector bancario.

Lo primero que ha hecho el Gobierno italiano ha sido fijar los términos de la garantía publica sobre la cesión de activos considerados ´cuestionables´ al llamado ´banco malo´, que nacerá, por cierto, en unos meses. Para ayudar a que el proceso sea un éxito, el Gobierno ha aprobado unas normas que agilizarían la recuperación de crédito por parte de las entidades, además de poner en marcha la reforma de los bancos cooperativos más pequeños. Así, mientras los bancos considerados ´medianos´ siguen negociando para fusionarse (Renzi ya ha dejado claro por activa y por pasiva que las fusiones deben producirse de inmediato), un grupo de entidades locales se prepara a reunirse en un único ´holding´ (conjunto de empresas cuyo control lo ejercer el propietario de la mayor de ellas) con un capital mínimo de 1.000 millones de euros.

De esta manera, queda excluido del decreto el anunciado fondo de 100 millones para reembolsar a los pequeños ahorradores afectados por las quiebras de algunas entidades. La medida, por cierto, será presentada a través de un reglamento ministerial y por tanto se evitará un debate parlamentario que, con el ´bicameralismo imperfecto´ todavía funcionando, podría dilatar ´sine die´ la puesto en marcha de esta medida tan urgente.

Así, cada banco podrá crear su propia sociedad-vehículo con la que adquirir los créditos ´cuestionables´, y los titulizará para luego vendérselos a los inversores. La garantía publica, sin embargo, se aplicará solamente en los tramos considerados ´senior´, con el objetivo de dar a estos valores el ´grado de inversión´. En ese sentido, el Ejecutivo de Renzi no ha fijado límites sobre la cantidad de deuda que cada banco puede vender al banco malo: solo resultará necesario que tenga el citado  ´grado de inversión´. Por otra parte, el Gobierno impedirá que los bancos vendan sólo los créditos ´cuestionables´ de más calidad para quedarse con los activos ´tóxicos´ (es decir, los más difíciles de vender): para obtener la garantía publica sobre los tramos ´senior´, entonces los bancos tendrán que ceder por su cuenta por lo menos la mitad de los más delicados tramos denominados ´junior´.

En ese sentido, la garantía publica tendrá un coste que cada sociedad-vehículo pagará al Estado, dependiendo de los riesgos y de la duración de los valores. El precio irá en aumento con el paso del tiempo con dos objetivos fundamentales: considerar los mayores riesgos vinculados a una mayor duración de los créditos en el mercado y, al mismo tiempo, introducir en el esquema un ´fuerte incentivo´ para colocarlos velozmente.

En ese sentido, los créditos que podrían no ser reembolsados en su totalidad alcanzan, según el Banco de Italia, los 360.000 millones de euros, y la mayoría pertenecen a las empresas, como consecuencia una consecuencia de la larga recesión que ha afectado a la economía italiana desde 2011 hasta 2015.

La pregunta es cómo reaccionarán los inversores. En relación con ello, mientras los tramos ´junior´ parecen destinados a operadores especializados en activos ´tóxicos´ (en particular firmas de capital riesgo), los activos con garantía estatal, por tener el grado de inversión, podrán interesar también a inversores institucionales.

Pero no puede olvidarse la cuestión fundamental en toda esta operación: el coste para las entidades. Porque debe recordarse que el plan italiano no es un rescate bancario con inyección de dinero publico, sino que cada entidad participa voluntariamente y tiene que cargar con el coste de las perdidas ocasionada por la diferencia entre el valor y el precio de venta de estos activos. La realidad es que, con unos bancos italianos que, de media, tiene reservas para un nivel de cobertura inferior al 50%, el impacto sobre las cuentas será más que significativo.

Una posibilidad que, en vez de aliviar los problemas, amenaza con lastrar aún más la capitalización bursátil de las entidades italianas. Pero Renzi prefiere vender optimismo y asegura que la banca italiana ´no es la que más preocupa en el mundo´, cuando, fuera del Deutsche Bank alemán (del que tampoco se sabe realmente cómo está), en el conjunto del sistema bancario europeo son los bancos italianos los que muestran una situación más preocupante. El tiempo dirá si el optimismo de Renzi estaba fundado o era, sencillamente, simple ´humo´.

 

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