Agua para elefantes

Cultura · Juan Orellana
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5 mayo 2011
Francis Lawrence, director de films de éxito como Constantine o Soy leyenda, se decanta en esta ocasión por adaptar una novela romántica de Sara Gruen ambientada en el mundo del circo durante la Gran Depresión. Con un reparto encabezado por Robert Pattinson, seguido de Reese Witherspoon y Christoph Waltz, el argumento nos cuenta la historia del polaco Jacob, que tras la muerte de sus padres en un accidente, debe abandonar su carrera universitaria. Sin dinero ni casa se busca la vida y acaba de limpiador de estiércol en un circo, donde al menos encuentra un sitio para dormir y algo para comer. Allí se enamora de la artista estrella, Marlena, pero existe un pequeño inconveniente: es la mujer del dueño del circo, el perturbado August.

Este argumento del amor imposible, de la mujer abandonada que se casa con el hombre equivocado, y que luego aparece, siempre a destiempo, el amor de su vida, es algo tan viejo, no como el cine, sino como la literatura. Por tanto, estamos ante un guión muy clásico, pero bien trajeado, eficaz, con una buena dosificación dramática y emocional. Lawrence consigue una película correcta, no inolvidable, pero sí redonda y aseada. Es quizá un poco violenta en algunos momentos, pero en general es un film para público amplio. Los actores, sin mostrar demasiada versatilidad, no perjudican a la película, y los aspectos técnicos son ciertamente brillantes.

Este Titanic del mundo del circo, contado en flashback como aquel otro film, hace una defensa del amor verdadero y duradero, del sacrificio por el otro hasta poner en riesgo la propia vida; pero también consiente el adulterio, y está en la cuerda floja en temas como la venganza, la violencia y el fin que justifica los medios. Pero ciertamente hay una bella historia de redención, la de una mujer huérfana que encuentra finalmente la familia que le hará feliz hasta el lecho de su muerte.

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