Advertencias para el camino

España · PaginasDigital
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9 junio 2014
Cuando tomé la resolución de profundizar en la fe que profeso, y decidí empezar a caminar en su senda, me costaba creer las advertencias que algunos me hicieron, hablándome de los muchos obstáculos y caídas que me encontraría en la senda emprendida.

Cuando tomé la resolución de profundizar en la fe que profeso, y decidí empezar a caminar en su senda, me costaba creer las advertencias que algunos me hicieron, hablándome de los muchos obstáculos y caídas que me encontraría en la senda emprendida. Inicié el camino, con la energía de quien descubre de verdad a Dios en su vida, ese encuentro, que hizo cambiar todo el rumbo de mis acciones cotidianas. La decisión más importante jamás tomada por mí y que transformaría por completo todo mi ser.

Me advirtieron también que el trayecto sería largo y que debía proveerme de lo necesario para recorrerlo. Me asesoraron bien , pero yo  me dejé llevar por la creencia de mis propias fuerzas, confié en  el ardor y consuelo interior que suelen experimentar en sus primeros momentos aquellos que descubren a Dios. Me dejé llevar por la autosuficiencia y voluntarismo, ignorando que todo había sido un don recibido. Y consumí sin calcular distancias, todos los víveres de los que me aprovisioné . No supe repostar en las paradas que debí hacer cuando el cansancio me invadía,  llegó el momento de darse cuenta , que el ímpetu del principio se debilitaba , las fuerzas flaqueaban , la senda empezaba a ser rutinaria y tediosa, a veces con trayectos muy pedregosos. Los días oscuros dominaban a los luminosos , el temor y el desaliento  acosaban continuamente  el ardor que se me concedió.

Llegó la hora de la realidad, caer en la cuenta de que me fueron advertidas las dificultades del camino.  Sin alimento, sin reflexión, sin paradas para beber y  saciar la sed, sin examinar la ruta, sin orientaciones y  sintiendo soledad, era difícil continuar. Se acabaron los consuelos, aparecieron las desolaciones, el miedo a estar equivocado y el peso de la duda. La fe de verdad, empezaba a ser probada. El momento de creer, sin ver ni sentir. El instante de percibir y valorar, uno de los regalos más grandes que Dios nos ha concedido. Era el tiempo de la madurez espiritual.

Así es la fe, la que muchos no entienden, no soportan y abandonan . La que va a contra corriente, la que te aleja de los incrédulos, la que te causa problemas en el trabajo, en el barrio, en el colegio, incluso en la familia. Es la fe, la que en ocasiones, te asalta con dudas y preguntas. Por ella, el creyente es incomprendido, criticado, perseguido, ridiculizado. Pero… “Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe”. 1Jn.5,4.

Siempre me produce una gran alegría y consuelo, las palabras que Jesús dirigió a Santo Tomás: “Porque me has visto has creído, dichosos los que creerán sin haber visto” (Jn.19, 20-31). En esas palabras nos tuvo presentes, a todos los que un día de forma consciente le dirían: “Sí Creo´.

¡Fe! Una humilde palabra de dos letras, para algo tan grande. Empieza entonces todo. Encontrarse con el Amor, saber que está, que siempre nos acompañará. Él guiará todo nuestro obrar. Sentiremos el impulso de abrir de par en par nuestras puertas, para que ocupe por completo nuestra casa. Los temores irán desapareciendo, el gozo ocupará cada vez más espacio, y la oscuridad no logrará apagar la luz  que un día se nos entregó. Tenemos que pedir cada día al Señor, que seamos almas de Fe. Cómo dijo San Pablo : ´Llevamos un tesoro en vasijas de barro´ (2 Corintios 4:7)

En el momento de la Consagración, cuando el sacerdote eleva ya el Cuerpo y la Sangre de Cristo,  tras un acto de adoración, es cuando yo le digo a Jesús: “Señor aumenta mi fe, mi esperanza y mi caridad”. Es el momento en que me anuncia Su presencia. Pronto entrará en mi ser. Es la primera petición que necesito hacerle:´ Señor dame fe´. Que sepamos pedirla unos por otros, de forma especial, por aquellos que aún no la tienen.

´El hombre que tiene fe ha de estar preparado, no sólo a ser mártir, sino a ser un loco´.( Chesterton)

Siete en Familia

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