Adiós al sex symbol que quería ser distinto

Cultura · Paolo Vites
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27 diciembre 2016
El 26 de diciembre de 2015 moría Lemmy Kilmester, cantante y líder de los Motorhead. Se abría así, aunque entonces nadie podía imaginarlo, una serie de muertes “ilustres” en el mundo del rock y del pop que ha atravesado todo el año 2016, con un epílogo que llegaba justo un año después. Desde Bowie, a primeros de enero, pasando por Glenn Frey de los Eagles, a Greg Lake, Keith Emerson, Prince, Leonard Cohen, y ahora a los 53 años George Michael.

El 26 de diciembre de 2015 moría Lemmy Kilmester, cantante y líder de los Motorhead. Se abría así, aunque entonces nadie podía imaginarlo, una serie de muertes “ilustres” en el mundo del rock y del pop que ha atravesado todo el año 2016, con un epílogo que llegaba justo un año después. Desde Bowie, a primeros de enero, pasando por Glenn Frey de los Eagles, a Greg Lake, Keith Emerson, Prince, Leonard Cohen, y ahora a los 53 años George Michael.

Un año de lutos “duros” que si por un lado han visto la desaparición de personajes que tenían una cierta edad nos ha dejado atónitos por la juventud del que fue cantante de los Wham. Se habla de un infarto, pero tras las canciones despreocupadas y la imagen de una portada de revista de moda, en realidad muchos habían percibido un profundo sufrimiento que culminó con el paso de los años en una serie de escándalos y excesos. Desde el arresto en 1998 en un baño público de Beverly Hills, donde le hizo una proposición sexual a un policía, sin saber que lo era, cosa que le llevó a revelar su homosexualidad al ídolo de millones de jovencitas, seguido de varios incidentes por conducir bajo el efecto de estupefacientes y el consumo de alcohol. Detrás de la cara bonita y un físico espectacular, la habitual máscara del sufrimiento de quien no es capaz de gestionar su éxito ni su verdadera identidad.

Estuvo ingresado por causas que nunca se aclararon, al parecer una pulmonía, hace pocos años, lo que le obligó a interrumpir una gira. A partir de ahí casi vivía recluido, con pocos conciertos y pocos discos. Hasta morir la noche de Navidad. Algo irónico para quien compuso y llevó al primer puesto de las listas una de las canciones navideñas más famosas de la historia, “Last Christmas”.

George Michael fue amado por el público joven de los años 80 cuando era el cantante de Wham, uno de los muchos grupos adolescentes de aquella década, pero también el primer grupo occidental que actuó en la China comunista, probablemente porque resultaba “inocuo” a nivel de contenidos. Pero él era un cantante de altísimo nivel, y así lo demostró a lo largo de su carrera en solitario. Capaz de devolver la dignidad a la música pop y soul más rica en matices e intensidad, el dúo con Elton John en “Don`t let the sun goes down on me” durante el Live Aid de Wembley en 1985 lo consagró como un auténtico artista.

En realidad solo sacó cinco discos desde el primero en 1987, “Faith”, un debut que exalta ya desde la portada su imagen como sex symbol. En el siguiente, “Listen without prejudice vol. 1”, declaraba en el título su voluntad de ser tomado en serio como cantante y como autor. El de 1996, “Older”, demostraba su valía artística, empezando por la conmovedora “Jesus to a child”, dedicada a un amigo suyo brasileño, también músico, que había muerto a causa del Sida, Anselmo Feleppa. El disco tuvo un gran éxito y le consagró por fin ya no como artista juvenil sino maduro, autor de un soul sofisticado e intenso.

Después de una selección de versiones en 1999, “Songs from the last century”, llega en 2004 “Patience”, su último disco aparte de un live con la orquesta sinfónica en 2014, testigo de su última gira, que fue una operación ambiciosa y con mucha clase. Y nada más. En 2002 ya anunció que se quería retirar del mundo de la música, que definió como “una cultura juvenil y no una prueba de resistencia”. Para los que lo conocían de cerca, el consumo de marihuana fue su vía de escape para combatir una depresión cada vez más fuerte. También hubo que sumar un arresto por negarse a someterse a la prueba de alcoholemia después de un nuevo accidente, lo que le costó un mes de prisión.

Figura contradictoria, símbolo de la exaltación yuppie en los años 80 y 90, en cuyos videoclips aparecen mujeres bellísimas como objetos a disposición de la belleza del cantante, hasta llegar a la introspección e incapacidad para gestionar una fama demasiado grande, donde quedan como epitafio las palabras de una de sus canciones más hermosas: “sé que el cielo te ha mandado y el cielo te ha robado, me has sonreído, como sonríe Jesús a un niño”.

Con George Michael se cierra un año de grandes lutos en el mundo de la música y se cierra una época, la de la imagen, la de la ostentación del look y la falsedad de la que él probablemente intentó huir sin conseguirlo nunca del todo. Probablemente lo que acabó con él fue demasiada soledad, esa que siente quien aún no ha encontrado un punto fijo en el que apoyar su corazón.

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