Adèle y el misterio de la momia

Cultura · Víctor Alvarado
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24 septiembre 2010
Dada la escasa calidad de estrenos de este fin de semana, hemos optado por analizar Adéle y el misterio de la momia (2010). Una película destinada a un público supuestamente preadolescente, adolescente y juvenil.

La historia gira en torno a una aventurera y escritora, llamada Adèle Blanc-Sec, que viaja a Egipto para descubrir la tumba de Ramsés II, donde espera descubrir la momia del médico personal del faraón para que, al resucitar al mismo, éste recupere a la hermana de la protagonista, pues se encuentra postrada en una silla de ruedas.

La interpretación de la actriz Louise Bourgoin resulta un tanto insípida, mientras que la actuación de los secundarios es histriónica porque, quizás, estos personajes provienen del cómic de Jacques Tardi, que parece burlarse del género masculino y da la impresión de que el cineasta que realiza la adaptación hace bandera del feminismo radical, en la que Adéle no necesita del cariño de los hombres, considerándolos como seres simples y sin talento.

El director Luc Besson, conocido por positivos trabajos como Arthur y los Minimoys (2006) o el Quinto elemento (1997) y por negativas producciones como Juana de Arco (1999), en la que se planteaba el tema de la fe como un paranoia de la santa, regresa al género de la aventura basándose en populares cintas como El secreto de la pirámide o La momia (1999), aunque su final nos parece bastante original y divertido.

El realizador de este relato cinematográfico ha querido resaltar el valor de la ciencia como la única forma de hacer avanzar a la sociedad, pero sin olvidar que el amor hacia los demás es el motor que mueve la vida, como se puede observar en lo que hace para recuperar la salud de su querida hermana, un dato interesante para una película que proviene del mundo de los tebeos. Sin embargo, el director juega con un guión que busca atraer tanto al público infantil como a otro más adulto, mediante diálogos que los niños interpretan de una manera y los adultos de otra. De todas formas, resulta chocante e incoherente que, si está destinado para todos los públicos, aparezca un destape a la española por muy inocente que pueda parecer a los ojos de algunas personas, pues desentona si lo comparamos con el humor más blanco del resto de la historia.

Parece que el director juega a dos barajas. Por cierto, esta cinta carece del ritmo adecuado para enganchar suficiente y le falta un poco de chispa. Además, no alcanza el nivel de otras producciones de corte similar. Por otra parte, el realizador francés nos obsequia con su particular homenaje a E.T., el extraterreste (1980).

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