Acoso al Congreso

Acoso al Congreso, nihilismo festivo

España · José Andrés-Gallego
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25 abril 2013
Saber quiénes y por qué acosan a todo un Congreso de los Diputados es casi imposible. Cada cual puede tener -y tiene, sin duda- sus razones, y las de cada uno pueden ser contrarias a las de otros "acosadores". El abanico de probabilidades -por no decir certezas- es así de amplio: va desde la ira justa por las medidas financieras que han dejado a tantos españoles en la calle, hasta la de la protesta como actividad "lúdica" (galicismo que, reveladoramente, en buen castellano, es "lúdicra", con todo lo que tiene de cacofónica esta última palabra). Los gobernantes españoles, de acuerdo con los europeos -por fas o por nefas-, han afrontado la crisis sobre la base de salvar las inversiones de quienes capitalizaron la burbuja inmobiliaria (mayoritariamente, alemanes, además de españoles). A mi juicio, esa política es simplemente inmoral. Y lo es en dimensiones gravísimas que justifican sobradamente la protesta.
Que, al otro extremo, haya desocupados dispuestos a adueñarse de la calle por juego -incluso violento si hace al caso- no es un acto de justicia contra esa enorme injusticia. Es, en realidad, otra injusticia. Forma parte del "nihilismo festivo" que -también- nos ha abocado a la situación económica actual. No habría habido inversiones que se convierten en pura usura legal si no hubieran abundado tantísimo los consumidores de lo que no les hacía ninguna falta. Y, ahora, a falta de la posibilidad de divertirse consumiendo, uno se puede divertir acosando a Sus Señorías.
  Entre esos dos extremos, la diversidad de razones de cada cual puede ser y será, sin duda, gigantesca. Pero es la política del Gobierno la que hace posible la mezcla de razones incluso contrarias, capaces de reunir al señorito jaranero con el desahuciado. Y son los gobernantes, con su política, los que pueden deshacer la alianza. Les basta ser justos y dar muestras -gestos creíbles- de que los recortes los hacen, primero, en sus propias prebendas y sinecuras.
  Y decir la verdad. Si la política inmoral con que se ha afrontado la crisis -la defensa de los inversores- es una imposición de otros gobernantes europeos y no nos dejan otra salida, hay que decirlo así de claro. Es muy sencillo:
   "Queridos compatriotas, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y el que la hace la paga. Lo malo es que -además de pagarla-, los que nos han financiado el consumismo no han querido reconocer que hicieron una inversión y corrían el riesgo consiguiente, sino que nos han exigido que lo asumamos como deuda pública. Nos amenazan con empobrecernos, si no, todavía más.¿Hay quien tenga una solución mejor que agachar la cabeza?"

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