Aborto y elecciones. Reflexiones en el camino

Mundo · Jorge E. Traslosheros
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9 noviembre 2010
Hubo elecciones en Estados Unidos y en Brasil. El movimiento a favor de la vida se hizo presente, variopinto y heterogéneo como la sociedad civil de la cual ha nacido. Sin duda, como señaló Mary Ann Glendon, se trata de uno de los movimientos culturales más grandes de nuestro tiempo. Ha logrado penetrar en muchas conciencias porque toca el punto más delicado del debate cultural de hoy como es el valor que otorgamos a la vida del ser humano. Se ha logrado sin acceso real a los medios de comunicación y con gran parte de la prensa, académicos e intelectuales en contra. Ha sabido moverse a ras de suelo.

Después de varias décadas y millones de vidas destrozadas, hoy se comprende mejor que el aborto no es la tierra prometida de la liberación femenina, sino una trampa que sacrifica la vida de un ser humano y daña seriamente a la mujer, que desfigura las políticas públicas y fomenta el machismo que se alimenta de la irresponsabilidad del hombre con sus actos. El aborto no es un asunto de izquierda o de derecha como afirman sus promotores para trivializar el debate. Es un asunto de vida o muerte y esto, claro está, no conoce geometría política.

En Brasil la elección parecía cantada para Dilma Roussef, candidata del gobernante Partido del Trabajo. La presencia de una candidata ecologista, provida y líder de un movimiento evangélico complicó el panorama y el proceso se fue a segunda vuelta. Entonces, las posiciones abortistas de Roussef pesaron mucho ante una población que se decanta con fuerza en contra de la liberalización del aborto. Para arrojar lastre, la candidata tuvo que comprometerse a no promoverlo durante su mandato. Al final, ganó las elecciones.

En Estados Unidos el asunto es más claro todavía. Las razones por la cuales el Partido Demócrata perdió las elecciones son múltiples y algunas tienen que ver con la incapacidad para solucionar la crisis económica, pero no lo explica todo. Recordemos que uno de los asuntos más polémicos de la gestión de Obama fue su reforma del sistema de salud. Con miras a su aprobación, el presidente se había comprometido con sus cuarenta diputados pro-vida, con representante civiles y religiosos del movimiento, a dejar fuera de su proyecto el financiamiento del aborto con fondos federales. Al final, no respetó el acuerdo y echó por tierra el avance que en la última década había logrado el Partido Demócrata entre los movimientos civiles que defienden al concebido. Era parte de una estrategia que los demócratas veían necesaria ante la creciente simpatía que el movimiento por la vida ha ganado en la opinión pública. Perdió sesenta diputados, entre ellos no pocos lugares de quienes se dijeron pro-vida, pero que votaron por la reforma de Obama. La traición a sus convicciones les pasó factura.

En Brasil y en Estados Unidos, no cabe duda, los movimientos en defensa de la vida han influido en los procesos electorales. Esto es una buena noticia. La cultura que pone en el centro la vida y la dignidad de cada persona se abre camino. 

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