Entrevista a Nicolás Jouve, catedrático de Genética de la Universidad de Alcalá de Henares

Aborto: una reforma contra el deseo social

Mundo · Roberto de la Cruz
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18 marzo 2009
El catedrático de Genética Nicolás Jouve, uno de los principales impulsores del Manifiesto de Madrid, explica la oposición de más de mil reputadas personalidades del mundo de la ciencia a la inminente aprobación de una nueva regulación del aborto.

El documento que este martes han presentado supera ya las mil adhesiones por parte de personalidades de reputada autoridad intelectual. ¿A qué cree que se debe el que la iniciativa haya concitado tantas firmas?

Es evidente que el tema preocupa a muchas personas. No es cierto que la sociedad desee una nueva Ley del Aborto… y han provocado una reacción y un cierto desasosiego algunos de los aspectos de una reforma que, sin ser una necesidad social, asombra en los detalles anunciados por la propia ministra de Igualdad. Asuntos tales como calificar de fundamentalistas directamente a quienes se oponen a una reforma hacia una ley más radical y permisiva, la previsible negación de la objeción de conciencia, la apertura a un aborto sin causas hasta las 14 semanas o el hecho de que las niñas de 16-17 años puedan abortar sin el apoyo o la conformidad de sus padres son muy determinantes de esta reacción.

En el manifiesto se afirma que existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación. Se exige además una correcta interpretación de los datos de la ciencia en relación con la vida en todas sus etapas. ¿Por qué?

Es fundamental tener claro que la vida tiene un marco… Un inicio y un final. El inicio corresponde al momento en que origina el cigoto, que es la primera realidad corporal humana, que posee una información genética propia y distinta a la de la madre… y que depende de ésta para su supervivencia. Existe aún la creencia de que el embrión y el feto son parte de la madre, como algo que si se extirpa no pasa nada… Los datos de la Genética, Biología Celular y Embriología nos demuestran la individualidad del ser en crecimiento en el seno de la madre sin solución de continuidad desde el instante de la fecundación. Esto es algo que debe conocer la sociedad para juzgar con conocimiento de causa sobre la trascendencia de un acto tan cruel como es cortar el desarrollo de una vida humana. En el origen del manifiesto está por tanto de dar a conocer a la sociedad los datos de la ciencia sobre este extremo.

El escrito ironiza con eufemismos como IVE (Interrupción Voluntaria del Embarazo). Parece que al hablar de la vida se hace difícil llamar a las cosas por su nombre…

Muchos de los asuntos de índole discutible los tienden a resolver los políticos con eufemismos, logomaquia y terminologías alternativas. La interrupción voluntaria del embarazo es un claro ejemplo de cómo ocultar o suavizar la trascendencia moral del aborto, que no es sino la supresión voluntaria de la vida de un hijo. El hecho es lo que importa y con la terminología IVE parece soslayarse su trascendencia, ya que no es exactamente algo que se interrumpe y que por tanto se puede volver a activar, sino que es algo que se corta irreversiblemente, de forma voluntaria, eso sí. Lo de que se interrumpe un embarazo disimula que lo que ocurre es que se elimina una vida en gestación.

¿Qué piensa de los trabajos que se han desarrollado en el Congreso en la subcomisión sobre el aborto?

Si tuviera que juzgar sólo por lo que se ha deslizado a los medios de comunicación no podría decir casi nada… o repetiría los eslóganes interesados que intencionadamente se han deslizado a la prensa. Se han puesto sordina, y a un ritmo muy acelerado para evitar que llegaran a la opinión pública, muchas de las cuestiones planteadas por voces muy autorizadas de ginecólogos, médicos de otras especialidades, juristas, testimonios de madres arrepentidas de haber sufrido un aborto, etc. que no se han dado a conocer. Una subcomisión sesgada, predeterminada y sorda a lo que no deseaba tener en consideración. En ningún modo las conclusiones de la subcomisión representan una opinión pública generalizada y mucho menos una opinión pública cualificada.  

En las conclusiones sociales destacan que el aborto es una tragedia de la que las mujeres deberían conocer las secuelas psicológicas. Hablan también de la irresponsabilidad y la violencia que supone que una joven de 16 años decida sola. ¿Se están ocultando estas explicaciones? ¿Con qué propósito?

El consentimiento informado es una práctica obligatoria desde la Declaración de los Derechos Humanos y el tratado de Helsinki. Si el aborto es una intervención médica que supone nada menos que la muerte de un ser humano que no va a nacer… debe explicarse bien a la persona que se lo plantea el cómo y las secuelas. Decimos que en el aborto hay dos víctimas, el bebé que no llega a nacer y la madre, que sufrirá a diario las consecuencias de un acto cruel nada menos que contra la vida de su propio hijo. El cuadro psicopatológico conocido como "síndrome postaborto" es algo que no se les dice a las mujeres que se plantean el aborto. Su conocimiento es una obligación moral que no vemos reflejada en las conclusiones de la subcomisión… aun cuando en ello han incidido los especialistas que han comparecido en el Parlamento. Es evidente que el aborto es especialmente duro para una joven de 16-17 años, a quien se pretende privar de la presencia, del consejo y del apoyo de sus padres para tomar la decisión de seguir con el embarazo o abortar. Poner a una joven ante la tesitura de decidir sola a tan temprana edad es una irresponsabilidad y una forma clara de violencia contra la mujer.

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