¿A quién votar el 4-M?

Editorial · Páginas Digital
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3 mayo 2021
Este próximo martes se celebran unas elecciones en la Comunidad de Madrid que no habrían debido celebrarse.

El PP las convocó después de que el PSOE presentara una moción de censura y de que su socio de Gobierno, Ciudadanos, apoyara una operación similar con los socialistas para descabalgar al partido del Gobierno de Murcia. Ayuso quiso evitar la posibilidad de sufrir una moción similar. La presidenta de la Comunidad de Madrid, por otra parte, llevaba tiempo acariciando la idea de unas elecciones anticipadas que ampliaran su mayoría y le permitieran gobernar en solitario. La izquierda también las pilló con ganas. Sánchez ha creído que era la ocasión de vencer al PP, después de 26 años de gobiernos populares. Iglesias ha encontrado en ellas la ocasión para dar un extraño giro a su carrera política. Un giro entre la inmolación personal para salvar a Podemos y la inconsistencia política de quien no es capaz de estar más de un año en un Gobierno por lo “aburrido” que tiene la gestión.

Las inconvenientes elecciones en Madrid se han convertido así es una especie de comicios generales de “medio mandato”. La Comunidad de Madrid siempre marca la tendencia nacional.

Elecciones inoportunas en un momento en el que la pandemia no ha sido derrotada y en que la grave crisis económica requiere de todas las energías disponibles. Pero nuestros políticos están obsesionados por acortar los tiempos entre unas urnas y otras urnas y están molestos con hacer su tarea mediante las mayorías posibles. Elecciones inoportunas a las que ha seguido una campaña distanciada de las necesidades reales de los ciudadanos. Pero en esta campaña no se ha debatido nada concreto, no se ha debatido, por ejemplo, cómo utilizar las competencias autonómicas. Los mensajes los han dictado las fuerzas más polarizadas, que para movilizar el voto han creado mundos imaginarios. Toda la izquierda se ha visto arrastrada por el supuesto antifascismo de Iglesias que tenía que oponerse al fascismo de los partidos de la derecha, de algunos jueces y periodistas. Hizo mal Ayuso al hablar de elegir entre comunismo y libertad. El comunismo a la española, hasta que llegó Iglesias, era el PCE y su estrategia de reconciliación nacional de 1950, era el PCE que hizo posible la transición. Sea lo que sea Iglesias no representa el comunismo español. Hizo bien Ayuso al hablar de libertad, habría que haber discutido qué significaba esa gran palabra en este momento.

Y ahora hay que votar. Las elecciones siempre van de posibles gobiernos. Hay veces que se vota para que gobierne cierto candidato y ciertos partidos, hay veces que se vota para que no gobierne una determinada persona o una determinada sigla. Pocas veces se vota por una plena comunión con lo que representa una papeleta. Votar este martes en la Comunidad de Madrid a cualquiera de los tres partidos de la izquierda significa optar por la formación de un Gobierno regional similar al de Sánchez, con todo lo que supone. Gabilondo es un candidato que, en otras circunstancias, podría representar un PSOE moderado y centrado, incluso dispuesto a llegar a acuerdos con el PP. Gabilondo podría representar una socialdemocracia a la alemana. Pero la campaña ha ratificado que la autonomía del candidato socialista, por desgracia, no existe.

Para no votar a favor de un Gobierno como el de Sánchez en la Comunidad de Madrid hay tres opciones. Optar por una de las tres no obliga al votante a someterse al “sesgo de justificación”, es decir, a identificarse con lo que supone la formación por la que ha optado.

Ayuso ha insistido durante la campaña en ser la que mejor ha gestionado la pandemia por no haber cerrado bares y comercios, ha presumido de hacer la política económica más exitosa y de fomentar la libertad de educación. La presidenta de la Comunidad de Madrid siempre se ha negado a reconocer lo evidente: en la primera ola los hospitales de la Comunidad Autónoma quedaron desbordados. Es complejo establecer relaciones de causa-efecto entre la política sanitaria de los gobiernos populares y los estragos del virus, pero hubiera sido conveniente que hubiera reconocido la verdad. El orgullo por la política de apertura comercial y de convivencia con el virus es cuestionable cuando la Comunidad de Madrid es una de las que, sistemáticamente, más tasa de incidencia muestra. Es lógico que el simplismo y el punto de populismo de Ayuso afecte a ciertas sensibilidades. La Comunidad de Madrid se ha convertido en la región con una de las economías más dinámicas de España, por las desastrosas políticas aplicadas en Cataluña, por las políticas del PP y, sobre todo, por el dinamismo de los sujetos sociales. Pero la Comunidad de Madrid es también, con diferencia, una de las regiones de España con más desigualdad social. Los jóvenes no tienen, por ejemplo, más facilidad para acceder a una vivienda. El modelo tiene elementos positivos y algunos negativos. El PP ha favorecido claramente la libertad de elección de centro, lo que supone un factor esencial para quien no sea partidario del estatalismo en la enseñanza. La marca del partido sigue afectada por los casos de corrupción pendientes de juicio.

Antes de que comenzara la campaña era posible dudar de que Ciudadanos, en caso de obtener representación, fuera un freno para un gobierno PSOE-Podemos-Mas Madrid. Ahora parece que los naranjas han aprendido que caer del lado de los socialistas, como hicieron en Murcia, no es una buena idea. Pero quizás es demasiado tarde. Edmundo Bal ha hecho una campaña interesante, intentado romper en todo momento la polarización, mostrando lo mucho que teóricamente puede hacer un partido de centro. Tendría que haber llegado antes de que Arrimadas apoyara la moción de censura en Murcia. Desgraciadamente solo hay un 20 por ciento de posibilidades de que Ciudadanos logre representación parlamentaria. El partido más necesario es el partido imposible.

Votar a Vox supone sin duda votar por que no haya un gobierno como el de Sánchez. Vox no es un partido fascista. Pero ya hemos visto en esta campaña lo que implica: retroalimentación de los extremos, estigmatización de los migrantes más indefensos.

El 4-M exige de todos ejercer nuestra responsabilidad concreta: decidir, en conciencia, cuál de las opciones es la que más elementos decisivos contiene para hacer posible el bien común.

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