¿A qué esperas?

Cultura · Cristian Serrano
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20 enero 2013
Cansado de esperar y esperar algo nuevo y bueno de ti, cansado de tu indiferencia, y sin ganas de escribir para ti ni una sola línea más hoy me quitaré la máscara y confesaré la verdad.

Ante el run run y la rumorología que convive hoy como si de tus calcetines se tratasen querido Ricardo, siento decirte pero no aguanto más. Apoyarte bien sea en público o en privado se ha vuelto en una sinrazón ya no me quedan argumentos. Desde que te vi saltar al campo la última vez cual paseante por la playa, supe en ese instante saber mucho sobre ti.

Kaka es el tipo de persona que no cae mal a nadie pero quien del Madrid ha cogido desde la mano hasta el codo.

El 9 de junio de 2009 Florentino Pérez se equivocó como se sigue equivocando hoy. Ese día y después de haber tenido toda la noche rezando a sus admiradores a las puertas de su hogar, Kaka hacía las maletas. Cambiaba Madrid por Milán, un buen cambio por cierto.

¡Ha llegado el jugón! Decían los principales periódicos deportivos en España. Fue el primero de la bandada de nuevos galácticos que iban a hacer del equipo de Chamartín un tsunami futbolístico. Ante algo más de media entrada y con un Florentino Pérez conmovido por verle de blanco Ricardo Kaka era presentado. La alegría predominaba, Floren lo pensaba con la cabeza y con el corazón: ¡ya está aquí, es nuestro! Pero aquel a quien tanto buscaban le faltaba aquello para lo que había sido contratado: la magia de su juego.

El cuarto fichaje más caro de la historia ha sido una decepción. No seré yo quien busque la culpa pero en este caso la dupla Kaka-Florentino ha sido un polvorín del que no entiendo no se haya convertido en una hogera de san Antón. Quizás sea la simpatía y ese buenismo que caracteriza al brasileño. Simpático y buenecito pero con la cartera llena.

La primera ruptura Kaka-madridismo se produce cuando llamado a liderar al club blanco en España y Europa, el Madrid cae eliminado por sexta vez consecutiva en los octavos de la Champions. Al poco tiempo la pulbalgia le impide jugar a pleno rendimiento y esto hace que su futbol comience a desaparecer. En 2010 quiso arriesgar el futuro de su vida futbolística y le salió a un precio muy caro. Quería estar en el mundial con Brasil sabiendo que una rodilla no le funcionaba, es decir, jugó con una sola pierna.

Así comenzó su segunda temporada sin futbol, en solitario y cambiando el césped y las botas por parqué y zapatillas.

 Así es la libertad del hombre, él la uso mal. Quien te paga es el club no la selección por muy grande que sea tu deseo no puedes traicionar de tal modo.

Desde entonces jamás se supo más del brasileño que sufrió un accidente cuando dio un salto desde un trampolín donde se fracturó una vértebra y llegó a ser balón de oro.

Cercanos ya los cuatro años desde su llegada, solo puedo desearle buena suerte lejos del Bernabeu. La última razón que me da es su tonta expulsión en Pamplona, después de un larguísimo paso por el desierto futbolístico que le acompaña desde su llegada a Madrid.

Ya solo va a ser un malvender así que más vale pronto que tarde ruego a Florentino, Kaka salga del Madrid.

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