¡A Dios le pido!

Mundo · Venezuela Actual
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21 abril 2008
Risas y abrazos en la reunión del Grupo de Río celebrada hace poco tiempo en República Dominicana, que ayudó a bajar el nivel de tensión entre Ecuador, Colombia y Venezuela, pero el conflicto de fondo existe. Si Chávez guardara un minuto de silencio por todos los venezolanos víctimas de la violencia en Venezuela cada año, como lo hizo por el líder de las FARC, tendría que estar callado casi medio día por año.

Estas semanas hemos sido testigos de un hecho sin precedentes en la diplomacia y política de nuestra región. El presidente Uribe, quien fue detonante del conflicto con la evidente violación del territorio ecuatoriano, hecho por demás repudiado por todos, se encontró en una encerrona muy violenta frente a varios de los presidentes, liderados por Chávez y Correa (incomprensible, pues en primera instancia es un conflicto entre Ecuador y Colombia y no podía sentirse más agraviado Chávez que Correa), secundados por sus amigos Ortega y, esta vez en menor medida, Morales. A pesar de que Chávez insistió en un agravio que según él debía dar pie a una guerra, tanto en la OEA como en la cumbre del Grupo de Río primó, de manera misteriosa para muchos, la razón y al final se dio espacio para la paz y el diálogo.

¿Quien puede creer que Chávez, que hizo un minuto de silencio por la muerte del guerrillero Reyes unos días antes y que se ha reconocido camarada de la guerrilla esté a favor de la paz y de la cooperación entre países para eliminar este flagelo? La retirada de la postura radical (por ahora) de Chávez en la cumbre de Río fue un golpe bajo para Correa, y una falsa demostración de buscar la paz. Ojalá el presidente se dedicara a buscar la paz en nuestro país, donde han muerto 150.000 personas desde que está en el poder. Lo que Chávez busca siempre es el conflicto, no puede vivir sin él. Es la manera de mantener replegadas sus filas y tener un objetivo claro: el desgobierno como forma de gobierno, para guiar la atención no a las cuestiones básicas que afectan al país sino a una causa externa que aglutine las voluntades en torno a un mal entendido nacionalismo.

Es de resaltar el viraje en las conversaciones durante la cumbre del Grupo de Río y la habilidad del presidente dominicano, llamando a la reconciliación, y luego el discurso de Uribe, que abrió el juego para bajar la tensión pero sin abandonar su posición de condenar la violencia en su país. Es de notar que el presidente de Colombia comienza reconociéndose cristiano y ratificando a la Iglesia colombiana como el único mediador humanitario que reconoce. Este hecho que no llegó a los titulares es determinante y hay que profundizarlo, porque, más allá de las fronteras geográficas y de un nacionalismo sentimental, lo que fundamenta de manera importante toda nuestra historia y cultura comunes es justamente la tradición católica de nuestros pueblos. Éste es un factor de unidad que va al fondo de la experiencia de cada persona y que supera cualquier ideología, que al final siempre se convierte en violencia.

Pero más allá de este conflicto, estamos frente a dos gobiernos con concepciones políticas antagónicas. En Colombia somos testigos de una cultura del trabajo, una riqueza de obras que parten de la sociedad misma y que tienen sus orígenes en sindicatos, asociaciones gremiales, parroquias, es decir, de la misma vida del pueblo. En los gobiernos de Uribe, Colombia se ha desarrollado de una manera importante, mostrando los mayores índices de crecimiento en el continente. Esto ha sido posible porque él ha intentado llevar la estabilidad al país y despejar las zonas que eran presas del terror, pero ante todo ha favorecido la participación de la sociedad.

Por otro lado vemos, en menor medida, en Ecuador, Bolivia y Nicaragua, pero en su máxima expresión en Venezuela, un modelo que quiere meter todas las iniciativas de la sociedad dentro de un modelo ideológico. A pesar de los esfuerzos de la personas, todo tiene que estar pintado de rojo: cooperativas bolivarianas, empresas socialistas, centros culturales en honor al Che Guevara, etc. La sociedad al servicio del Estado, y al final del partido (PSUV – Partido Socialista Único de Venezuela).

Como corolario a la comparación de estos dos antagonismos, es claro que la política debe entenderse y ejercerse como una manera de hacer el bien común, no como un mecanismo de imposición de una ideología. En relación a esto, recientemente en Venezuela se ha elegido la directiva del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) en base a una lista hecha por el presidente. ¡Qué ejemplo de democracia! Lo sorprendente es que, a pesar de esto, no han salido elegidos sus candidatos favoritos, además de la exclusión a priori de grupos dentro del chavismo que no pudieron participar. ¿Será posible que se esté gestando una revolución dentro de la revolución? Los aires que se respiran no son precisamente de unidad.

Todo este movimiento dentro del chavismo se da de cara a las elecciones de gobernadores y alcaldes del próximo mes de noviembre, donde lucen desfigurados y con una guerra interna a muerte. Nos sorprende gratamente, por otra parte, que la oposición, no sin dificultades, siga el camino de la unidad y esté firme en las candidaturas únicas frente al proceso electoral. Esto sería un gran paso de madurez política y esperamos que así sea.

Dentro de todo este clima, los resultados de la revolución se evidencian cada vez más como políticas improvisadas en todos los campos, y sus frutos son la inflación desatada, la escasez de alimentos, la acentuación de la inseguridad, y más recientemente la imposición de un modelo educativo bolivariano y zamorano que todavía ni ellos mismos entienden.

"Quítenme todo, pero nunca la libertad de educación", decía un gran padre. En este momento dramático de nuestra historia estamos llamados a educarnos, a introducirnos en toda la realidad; a saber leer los acontecimientos, siendo realistas pero sin temores, no dejándonos llevar por el camino de la confrontación, la dialéctica estéril y la distracción a la que el poder quiere llevarnos. La educación para nosotros pasa por toda la vida y se manifiesta de manera ejemplar en las obras que construimos: colegios, empresas, centros culturales, asociaciones, diversas formas que parten de las necesidades que tenemos y la creatividad de personas que dicen "yo", que son verdaderamente libres hasta en la circunstancia más represiva y dolorosa.

A Dios le pido fue el tema con el que Juanes inició su intervención en el concierto "Paz sin fronteras" realizado este fin de semana en el puente fronterizo que une a Venezuela y Colombia. Más allá de todo el show mediático y sin ser fan del conocido cantautor colombiano, no se puede ser indiferente a la cantidad de gente que participó y lo que ha representado este gesto de paz y hermandad. Tanto Juanes, quien ha sido el organizador del concierto, como el resto de artistas de varios países han hecho lo que mejor saben a favor de la paz: cantar. Y era el mismo Juanes quien hacia un llamado a reconocer por parte de los políticos el valor de la sociedad. Ésta es una llamada clara para que todos, desde el trabajo que nos toque a cada uno, seamos fieles a las tradiciones que unen nuestros pueblos y se pueda alcanzar la paz en nuestra tierra. Y siempre pidiéndole a Dios, porque sólo Él es quien puede dar la verdadera paz, tomamos el título de la canción para hacerla de todos en esta semana santa: a Dios le pido.

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