HISTORIA: UNA VENTANA AL PASADO

SUDÁFRICA (III): Un nuevo inicio

España · PaginasDigital
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23 diciembre 2013
A través del desierto, la búsqueda de una tierra prometida de la existencia humana: años y años de apartheid habían fomentado un resentimiento mutuo entre la minoría afrikáner y la mayoría negra. Parecía imposible; y, sin embargo, se produjo un nuevo inicio: el perdón y la búsqueda de la Verdad, sin ajustes de cuentas, han hecho posible que Sudáfrica volviera a empezar de nuevo. Nelson Mandela, el arzobispo anglicano Desmond Tutu, Denis Hurley (arzobispo católico de Durban)...y muchos otros rostros anónimos abrieron el horizonte a una nueva Sudáfrica. La Comisión para la Verdad y la Reconciliación fue el punto de partida.

A través del desierto, la búsqueda de una tierra prometida de la existencia humana: años y años de apartheid habían fomentado un resentimiento mutuo entre la minoría afrikáner y la mayoría negra. Parecía imposible; y, sin embargo, se produjo un nuevo inicio: el perdón y la búsqueda de la Verdad, sin ajustes de cuentas, han hecho posible que Sudáfrica volviera a empezar de nuevo. Nelson Mandela, el arzobispo anglicano Desmond Tutu, Denis Hurley (arzobispo católico de Durban)…y muchos otros rostros anónimos abrieron el horizonte a una nueva Sudáfrica. La Comisión para la Verdad y la Reconciliación fue el punto de partida. Se cierra aquí el horizonte de este trabajo, coincidiendo, además, con la muerte del presidente Mandela.

III. LA RECONCILIACIÓN:

La Comisión para la Verdad y la Reconciliación .  Los movimientos de liberación pedían justicia contra el régimen del apartheid y la derogación de toda la legislación anterior. Mientras que, por parte del Gobierno, se apelaba a un sistema federal y al “pasar página”. Ello hizo que las negociaciones entre el CNA y el Partido Nacional se alargasen. El proceso se fue desbloqueando y la población blanca hizo concesiones: renunció al poder político a cambio de mantener el poder económico.

En la Convención para la Sudáfrica Democrática (CODESA), se previó la creación de una Comisión para la Verdad y la Reconciliación con el objeto de avanzar en la reconciliación y reconstrucción del país. En ella, se contemplaba la amnistía en relación con todo acto u ofensa pasada asociada a motivos políticos . Aparecía, así, como solución de compromiso y complemento necesario a la Constitución interina, reuniendo el mayor número de testimonios y evitando el victimismo y la indiferencia al sufrimiento de los afectados por el sistema racial.

Con la llegada al poder de Nelson Mandela, se creó la Promotion of National Unity and Reconciliation Act (1995), que estableció la Comisión, presidida por el premio Nobel de la Paz, Desmond Tutu. Ello fue el reflejo de una voluntad política de reconciliación, alentada por diversos sectores de la sociedad civil e impulsada por Mandela. Siendo conscientes de que una interpretación calvinista de la Biblia había constituido la legitimación del apartheid, la Comisión también reconoció el papel de las distintas confesiones religiosas en el proceso de lucha contra el mismo. El reconocimiento de la minoría blanca fue otra contribución a la reconciliación del país.

Contra lo que pueda pensarse, la amnistía no se concedió de forma indiscriminada. Su concesión o denegación estaba en función de cada candidato. El Comité de Amnistías decidía si los hechos imputados eran más por razones políticas o si lo eran por razones criminales. Si eran por razones criminales, no había amnistía. Este punto fue muy polémico y causó división en la sociedad sudafricana. Además, algunas de estas decisiones fueron anuladas por la Corte Suprema de Sudáfrica. Como dato, es interesante destacar que las amnistías se concedían con bastante celeridad a un 10% del nº de demandas que se presentaban (unas 7.000). Tras un arduo trabajo. el informe final de la Comisión se presentó públicamente y se puso a disposición de los ciudadanos.

El proceso sudafricano ha sido considerado por muchos como un ejemplo de transición a la democracia, a lo que coadyuvó la Comisión para la Verdad y la Reconciliación, que ha visto pasar más de 20.000 víctimas y más de 7.000 responsables de violaciones de derechos humanos y representantes de los distintos sectores de la sociedad que el Estado escogió para dirigir el país. Con el informe de la Comisión, no se cierra moralmente el apartheid, aunque sí se hace posible un ideal de reconciliación mirando a la verdad cara  a cara, lo que supone mejorar ciertos elementos, como la legitimidad de las instituciones, la capacidad de crear relaciones políticas y cívicas entre los distintos grupos, el diálogo interracial y asumir el pasado.

Aún queda mucho por hacer, aunque una encuesta de 2001 señalaba que la mayoría de la población negra aprobaba la labor de la Comisión (más del 75%), mientras que sólo lo aprobaba un 35% de los blancos. En 2003, el 70% de la población blanca reconocía que el apartheid era un crimen contra la Humanidad y el 77% de los sudafricanos opta por mirar al futuro y dejar atrás el pasado. No obstante, la percepción positiva de la población negra respecto al trabajo de la Comisión está disminuyendo de forma preocupante en los últimos años. A pesar del fin del apartheid, millones de sudafricanos negros continúan actualmente viviendo en la pobreza, en parte a causa de los problemas heredados del régimen anterior y también a que la transición fue gestionada casi exclusivamente por los miembros del gobierno saliente. La política de vivienda llevada a cabo por el CNA ha producido alguna mejora en las condiciones de vida en muchas regiones, si bien la desigualdad entre las distintas clases sociales es todavía muy grande, comparada con los estándares occidentales.

Siendo la economía diversificada, se está implantando una gran reforma agraria para aliviar la tensión social y las desigualdades raciales: la devolución de tierras por parte de los blancos a los negros, a los cuales se las arrebataron en la época colonial (cerca de un 80% de las tierras cultivables aún están en manos de los blancos). La reforma podría llevar a que la impaciencia de la población negra por tener tierras puede incrementar el riesgo de que se repita la desastrosa reforma agraria realizada en la vecina Zimbabwe, que arruinó la agricultura y causó una terrible hambruna en ese país.

El futuro de Sudáfrica no está claro: a pesar de que se le considera una potencia emergente, junto a Brasil, China, Rusia e India, los problemas internos son acuciantes: la elevada criminalidad (50.000 homicidios por año, proporcionalmente, 8 veces más que en EE. UU.) y la nueva legislación creada por el CNA, que prohíbe a los blancos ocupar numerosos puestos de trabajo, ahora reservados a los negros, están empujando a miles de blancos a abandonar el país. Desde el fin del Apartheid en 1994 hasta la actualidad ya han emigrado casi un millón de blancos. Ello y la sensación de que el CNA no ha sabido gobernar bien el estado agravan más la situación.

El ascendiente moral de Mandela, en todo caso, sigue teniendo un gran peso: el convencimiento de que, para construir el país, todos son necesarios y se requiere el entendimiento mutuo sigue estando presente, aunque faltan por eliminar las desigualdades económicas. No obstante, el riesgo de un ajuste de cuentas de la población negra con la población blanca podría estropear algunos logros conseguidos con la abolición de un régimen que ha causado sufrimiento, pero que también ha supuesto la movilización de una sociedad civil que no se ha resignado al statu quo.

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