Rescátame de la nada: un retrato contenido de Bruce Springsteen

En los últimos años han pasado por las salas multitud de biopics musicales. El éxito de Bohemian Rhapsody en 2018, premiada con cuatro Óscar, abrió la veda y, desde entonces, se han estrenado biopics de Elton John, Elvis Presley, Whitney Houston, Bob Marley, Michael Jackson y Bob Dylan, entre otros.
Deliver Me From Nowhere, el biopic de Bruce Springsteen estrenado el pasado octubre, sigue esta tendencia de la industria, pero propone una nueva forma de narrar la vida de un artista: apuesta por centrarse en un momento clave de su trayectoria y deja de lado el modelo narrativo clásico que suelen seguir otras producciones del género: 1) ascenso a la fama; 2) caída a los «infiernos»; 3) regreso épico. Su discreto paso por las galas de premios no hace justicia a una obra tan cuidada como íntima.
El guión de Scott Cooper (Corazón Rebelde, Hostiles) se desarrolla en dos momentos temporales. El principal es a principios de los 80, recién acabada la gira de The River, que ha catapultado al artista a la cima de su carrera, cuando empieza la composición y grabación del álbum Nebraska. El otro lo vivimos solo a través de flashbacks de la infancia de Bruce, en escenas de una gran carga emocional que nos muestran la relación con su padre alcohólico, un aspecto de su vida que revisitará durante la composición del álbum, pero del que había estado huyendo toda su vida.

NEW YORK, NEW YORK – SEPTEMBER 28: Bruce Springsteen performs onstage during the New York Film Festival Spotlight Gala at Alice Tully Hall on September 28, 2025 in New York, New York. (Photo by Kevin Mazur/Getty Images for 20th Century Studios)
La selección del reparto es un gran acierto y sigue la línea del resto de decisiones en la producción de la película, que apuesta por Jeremy Allen White como protagonista. White nos regala, una vez más, una interpretación minuciosa y creíble, continuando la senda marcada por su papel en The Bear. El personaje de Bruce presenta un perfil psicológico similar al de Carmy, el personaje que le valió tres Globos de Oro (2023, 2024 y 2025) y una nominación en 2026, siendo ambos jóvenes adultos que deben enfrentarse a los fantasmas de su pasado.
El resto del elenco tampoco defrauda. Jeremy Strong (Jon Landau, el agente de Bruce) alterna con brillantez momentos de serenidad y preocupación con otros más emocionales, con unas apariciones cada vez más brillantes conforme se acerca el final. Stephen Graham, que interpreta al padre de Bruce, no tiene el papel más complejo, pero lo lleva a cabo siempre rozando la perfección.
A Odessa Young, en cambio, se le asignó un personaje ficticio, Faye, la novia de Bruce, que cumple su función dentro de la simplificación del guión (englobando varias conversaciones, relaciones y dinámicas del Bruce real y simplificando la historia), pero deja una historia romántica demasiado cliché, cuyo sentido apenas se percibe hasta la última conversación que comparte la pareja.
Y es ese precisamente el único pero que se me ocurre a un guión brillante. La amistad entre Bruce y Jon Landau es profundamente sincera y la gestión de Jon de la presión por parte de la discográfica no hace más que avalarla, así como las cortas conversaciones que mantiene con su mujer, siendo siempre el estado psicológico de Bruce la causa de su preocupación. Los diálogos son adultos, realistas, a la par que profundos, y no se dice una sola palabra en vano. Otros personajes como Matty (Harrison Sloan Gilbertson), Mike (Paul Walter Hauser) y Al Teller (David Krumholtz) siguen la composición de un guión deliberadamente simple pero profundo.
La sensación que deja la película durante sus 119 minutos es la de un domingo por la tarde. Bien podría haberme limitado a escribir esa última frase y evitar así redactar toda una reseña, porque es la mejor manera que encuentro de definirla. Tiene la profundidad de una conversación con un buen amigo frente a un café, no la sinceridad desordenada ni la torpeza expresiva de una verborrea de borrachos. Uno se conmueve al ver a Bruce.
Los espacios están igual de cuidados que la iluminación y ambos separan claramente los flashbacks de la historia principal. La casa en la que Bruce graba Nebraska ya habla por sí sola: vemos una casa grande, con paredes blancas y detalles en madera, prácticamente sin decorar, lo que nos permite entender que el protagonista llega prácticamente sin equipaje. Su estilo cincuentero y sus enormes ventanales dejan postales tan nostálgicas como el disco que Bruce compone en su salón. La paleta de colores me recuerda a Jeff Wall, en particular a Morning Cleaning, Mies van der Rohe Foundation, Barcelona, por la forma en que la luz fría y los tonos neutros transforman lo cotidiano en una imagen casi escenográfica. Las escenas del pasado, grabadas en blanco y negro, mantienen una iluminación sencilla y elegante.

Jeremy Allen White as Bruce Springsteen in 20th Century Studios’ DELIVER ME FROM NOWHERE. Photo by Macall Polay © 2025 20th Century Studios. All Rights Reserved.
Por concluir, y pido disculpas por la reiteración, lo mejor del guión y de su interpretación es que resultan creíbles, que los dilemas y la forma en que los personajes los enfrentan recuerdan a personas cercanas, si no a uno mismo. La ambientación completa el dibujo de un drama profundo pero no lacrimógeno, y deja un regusto reflexivo, pero no necesariamente triste.
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