Taylor, por lo que más quieras, cásate

Editorial · Fernando de Haro
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8 febrero 2026
¿Por qué los jóvenes son ahora más impermeables al hecho del enamoramiento? En las relaciones afectivas predomina el miedo a situaciones impredecibles, el miedo a equivocarse, a sufrir daño.

Estamos inquietos por la boda del año. Taylor Swift nos tiene en ascuas por su boda con Travis Kelce. En un mundo dominado por los conflictos, los populismos y la desorientación que supone no comprender bien lo que pasa, una boda es una boda. O eso parece. El compromiso de la cantautora con el jugador de fútbol americano se anunció el verano pasado y el matrimonio, en principio, se va a celebrar el próximo mes de junio. Algunas crónicas nos han inquietado al hablar de que a uno o a los dos les han surgido dudas por razones profesionales o emocionales.

No es extraño. A las grandes estrellas les pasa lo mismo que a la gente normal. De pronto irrumpe un hecho en tu vida, una mujer como Taylor Swift, y empiezas a pensar de otro modo. Te enamoras y comienzas a usar la razón de un modo diferente. La carrera profesional sigue siendo importante, pero dejas de hacer elucubraciones para imaginar y para construir una vida que merezca la pena, una vida feliz. El consuelo, la compañía, el descanso, la lucha, la anchura del mundo, el deseo de ser útil, la justicia…  todo tiene el color de sus canciones. No sabemos por qué Taylor o Travis han dudado, ni siquiera sabemos si realmente han dudado, o si todo es marketing. Pero conocemos bien, porque la experimentamos, la resistencia a dejarnos invadir por los Taylor o los Travis que aparecen en nuestra vida. Conocemos la resistencia a dejar de imaginar, en abstracto, buenas canciones para cantar la que está sonando: la canción de una historia singular.

Es un modo de reaccionar que se ha convertido, cada vez más, en un filtro que afecta mucho a las relaciones afectivas. Filtro para no dejarnos tocar por los hechos, filtro para que los hechos, si suceden, no cambien nuestro modo de pensar y de sentir. Más que un filtro es una epidemia.

Hace un año el Survey Center on American Life publicaba un estudio en el que señalaba que la mayoría de los hombres (57%) sin pareja y la mayoría de las mujeres (54%) en la misma situación eran pesimistas respecto a la posibilidad de encontrar a una persona con la que ser felices. Si consideras poco probable que esa persona aparezca, cuando llega no la reconoces.

¿Por qué los jóvenes son ahora más impermeables al hecho del enamoramiento? ¿Por qué somos todos más impermeables, en general, en este siglo XXI, a los hechos? Modern Romace es el título de un libro que publicaron hace diez años el cómico Aziz Ansari y el sociólogo Eric Klinenberg. Sostenían que la tecnología ha cambiado el modo de relacionarnos y eso favorece el “pensamiento analítico”. Solemos preguntarnos cuál de todas las personas con las que nos relacionamos será mi Taylor o mi Travis sin dejarnos arrastrar por la que singularmente nos atrae. Y así la búsqueda de la pareja perfecta no concluye nunca. La atracción es sospechosa.

Jean M.Twenge es una psicóloga estadounidense que ha estudiado la diferencia entre las generaciones en Estados Unidos. Y sostiene que, en este momento, para los más jóvenes, la prioridad es la seguridad, la seguridad física pero también la emocional y social. Por eso en las relaciones afectivas predomina el miedo a situaciones impredecibles, el miedo a equivocarse, a sufrir daño. Todo eso hace difícil implicarse en la que no está todo claro desde el principio. Y en el amor solo hay una cosa clara. Se ponen barreras ante la llegada de Taylor o de Travis. Se sospecha de lo singular.

Siempre puede ocurrir el milagro. Puede que, a pesar de todo, te enamores de una Taylor o de un Travis. Eso no resuelve el problema. Inmediatamente después puedes negar que ese hecho pueda ser estable, pueda seguir sucediendo. Es lo que le pasa a muchos españoles e italianos entre los 25 y los 29 años. Los jóvenes de estos dos países son los jóvenes de Europa con relaciones afectivas menos estables:  solo uno de cada tres tiene pareja. Es una tendencia, que, de un modo u otro, afecta a toda la UE y que repercute de modo severo en la natalidad.

En realidad, no es un problema solo o, fundamentalmente, de generaciones. Los abuelos de la Generación Z imponían a la realidad otro tipo de filtros, despreciaban los hechos en nombre de un proyecto o de una utopía. Y los abuelos de sus abuelos no negaban los hechos, pero los consideraban acontecimientos singulares que no podían determinar ni una vida, ni un país, ni una historia. Somos abstractos con nosotros mismos desde hace mucho tiempo. Y pensamos en nosotros mismos, aunque estamos enamorados, con categorías universales. ¡Así no hay modo de tener estima por uno mismo! Por eso somos tan particularistas y tan identitarios. Lo universal siempre es sectario, lo singular permite abrazar el mundo.

Taylor, por lo que más quieras, cásate.

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