El Sánchez que tú y yo hemos creado

España · Carmen Martínez
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18 junio 2025
Sánchez lo niega casi todo y se presenta como una víctima. El código moral que tiene Sánchez solo alberga un precepto: evitar a la derecha lo justifica todo y muchos comparten ese criterio.

Todos los argumentos de Pedro Sánchez para justificar su voluntad de resistir tras el escándalo del informe de la UCO se reducen a uno solo: “si yo me fuera gobernaría la derecha”. Muchos pueden pensar que el presidente actúa como si no tuviera principios. Quizás no los tenga en plural, pero sí los tiene en singular. Niega que su partido esté asediado por la corrupción, niega que tenga alguna responsabilidad por no haber, al menos vigilado de forma adecuada, a sus exsecretarios de organización… lo niega casi todo y se presenta como una víctima. Ni convoca elecciones, ni se somete a una cuestión de confianza. A muchos su actitud les parece cínica y una desfachatez. Pero responde a una cierta lógica. Alcanzó el poder gracias a una alianza de partidos de izquierda, de partidos nacionalistas, de partidos independentistas que tenían algo en común. Todos estaban de acuerdo en que había que evitar el gobierno de la derecha.

Sánchez se ha limitado a congelar esa foto-fija. En 2023 sus socios le permitieron la investidura pero esos socios no le han permitido sacar adelante unos presupuestos generales en los dos últimos años y le obligan a gobernar por decreto-ley en la inmensa mayoría de las cuestiones. La prueba de que esa mayoría está anclada en el pasado es que no se somete a una cuestión de confianza.

Nuestro sistema constitucional no exige solo una mayoría parlamentaria para comenzar la legislatura sino durante toda ella. Pero esa dinámica tampoco es relevante. El código moral que tiene Sánchez solo alberga un precepto: evitar a la derecha lo justifica todo. Y el presidente del Gobierno sabe, porque conoce a sus votantes, que muchos comparten ese criterio. La derecha no llega a esos extremos. La derecha reconoce, al menos teóricamente, que hay bienes superiores a intentar evitar el gobierno de la izquierda. Pero esos bienes son pocos y se reconocen solo en situaciones extremas. Nos rasgamos las vestiduras por esta moral simplificada y reducida a evitar que el otro llegue al poder, pero somos los votantes los que la alimentamos.

 


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