Solo un niño naciendo (en gerundio)

Editorial · Fernando de Haro
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21 diciembre 2024
El gerundio es importante. Se nos ofrece la oportunidad de no estar dominados por la nostalgia de un pasado que pensamos que se marchó y podemos ver el futuro con la seguridad de que ese niño seguirá siendo un comienzo, pase lo que pase.

Ya no hay pasado y ya no hay futuro. Entiéndeme lo que quiero decir. Siempre hay pasado y siempre hay futuro. Pero ahora tenemos un milagro, un presente total, un ahora sin sombra. El ahora de un niño que está naciendo. El gerundio es importante: naciendo. Cuando digo que ya no hay pasado hablo de nostalgia. Lo que quiero decir es que se nos ofrece la oportunidad de no estar dominados por la nostalgia de un pasado que pensamos que se marchó pero que en realidad nunca ha existido. A menudo tú y yo estamos estancados en el recuerdo de una edad de oro que es solo una proyección de nuestras frustraciones. Pensamos haber vivido tiempos más dichosos, il buon tempo antico. En realidad paseamos entre ruinas que siempre estuvieron deshabitadas.

El buen pasado solo es bueno cuando también es presente. En ese sentido digo que ya no hay pasado. Tampoco hay futuro. Me explico mejor: no hay ese futuro hacia el que siempre huimos con la ilusión de que los proyectos y los sueños nos van a dar lo que todavía no tenemos. No hay ese futuro que nos llena de angustia porque tiene el nombre de lo desconocido. Hay un ahora total, un niño, un inicio. Y el futuro es la seguridad de que ese niño seguirá siendo un comienzo, pase lo que pase. No sabemos lo que nos va a deparar la vida. Nos deseamos unos a otros días felices, años prósperos. Esperamos lealtad de los amigos, justicia y respeto de parte de los poderosos. Pero solo podemos estar seguros de que este niño seguirá siendo un inicio. Y eso es mejor que cualquier oráculo, que cualquier buen pronóstico.

Ya no hay juicio. También en esto me tengo que explicar. Robar es robar. Mentir es mentir. Violentar a las mujeres es malo, muy malo. Cuando digo que no hay juicio lo que quiero decir es que el juicio es la misericordia. Ya no importa si has tenido cinco maridos, si has colaborado con el invasor. Los pastores son impuros, casi tanto como una prostituta. Cada uno hace lo que puede, intenta encontrar una solución a su vida por un camino o por otro. ¿Quién puede juzgar? El  juicio es que un niño ha traído, trae un comienzo radical. El comienzo no es que la adúltera deje de ir de cama en cama, o que el ladrón devuelva todo lo que ha robado y se haga donante de una ONG. Eso sería poco. No se trata de arreglar algo que está roto. Es mucho más. El niño está naciendo y, como dice el poeta, no se dedica a dictar sentencias de condena contra un mundo perverso, no se dedica a “hacer la contra”. El niño dio comienzo entonces, da comienzo ahora (no hay pasado bueno sin presente) a otra forma de ser hombre, a un camino para alcanzar la forma del hombre.

Ya no hay herida. Y aquí sí que me tengo que explicar con mucho detalle. Porque herida hay siempre: hay heridas pequeñas y grandes. Todos conocemos sus muchos nombres. Hay heridas que no cierran nunca. Nunca es nunca. Lo digo con la boca pequeña, casi sin atreverme: en la herida, más que en ningún sitio está el niño naciendo. El nacimiento del niño en la herida muchas veces es solo la posibilidad de que sea posible la posibilidad de que algo sea diferente. La posibilidad de que el dolor no embrutezca y  no destruya. La posibilidad de que tras lo que parece  un no rotundo del destino, haya un sí inesperado.

Ya no hay explicaciones. Esto es más fácil. Hay que explicar dónde está la farmacia más cercana, hay que explicar por qué las partículas subatómicas están en dos sitios a la vez. El problema es que, a menudo, estamos convencidos de que todo se va a resolver con un buen discurso, con un montón de argumentos lógicos (les llamamos razones) coherentes, con buenas ideas, con buenos planes. Y el niño que está naciendo es la suprema razón no porque sea un profesor de lógica o un predicador de sana doctrina. La palabra es clara porque se ha hecho carne. Y toda palabra que hable de su carne sin ser su carne confunde más las cosas.

No hay consecuencias, no hay principios que aplicar, no hay estrategias que puedan añadir nada. Solo un niño naciendo (en gerundio): una esperanza, un juicio de misericordia. Y la posibilidad de que la herida sea ocasión de liberación.

 

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