Dios no ha muerto en Haití

Mundo · PaginasDigital
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13 enero 2010
Los datos son todavía absolutamente inciertos. Pero ya está claro que el terremoto de Haití es una catástrofe natural que ha provocado una devastación humana semejante a la del Tsunami de 2004, puede haber más de 100.000 muertos según las declaraciones del primer ministro. Las estimaciones son confirmadas por la red internacional de Cáritas. La Cruz Roja cifra en más de tres millones los damnificados.

Haití es el país más pobre de América. Y la ayuda de la comunidad internacional y de la generosidad de todos es decisiva. En este momento es decisiva la ayuda alimenticia y sanitaria. Una catástrofe de estas características nos pone de manifiesto la fragilidad de la condición humana. Frente a nuestras seguridades, que nos hacen pensar que somos invulnerables y capaces de superar con nuestras fuerzas cualquier límite, estos zarpazos de la naturaleza ponen de manifiesto nuestra verdadera condición. El destino de los hombres se realiza con extrañas formas. Pero nadie, como es lógico, se resigna ante el límite y ante el mal.

Ante una tragedia de estas características es lógico que nos preguntemos si la vida es justa. Justa para los que han muerto, justa para los que sufren, justa para nosotros que asistimos distraídos con nuestra frivolidad habitual a la catástrofe, buscando formas rápidas de olvidar. No responder a esta pregunta de un modo exhaustivo nos hundiría en la desesperación. A pesar de tanto dolor, hay un punto firme entre los escombros. Dios no ha muerto en Haití. El Misterio que hace todas las cosas precisamente se hizo carne y padeció en la cruz para acompañar al hombre en una circunstancia así.

El dolor y el sufrimiento son tremendamente reales, misteriosamente reales. El Huerto de los Olivos y el Gólgota guardan memoria de ello. Pero el mal no es la última palabra. Más real es la victoria, la positividad de la Resurrección con la que Dios respondió hace 2.000 años. Una respuesta que sigue en la historia. Lo testimonian hombres y mujeres que desde hace años, décadas, han entregado la vida al país que está en el último puesto de la lista. Un testimonio así permite afirmar que la positividad domina la historia. Una positividad en la que el drama es muy real.

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