Ejecutiva en apuros

Cultura · Víctor Alvarado
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6 julio 2009
El director Jonas Elmer nos ofrece una comedia social que apunta temas de plena actualidad. En cierta manera y en algunos de sus planteamientos, recuerda a Baby, tú vales mucho (Charles Shyer, 1987) y a Pisando fuerte (Julian Jarrold, 2005).

La historia gira en torno a una ejecutiva agresiva que tiene ganas de comerse el mundo. Sin embargo, todo cambia cuando tiene que enfrentarse a la pura realidad, ya que tiene orden de despedir a una parte de trabajadores de una de las empresas menos rentables de un poderoso holding de Miami. En definitiva, el enfrentamiento de un David contra un Goliat. Además, esta mujer encontrará a un grupo de personas entrañables que removerán su corazón, junto con un chico por el que se sentirá atraída.

En cuanto a los actores, habría que destacar el gran equilibrio interpretativo entre protagonistas y secundarios, donde ninguno destaca por encima del otro. Su trabajo es razonablemente bueno. Renée Zellweger aparece como una ejecutiva despiadada y sin corazón. La evolución del personaje es interesante, pues su cambio se produce en la medida en la que se implica con la realidad que quiere destruir. El contacto humano le hace recapacitar sobre su comportamiento.

Como dato curioso, la actriz protagonista estuvo 10 días en cama a causa de una serie de escenas que tuvo que rodar ligera de ropa. Este problema lo tuvieron algunos miembros del equipo de rodaje porque se congelaban, puesto que el termómetro en ocasiones marcaba 47 grados bajo cero. Por otro lado, el actor J.K. Simmons, que nos maravilló con su entrañable papel en Juno (2007), engordó 14 kilos para representar su papel.

Cambiando de tema, esta obra del celuloide puede verse en familia porque su tono es agradable y optimista. Los gags son divertidos y elegantes. En ella se habla de la posibilidad de crear un mundo mejor con el esfuerzo comunitario para crear una sociedad más justa. La película es una crítica al capitalismo feroz que no tiene en cuenta a la persona, sino que utiliza al trabajador como mera herramienta al servicio de la producción. El realizador americano propone posibles salidas para solucionar el problema de la crisis económica que daña a los trabajadores estadounidenses, aunque en menor medida que a los españoles.

Finalmente, como comentó en la radio el crítico Jerónimo José Martín, este largometraje posee todos los elementos de la comedia capriana. Por poner un ejemplo, el espiritual personaje de la secretaria (Siobhan Fallon) recuerda en algunos de sus comportamientos al simpático abuelo de Vive como quieras (Capra, 1938), Martin Vanderhof, que presume de haber encontrado todo lo que necesita en su vida para ser feliz.

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