Comunión y Liberación. El Meeting y las señales del cambio

España · Dario Di Vico
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23 agosto 2016
Esta edición consagra el cambio pilotado por don Julián Carrón. Cero ostentación y menos énfasis en la identidad.

En el programa oficial del Meeting ni siquiera aparece su nombre entre los ponentes, pero don Julián Carrón, el sucesor de don Giussani, está pilotando con seguridad un profundo cambio de piel de Comunión y Liberación. Paseando por los pasillos de la feria de Rímini o asistiendo a los atestados debates, no es fácil -por lo menos para los observadores externos- entender con precisión qué está sucediendo. Cuáles son las diferencias que se esconden tras los ritos de siempre o simplemente detrás de la sonrisa contagiosa de los 2.000 voluntarios que renuncian a sus vacaciones para dar vida al espectáculo. Los periodistas han apuntado que este año una parte de los sponsor han cortado el grifo y han reducido las contribuciones, que las empresas de juego y apuestas ya no aparecen en la lista de financiadores y sin embargo se ha sostenido mejor la captación de fondos. También los periodistas esperaban con curiosidad el debut en el Meeting del cómico Gene Gnocchi, que sorprendentemente ha sido precedido por una entrevista en el Avvenire en la que recordó que está licenciado en Filosofía del Derecho y que se considera además un discípulo de Hans-Georg Gadaner, el pensador alemán alumno de Heidegger.

Pero más allá de los detalles coloridos, Rímini 2016 establece el nacimiento de un CL menos dado a la ostentación y que, sobre todo, para sostener sus raones no necesita encontrar a toda cosra un adversario. Para un movimiento nacido para proponer con vigor la originalidad de la experiencia cristiana en la Italia de los años 60, que ya le parecía a don Giussani cínica y secularizada, trasladar hoy el acento del ´yo´ al ´tú´ -que aparece en todas partes en Rïmini- no es una operación pequeña (el presidente Sergio Mattarella, de hecho, ha mostrado apreciarlo). Existe el riesgo de perder un trozo de identidad. Pero en la extrema confusión de la modernidad, que ha perdido su sentido de marcha, Carrón no quiere añadir más ruido de fondo proponiendo un CL demasiado lleno de sí mismo y de capacidad de magnetizar el consenso. Prefiere en cambio poner el acento sobre todo aquello que puede unir. Puentes, hilos y diálogo son las palabras del momento en lugar de conflictos, contraposiciones y alternativas. ´Tú eres necesario para que yo exista´ es la frase que quizá mejor sintetiza el cambio del que hablamos. Y mientras el movimiento se reposiciona y saborea las ventajas del buenismo se van al hoyo, hay dos opciones en el corazón del sucesor de don Giussani: desaparece la centralidad política-organizativa de Milán y se realiza una silenciosa renovación generacional del grupo dirigente que llevará en primera fila nombres hasta ahora desconocidos al gran público. No es poco, y el pueblo cielino, por su naturaleza obediente, está metabolizando un cambio que viene, por otro lado en plena sintonía con el Vaticano. Sin querer hacer una confrontación con el reclamo de sus predecesores el Papa Francisco es un punto de referencia importante para el movimiento y una brújula de navegación para Carrón.

Para complicar todavía más la cuadratura del círculo está el cambio de la jerarquía de las contradicciones que hoy proyecta en primer plano el riesgo de una nueva guerra mundial. Comunión y Liberación niega  en esta fase la centralidad de la cuestión islámica y Davide Rondoni, escritor y poeta cercano al movimiento, en el editorial del Avvenire del otro día, llegó a escribir que ´hay un yo sumido tanto en el radicalismo islámico como en el occidente neocapitalista´. La frase asusta y no se puede firmar como licencia poética pero en Rímini honestamente no ha causado escándalo. Es evidente, por otro lado, que el movimiento no tiene ninguna gana de alistarse, que prefiere el sueño de una integración absoluta con los inmigrantes a las proclamas bélicas, un alargamiento de una comunidad basada en el mero reconocimiento de la necesidad. Sin la necesidad de teorizar algún modelo y menos de abrazar el verbo del multiculturalismo. Todo en plena sintonía con el itilerario elegido por el papa Francisco.  

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