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Cultura · Jon González
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14 julio 2014
Cuatro minutos antes del minuto 116, cuatro años después de que Iniesta grabara a fuego este minuto en la memoria de todos los españoles. Cuatro ocasiones malogradas por la selección argentina que posibilitaron que Alemania tenga ya en sus vitrinas cuatro Mundiales después de cuatro campeonatos quedando, al menos, entre los cuatro mejores.

Cuatro minutos antes del minuto 116, cuatro años después de que Iniesta grabara a fuego este minuto en la memoria de todos los españoles. Cuatro ocasiones malogradas por la selección argentina que posibilitaron que Alemania tenga ya en sus vitrinas cuatro Mundiales después de cuatro campeonatos quedando, al menos, entre los cuatro mejores.

El gran ariete inglés Gary Lineker inmortalizó la siguiente frase tras caer eliminado ante los alemanes en el mundial de Italia 90: “El fútbol es un juego simple: 22 hombres corren detrás de un balón durante 90 minutos y al final los alemanes siempre ganan”. Curiosamente en ese Mundial, Alemania se alzaría campeón tras un gol postrero de penalti de Andreas Brehme, aquel lateral rubio con pinta de guitarrista de banda de rock.

Veinticuatro años después y con dos eliminaciones en los dos últimos mundiales a manos de los teutones, los argentinos buscaban revancha. Y así comenzaban el partido, mordiendo a su rival –si bien no al estilo Luis Suárez– cargando el juego por la banda derecha, intentando aprovechar la lentitud de Höwedes con internadas del guapo Lavezzi y de Messi. En los primeros 15 minutos pudimos ver algún detalle que nos recordaba a aquella Pulga que dominaba el fútbol mundial hace tan sólo un par de años. Se le vio fresco, rápido, agresivo… pero a partir de la media hora volvió a su preocupante estado de apatía. Fundido, vomitando, fallando dos ocasiones claras… Messi llevaba un año reservándose para este Mundial. Éste era su Mundial. Quién sabe si volverá a jugar otro. Como ya escribiera en otro artículo, su declive me recuerda al de su amigo Ronaldinho, quien abandonó la élite demasiado pronto. Está en la supuesta edad de madurez futbolística. Pero su actual estado es de vejez, no de madurez.

Aun así, el partido de Argentina fue excelente. No brilló por un juego vistoso, sino por cómo pudo anular el tikitaken de Alemania. El cuadro bávaro no se encontró cómodo en ningún momento del partido. La ausencia de Khedira (gran jugador cuando se le da la confianza que tiene en su selección) no sentó nada bien a los suyos. Toni Kroos, tal vez por el grano que lucía en su nariz, tal vez por su inminente fichaje por el Madrid, no estaba cómodo. No fue el de otras tardes. “El rubio” Schweinsteiger –como lo llamaba nuestro querido Luis– tuvo que librar una dura batalla en el centro del campo contra los hombres del Jefecito Mascherano, un mariscal que bien merecía el Balón de Oro que la FIFA regaló a Messi. La actuación del 14 de la albiceleste, verdadero capitán de su selección en el campo, ha sido casi perfecta. El Barça debería darle los galones a él para compensar la falta de carácter que ha tenido en los últimos años. Luis Enrique ha de hacer todos los encajes de bolillos que le sean necesarios para darle un puesto fijo en el once titular… en el centro del campo, no de la defensa.

Argentina tuvo el partido en sus pies, sobre todo en los de Higuaín y Palacio. El primero marró una ocasión clarísima, de la que puede que se acuerde toda su vida. Fallos como esos son los que le alejaron del Madrid, donde siempre se le criticó su falta de acierto en partidos importantes. Palacio falló con la espinilla otro balón ante Neuer, ese portero que se aburre en el área pequeña. El tiro se fue tan desviado que aún me pregunto si la coletilla que llevaba en su rapada cabeza era una antena mal instalada.

Ya en la prórroga, y cuando todo parecía llevar el partido al punto de penalti, emergió la figura de Götze, quien aprovechó un buen pase de Schürrle (es primo de Prosinecki, a mí no me engañan) para controlar con el pecho y batir de volea a Romero. Estallaba el delirio de Alemania, en la grada, en el campo, en los bares, en las plazas (qué recuerdos). El fútbol fue justo con el equipo que, junto con Colombia y México, mejor fútbol han jugado en este campeonato. Götze será recordado para siempre entre sus paisanos por su gol. Condenado a la suplencia desde la fase de grupos, este chico con pinta de oficial nazi demostraba al fin su calidad en un partido que la necesitaba. La gloria le esperaba. Al igual que su novia (era real, ¿verdad?) al finalizar el partido. Detalles que dieron brillo a un partido en el que lo más espectacular fue el atardecer que el Cristo de Corcovado regaló a los espectadores de todo el mundo con Maracaná de fondo.

El triunfo de Alemania en el Mundial vuelve a abrir el debate sobre el modelo del tikitaka, tan criticado en nuestro país en los últimos años. En Brasil, los germanos han desplegado un juego que ha recordado mucho al de la época dorada –aún latente– de nuestra selección. Ellos, calculadores, obstinados, firmes, habrán cedido a la experiencia. Tras dos derrotas en fases finales ante el equipo español, ¿por qué no aprender de quien lo hace mejor que tú? Sin duda, Joachim “Camilo Sesto” Löw cantó por última vez en Sudáfrica aquello de “Ya no puedo más… siempre se repite la misma historia” y decidió que su equipo tocara y tocara el balón, para que “rodara como una noria”.

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