17 años en el puente de Brooklyn: esa cruz que ha vencido la fuerza de la costumbre

Mundo · Riro Maniscalco
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9 abril 2012
Diecisiete años. Desde hace diecisiete años la comunidad de Comunión y Liberación de Nueva York, el Viernes Santo, sigue la cruz de Jesús por el puente de Brooklyn. Desde los veinticinco que, con atrevimiento ingenuo, empezaron en el año 96 hasta los miles de hoy, Nueva York ha visto nacer y consolidarse una tradición. Un antiguo gesto de veneración y piedad popular que algunos de nosotros, desde niños, redescubrieron gracias a don Giussani, y que en estos años también Nueva York  ha empezado a redescubrir. Cada año en este emblemático puente, la larga fila de peregrinos avanza como un río silencioso y recogido entre multitud de gente, turistas y transeúntes... alguno que otro se suma, alguno da las gracias, otros se quedan mirando sorprendidos o perplejos, pero nadie puede quedar indiferente.

Diecisiete años. Después de diecisiete años, por primera vez, tanto el obispo de Brooklyn/Queens, Di Marzio, como el cardenal Manhattan/Bronx/Staten Island, Dolan, han estado con nosotros. Han querido estar presentes en St. James, la catedral de Brooklyn, lugar de reunión. Nos han acompañado con su bendición y nos han recordado que el camino del Viernes Santo representa el camino de la vida. Y que vivirlo en el corazón de nuestra ciudad es el testimonio de fe que la ciudad necesita. Diecisiete años, y cada año se nos dona algo nuevo, algo que casi nos obliga a estar vigilantes, a superar la tentación de la costumbre o del éxito del gesto. Siempre recordaré algo que me dijo Giussani en 2002, el primer año que llevamos la cruz a la Zona Cero. Aquel año nos reunimos, algo que nunca nos había sucedido antes, con miles de personas. Por teléfono, el "Giuss" respondía a mi excitación con gran contención, y me dijo: "No te preocupes por los números. Hace dos mil años, en un día como hoy, no eran tantos los que seguían a Jesús. Fue precisamente la fidelidad de aquellos pocos lo que hizo posible lo que ahora está sucediendo".

Los "números"… es cierto que ver aquella riada de gente es algo que toca el corazón… no éramos más en St. James ni en St. Peter (la iglesia donde termina nuestra Way of the Cross). Ni más que en ese largo puente (1,8 kilómetros). Ciertamente, los números no importan, igual que no importan los diecisiete años, muchos para la vida de un hombre, nada para la historia de la humanidad. Lo que cuenta es que hoy yo haya seguido la cruz de Jesús. A mí, por la misteriosa historia de mi vida, me toca hacerlo una vez más en el Brooklyn Bridge.

Riro Maniscalco es autor de ‘Del Puente al Infinito: la historia de la Way of the Cross over the Brooklyn Bridge', libro cuyos beneficios son destinados al New York Encounter

Publicado en Il Sussidiario

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