13F y la experiencia del encuentro con el otro

España · Javier Folgado
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16 febrero 2022
Domingo 13 de febrero, amanece en la ciudad de Segovia que nos acoge en una mañana fría a los pies de su imponente acueducto.

Varios apoderados, la mayoría venidos de Madrid, vienen a colaborar en esta jornada electoral de unas elecciones que no eran necesarias. El Partido Popular, ganador de ellas, había olido sangre y se apresuró a adelantar unos comicios que le han abocado a una situación, cuando menos, no más cómoda que la que tenían previamente.

Y es que, en esta bella y tranquila capital de provincia castellana, los líderes de cualquier partido nacional, el efecto Ayuso, el sanchismo… parecen actores que gesticulan en un escenario equivocado. La gente del lugar está más preocupada por sus problemas reales, que pasan por la despoblación con la huida de la gente joven, tener unos servicios adecuados… Esta desconexión de los partidos nacionales de la realidad es el germen del crecimiento de nuevos partidos a nivel provincial que si no se autodestruyen seguirán creciendo. En el colegio electoral conocemos a Pedro, un bravo muchacho de Podemos que estudia Derecho en Madrid pero que, a contracorriente, quiere volver a Segovia una vez acabe sus estudios. Pedro le comenta a Javier, apoderado de Ciudadanos, que ha visto el discurso de Igea y que le ha encantado, y le desea un buen resultado electoral.

La jornada avanza y entre los apoderados de los distintos partidos reina el buen ambiente, la colaboración, alguna charla sobre política excepto con alguna pija estirada que se cree una política importante. Fernando (Vox) nos amena la jornada, que a la tarde ya se ha hecho cansina, con sus comentarios siempre graciosos.

Matías (Podemos) y Javier (Ciudadanos) no se conocían pero, en seguida, surge entre ellos una gran afinidad a pesar de estar en partidos casi contrapuestos. Un hombre de mediana edad al salir de votar ve un corrillo de apoderados de Podemos y comenta, en voz alta y mirada despectiva, que le dan alergia: ¡necesito un antihistamínico! A Javier también le produce cierta repulsa Podemos pero no el rostro concreto de Matías, por eso, ese comentario le produce cierto malestar. ¡No es justo! Porque para Javier, Matías ya no es igual a Podemos sino que tiene un rostro y un nombre. No se corresponde con su experiencia de encuentro con el otro.

La polarización, efectivamente, existe pero tiene en el fondo algo de impostado, como unos actores mediocres que actúan en un teatro. La realidad es que uno trabaja, convive, discute, se alegra, se enfada… con personas que votan por partidos distintos. Claro que es difícil llegar a acuerdos, está la vanidad humana… pero también la experiencia de que el otro no es de una especie humana distinta y que nuestras experiencias son comunicables.

En sus memorias, Julián Marías, refiriéndose al año 35, describe una mayoría de la población que deseaba vivir y convivir. Afirmaba el filósofo que un país marcha bien cuando los partidos son por los menos en cierta medida intercambiables y coinciden en una amplia zona. Frente a la tentación de definir todo por oposición al adversario. “Antifascistas” o “antimarxistas”, llamando fascismo y marxismo a todo lo que resultaba antipático.

Una vez realizado el recuento, Javier y Matías se vuelven cada uno en su coche a Madrid, en una noche lluviosa, insatisfechos por los resultados obtenidos por sus respectivos partidos pero agradecidos por la experiencia humana vivida y por la belleza vista en la vieja ciudad castellana.

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