127 horas

Cultura · Víctor Alvarado
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7 febrero 2011
Cuando nos vamos haciendo mayores, nuestros padres nos van enseñando la importancia de dejar dicho el sitio al que nos vamos a desplazar, por si nos pasa algo que sepan el lugar en el que encontrarnos y nosotros no les solemos hacer caso, pero acaban teniendo la razón.

Este comentario sirve de moraleja para entender la historia basada en hechos reales que Danny Boyle nos ha querido contar y, partiendo de ella, es capaz de hacer entretenida, aunque sólo a oleadas, una película que hubiese sido insoportable si hubiera caído en otras manos. Sin embargo, este cineasta saca petróleo de cualquier situación. Además, su estilo narrativo resulta muy original. Los argumentos de sus películas siempre son distintos, alcanzando, en esta ocasión, el notable. No obstante, no logra la excelencia de Millones (2004), ni el nivel de la oscarizada Slumdog millionaire (2008).

El argumento gira en torno a Aaron Ralston, que en unas de sus múltiples aventuras sufrirá un accidente por el que su brazo quedará atrapado por una roca. Así que el citado cañonero tendrá 127 horas (2010) para solucionarlo o no.

James Franco, aunque ha sido criticado en algunos medios de comunicación, aguanta el tipo razonablemente bien, dada las dificultades de su personaje, que lleva todo el peso de la producción. Merece la pena destacar el esfuerzo del actor por hacer creíble su papel, pues el actor reconoce que nunca le interesó el montañismo, ni los deportes de riesgo.

El cineasta ha sabido reflejar el calvario de su protagonista para salir adelante. Nos parece muy interesante el modo o el sistema para mantenerse vivo, que fue, entre otras cosas, el uso de la imaginación del que se sirve el director para profundizar sobre su personaje.

Danny Boyle nos hace pensar sobre los anhelos del hombre en un momento de necesidad. Llama la atención el modo en el que nos agarramos a lo que sentimos por nuestros seres queridos en situaciones extremas, siendo esos momentos los que sirven para que caigamos en la cuenta de lo que han hecho por nosotros y lo mucho que los necesitamos. También sorprende la manera en que el mundo de los sueños refleja los deseos del hombre, cuando se limita nuestra libertad. Por otro lado el humor tan característico del cineasta descarga el dramatismo de algunas de las escenas.

127 horas (2010), nominada en seis ocasiones a los Óscar, nos habla de las ganas de vivir de una persona con escasa esperanza para la supervivencia frente a otros largometrajes que hacen campaña a favor de la muerte.

Por último, la situación más escabrosa de la película ha sido muy comentada en medios de comunicación, pero no nos debe escandalizar porque no es para tanto, si lo comparamos con otras películas o las noticias que aparecen cada día en los telediarios y las observamos con una naturalidad pasmosa, mientras nos comemos un filete con patatas.

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