Cuatro años de guerra en Ucrania: Europa despertó

Mundo · Ángel Satué
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24 febrero 2026
La guerra en Ucrania ha actuado como catalizador de una transformación sin precedentes en la Unión Europea: en apenas cuatro años, Bruselas ha pasado de reaccionar a la agresión rusa a sentar las bases de un auténtico mercado interior de defensa.

Se cumplen cuatro años del comienzo de una guerra en suelo europeo. La primera gran guerra desde la Segunda Guerra Mundial. El pasado 24 de febrero de 2022, Rusia atacó a Ucrania, generando un apoyo por parte de la Unión Europea sin precedentes que se plasmó en la importante Declaración de Versalles.  

Desde el inicio de la agresión rusa se puede decir que no ha parado de incrementarse el apoyo de la Unión Europea a Ucrania. No solo se ha ido incrementando, sino que este ha sufrido una transformación sin precedentes.

En los primeros meses, la Unión centró su esfuerzo en el suministro de material de defensa, orquestando para ello a los Estados miembros y adaptando el fundamental Fondo Europeo de Apoyo a la Paz, concebido para financiar fuera del presupuesto comunitario una serie de gastos de las misiones y operaciones de gestión de crisis de la Unión. 

Sin embargo, a medida que han ido transcurriendo los meses, el apoyo se ha ido convirtiendo en más estructural, más pensado, más coherente, como se comprueba con la permanente mención a Ucrania y a la agresión rusa, a lo largo de toda una serie de acciones, paquetes legislativos y medidas.

Estas iniciativas vienen contando, prácticamente, con un unánime respaldo político de los 27 Estados miembros. 

En este período, con relación a Ucrania, los datos que aporta la Unión Europea en la web del Consejo confirman una convergencia industrial y estructural, así como la consolidación de Ucrania como uno de los socios más fuertes de la Unión Europea:

  1. La UE y sus Estados miembros han movilizado un total de 69.300 millones de euros destinados exclusivamente a apoyo militar para las Fuerzas Armadas ucranianas. Esta cifra se enmarca en un paquete global de ayuda que alcanza los 193.300 millones de euros.
  2. Parte de este esfuerzo se canaliza mediante el Fondo Europeo de Apoyo a la Paz, que elevó su techo financiero, si bien, hay que poner además sobre la mesa la instrucción y adiestramiento militar, a través de la misión EUMAM Ucrania, que ha formado alrededor de 85.200 soldados ucranianos en territorio europeo, de los cuales un 10% ha sido en España.
  3. La UE mantiene inmovilizados unos 210.000 millones de euros en activos del Banco Central de Rusia, en una maniobra legal sin precedentes. De estos fondos, la UE ha dictaminado que los ingresos extraordinarios generados por estos activos financien a Ucrania: el 95 % se destina a préstamos y el 5 % se inyecta directamente en el Fondo Europeo de Apoyo a la Paz para comprar más sistemas y plataformas. Además, se ha prohibido la transferencia de vuelta de estos activos a Rusia.
  4. En el marco de esta convergencia de facto de la industria ucraniana de defensa con la Base Industrial y Tecnológica Europea (BITDE), interesa traer a colación la creación, en el Programa para la Industria de Defensa Europea (EDIP), verdadero programa europeo de integración industrial, del denominado “Instrumento de Apoyo a Ucrania”. Este se encuentra dotado con un presupuesto de 300 millones de euros de un total de 1.500 millones hasta 2027. Es decir, un porcentaje muy significativo de EDIP es para Ucrania y su industria de defensa.  

Este programa, a diferencia del recurso al Fondo Europeo de Apoyo a la Paz, no está concebido para la financiación de adquisiciones de material de defensa con destino a Ucrania, sino a potenciar las capacidades industriales de Ucrania, es decir, la Base Tecnológica e Industrial ucraniana, en clara convergencia con la europea, pudiendo presentarse también empresas ucranianas a distintas iniciativas europeas como el Fondo Europeo de Defensa (para investigación y desarrollo). 

En paralelo, como decíamos, existe ya un amplio conjunto de acciones y medidas en marcha. En este sentido, desde la inicial reacción europea plasmada en la Declaración de Versalles, en 2022, la Unión Europea ha fortalecido su dimensión industrial, mediante el impulso, sobre todo, del mercado interior, a través de los Artículos 114 y 173 del TFUE. Todo ello considerando que la PCSD es estrictamente competencia de los Estados miembros. 

Así, tras la inicial reacción a través del reglamento ASAP, para inyectar 500 millones buscando el aumento de las capacidades de fabricación de municiones y misiles de los Estados miembros y a través de EDIRPA, favoreciendo las adquisiciones conjuntas entre estos, se aprobó la primera Estrategia Industrial de Defensa (EDIS), en 2024, y el Programa para la Industria de Defensa Europea (EDIP), en 2025. 

Además, en 2025, la Comisión lanzó el Libro Blanco de la Defensa, a modo de estrategia global de defensa de la Unión, su Plan de Rearme o de Preparación 2030, para la financiación de aquella, y una hoja de ruta para alcanzar las capacidades necesarias. 

Por tanto, se produjo un acelerón, coadyuvado también por una administración norteamericana que comenzó a cuestionar las bases del mutuo entendimiento transatlántico. 

El resultado fue plasmar negro sobre blanco la necesidad de movilizar 800.000 millones de euros de los Estados miembros para destinarlos a defensa, en pocos años, la aprobación del reglamento SAFE, para financiar inversiones urgentes y a gran escala en BITDE, con un presupuesto de hasta 150.000 millones de euros en préstamos para la adquisición conjunta de equipos y una nueva ley europea Ómnibus para simplificar la burocracia y los trámites dentro del sector. 

Como se comprueba, cabe pensar que la creación de un mercado interior de defensa ha sido el objetivo de la Comisión desde el primer momento, como condición necesaria para el apoyo a Ucrania y el fortalecimiento de la Unión. 

Todo ello, en el marco de las recomendaciones de Draghi y Letta, y de pasar a comprar más europeo y conjuntamente, reduciendo así la fragmentación y aumentando la capacidad de producción y la resiliencia.

Asimismo, la dimensión más operacional de la defensa europea ha avanzado en estos cuatro años, hasta el punto de la puesta en marcha y pleno funcionamiento de la Capacidad Militar de Despliegue Rápido, con 5.000 tropas, bajo el mando de la llamada Capacidad Militar de Planificación y Ejecución (“MPCC”), verdadero embrión de un Cuartel general estratégico y permanente (nivel OHQ).

En resumen, en estos cuatro años la Unión Europea ha defendido y apoyado, militar e industrialmente, a un vecino que se ha querido unir, voluntariamente, a nuestro sistema de valores y al orden internacional basado en reglas y en el Estado de Derecho. 

La identidad europea ha asumido la dimensión de la defensa, tanto en su vertiente industrial, como, acaso en menor medida, operacional. 

Ambas vertientes son ya parte indiscutible de la identidad de la UE y necesarias para su propia supervivencia. 


Recomendación de lectura: Dos años de guerra: odiar o no odiar

 

 

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