El dilema del PP

España · Juan Carlos Hernández
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25 febrero 2026
Mis amigos del PP se dividen en dos: los que creen que el partido debe llegar a un entendimiento con Vox y los que, por el contrario, creen que el partido de Feijoó debe marcar distancia con los de Abascal.

El PP debe dejar la ambigüedad y decir si quiere salir definitivamente con esa chica (Vox) o no. Aunque sea para que el votante tenga una idea clara de lo que va a votar. Luego ya nosotros (votantes) que somos personas adultas decidiremos lo que veamos más conveniente. Aún a riesgo de equivocarnos.

Una opción es llegar a acuerdos de gobernabilidad con Vox. Es la opción que podría facilitar un desalojo “temprano” de Sánchez de la  Moncloa. La tendencia, a pesar del estancamiento del PP, en las últimas elecciones (Extremadura, Aragón) es que la suma de ambos partidos vence al bloque de la izquierda. Pero unas elecciones en una Comunidad Autónoma pueden ser indicativo de una tendencia, pero no directamente extrapolable al conjunto del país. Además, hay que tener en cuenta una posible movilización del voto de izquierda contra una posible alianza PP-Vox como ya ocurriera en las últimas elecciones generales. Así que esa hipotética victoria para nada está asegurada. Esta opción también podría tener la ventaja de enfrentar al partido de Abascal con la tarea de gobernar en el día a día. Es muy fácil ser la voz del descontento, pero otra cosa es hacerse mayor y tener que lidiar con la gestión de la cosa pública. ¡Uf! ¡Qué aburrimiento!… diría Pablo Iglesias.

Es una opción legítima, dirían algunos con razón, pues Vox es un partido legal. ¿Qué razón hay para que se pueda pactar con Podemos y no con Vox?

Que sea legítimo no significa, necesariamente, que sea lo más adecuado.

La otra opción, es marcar distancia con Vox con él le separan importantes puntos doctrinales (por ejemplo, su visión sobre la integración de España en Europa). El PP puede dejar claro que no quiere formar gobierno con Vox porque discrepa de importantes aspectos, porque no quiere jugar a la criminalización del contrario o del inmigrante, no quiere jugar al populismo, no quiere un estado centralista lo que no está en contra de una armonización de las competencias que sería bastante deseable, no quiere que la identidad (concepto necesario) se convierta en algo excluyente…

Es la tesis defendida por Armando Zerolo en una interesante entrevista de Iñaki Ellakuría en El Mundo: “La derecha no suma ni va a sumar, porque el PP y Vox son dos productos distintos” afirma el profesor del CEU.

Esta opción puede retrasar la llegada al poder, y algunos amigos se van a enfadar conmigo cuando lean esto (pero seguiremos siendo amigos igualmente). Y entiendo su enfado porque las carencias del PP en los últimos años han sido evidentes y el votante de Vox no es fascista, en su mayoría, sino que está harto que es distinto.

El PP debe meditar y aprender que le ha pasado al PSOE en su acercamiento a Podemos y a los distintos partidos independentistas incluido Bildu. Ha perdido la noción de la realidad, tiene una parte importante del partido que no se reconoce porque ya no hay un PSOE con proyecto nacional, sin creatividad para construir y sin un proyecto unificador que parece moverse solamente para satisfacer identidades de minorías que se sienten oprimidas. ¡Hoy todo el mundo se siente una minoría oprimida, es agotador!

Los enfrentamientos de las últimas semanas protagonizados por Oscar López ¡Incomprensible el odio al fallecido Javier Lambán!, Felipe Gonzáles (¡No votaré a Sánchez!) o Page son buena prueba de cómo puede acabar un partido de apellido Español que se ha especializado en mantenerse en el poder satisfaciendo las exigencias de minorías sin ninguna visión de estado o directamente en contra del estado. Al PP le puede pasar con Vox lo que le ha pasado al PSOE con sus socios, que se desdibuja sino se parte de un ideal común y bueno.

Entiendo las ansias de muchos por desalojar a Sánchez del poder, pero no dejemos que el antisanchismo nos ciegue y, sobre todo, se pueda construir una alternativa que sea constructiva y no reactiva.

 


Recomendación de lectura: 50 años de una Monarquía donde cabemos todos

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