Venezuela: Se llevaron al dictador, pero sigue la dictadura

Este artículo es distinto a los anteriores que he escrito. Decidí dividirlo en todas las preguntas que se me ocurren que alguien que no sea venezolano podría tener con respecto a la situación que está pasando en el país. Espero que las respuestas sean lo suficientemente claras para ayudar a comprender lo que sucede. Cada respuesta es independiente una de la otra, por lo tanto, pueden leer solo las preguntas que les interesen o leerlo completo. Todo lo aquí descrito no pretende ser una cátedra sobre derecho internacional o geopolítica, sino la descripción del panorama actual netamente desde el punto de vista venezolano.
Índice de preguntas:
1.- ¿Qué pasó el 3 de enero?
2.- ¿Qué sucesos llevaron a que esto pasara?
3.- ¿Por qué los venezolanos están celebrando?
4.- ¿Esto que está ocurriendo es intervencionismo norteamericano?
5.- Si este ataque es para comenzar la transición hacia la democracia en Venezuela, ¿por qué queda Delcy Rodríguez a cargo del poder y no Edmundo González Urrutia o María Corina Machado?
6.- ¿Qué ha pasado con Maduro y su primera sesión en la Corte de Nueva York?
7.- ¿Cuál es la perspectiva de los venezolanos en todo esto? ¿Qué les gustaría que pasara a continuación?
- Mensaje para los no venezolanos.
1.- ¿Qué pasó el 3 de enero?
El pasado 3 de enero, las fuerzas militares estadounidenses bombardearon Caracas, capital de Venezuela, y otras dos ciudades: Maracay y La Guaira. Los objetivos de estos bombardeos fueron instalaciones militares de las Fuerzas Armadas venezolanas para realizar la detención de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, las cabezas de la dictadura chavista en Venezuela.
La operación empezó en la madrugada del 3 de enero con la entrada de 150 aeronaves norteamericanas al espacio aéreo continental de Venezuela. Hay que aclarar que desde septiembre de 2025 ha habido presencia de aeronaves militares estadounidenses en espacio aéreo venezolano, pero siempre sobrevolaban las aguas —Mar Caribe—, nunca sobrevolaban tierra venezolana, o al menos, esto era lo que se veía en los radares disponibles gracias a plataformas como FlightRadar24. Sin embargo, si las aeronaves apagan sus transponder, estas plataformas no los captan. Por eso, solo podemos decir que esto es lo que se veía.
Pasadas la 1:00 a.m. comenzaron a escucharse detonaciones en distintas partes de Caracas, La Guaira y Maracay: los aviones norteamericanos bombardearon objetivos militares como el Puerto de La Guaira, la Academia de la Aviación Militar en Maracay, el Aeropuerto Militar de La Carlota y la Base Militar de Fuerte Tiuna en Caracas. Además, bombardearon antenas de telecomunicaciones en una colina llamada El Volcán en Caracas.

Entre las 150 aeronaves desplegadas por el ejército norteamericano, había helicópteros con miembros del Delta Force, que ingresaron en la residencia presidencial en la Base Militar de Fuerte Tiuna, en donde se encontraban Nicolás Maduro y Cilia Flores. Fueron apresados por estos militares y sacados del país inmediatamente. Toda la operación, en total —desde la entrada en el espacio aéreo, pasando por los bombardeos, hasta la extracción de Maduro— duró 88 minutos. Nicolás Maduro y Cilia Flores fueron llevados al buque de asalto norteamericano USS Iwo Jima, el cual los trasladó hasta la prisión de Guantánamo y de allí hasta Nueva York, en donde se realizará su juicio por una serie de cargos relacionados con el narcotráfico y el contrabando de armas.
¿Quiénes son Nicolás Maduro y Cilia Flores? Aunque se diga que Maduro es el presidente de Venezuela —así se proclamó él en su primera sesión en los tribunales en Nueva York— esto no es cierto. Maduro no es el presidente de Venezuela sino un usurpador en el cargo. Maduro perdió las elecciones presidenciales el 28 de julio de 2024 contra Edmundo González Urrutia y el 10 de enero de 2025, día que González Urrutia debía asumir la presidencia, la asumió Maduro, usurpando así el cargo. Además, Maduro está, según los cargos que EEUU le impone, directamente vinculado con el Cartel de los Soles, organización narcotraficante de la cual forman parte también varios de los miembros de su séquito dictatorial, el más reconocido entre ellos Diosdado Cabello, quién actualmente es el Ministro de Interior del gabinete ilegítimo de Maduro. También Maduro presuntamente tiene vínculos con organizaciones armadas y terroristas como lo son la FARC, el ELN, Hezbolá, Hamás, y ETA.
Cilia Flores es su esposa, y además de ser cómplice en la usurpación de Maduro como presidente ilegítimo y sus vínculos con las distintas organizaciones terroristas, es madre y tía, además de colaboradora directa, de varios narcotraficantes. El caso más viral fue el de los “Narco Sobrinos”: dos miembros de la familia Flores traficaban droga para el Cartel de los Soles con ayuda de Cilia Flores.
De aquí que varios políticos, gobiernos y figuras públicas se refieran a la dictadura chavista como un régimen “narcoterrorista”.
2.- ¿Qué sucesos llevaron a que esto pasara?
El primer responsable de toda esta situación es Hugo Chávez Frías, ex-presidente de Venezuela, fallecido en 2012. Chávez, a pesar de llegar a la presidencia en 1998 mediante unas elecciones, convirtió su gobierno —bajo el lema del “socialismo del siglo XXI”— en la dictadura más cruenta de la historia de Venezuela y una de las peores del continente americano. Chávez, antes de fallecer de un cáncer, delegó su poder en Nicolás Maduro. Le pidió a sus seguidores que, en caso de que a él le pasara algo, siguieran el liderazgo de Maduro. Desde 2013, Maduro es el heredero de la causa y del liderazgo de la dictadura chavista.

Ahora bien, Maduro no es el presidente ilegítimo de Venezuela desde 2024, después del fraude electoral que cometió con las elecciones de 28 de julio. Maduro se ha enfrentado a tres elecciones presidenciales y los tres resultados han sido fraudulentos.
En 2013 se enfrentó a Henrique Capriles Randoski —quien hoy ocupa un puesto como diputado en la Asamblea Nacional chavista— y en su momento, Capriles denunció fraude y solicitó un reconteo de los votos. La respuesta de Maduro fue quemar las papeletas de votación.
En 2018, Maduro se enfrentó a unas nuevas elecciones de las cuales la Oposición se abstuvo de participar, y por eso Maduro obtuvo la mayoría de votos. El problema es que de los 9 millones de habitantes que estaban habilitados para votar, solo votaron 3 millones. Es decir, que Maduro obtuvo la mayoría de votos pero en unas elecciones con una abstención de un 66%.
En 2024, aunque Edmundo González Urrutia ganó con 70% de los votos, el Consejo Nacional Electoral —cuyos rectores están designados por Maduro— dio unas cifras distintas, sin mostrar las actas de las cuales se obtenían esos puntos, en las que Maduro aparecía como ganador. La Oposición venezolana recolectó y habilitó en una página web pública más del 80% de las actas en las que se demuestra que González Urrutia ganó. Los resultados que demuestran el triunfo de Edmundo González Urrutia fueron avalados por el Centro Carter, además de ser reconocidos por varios gobiernos del mundo.
Un antecedente más reciente ha sido la ofensiva militar de Trump sobre Venezuela que inició a mitad de 2025. Esta ofensiva empezó como una presencia militar cada vez más creciente en el Mar Caribe. Distintos portaviones y buques de guerra norteamericanos empezaron a llenar las aguas circundantes a Venezuela, y con ellos, miles de soldados de fuerzas especiales como los Navy Seals y los Marines. Además, se registraban distintos entrenamientos de estos soldados en países cercanos marítimamente a Venezuela como Puerto Rico, Panamá y República Dominicana. Esta presencia militar comenzó a escalar cuando aviones norteamericanos comenzaron a sobrevolar aguas venezolanas, como hemos explicado anteriormente.
La ofensiva de Trump empezó con el ataque a las llamadas “narcolanchas” o embarcaciones pequeñas que salían de las costas venezolanas con cargamentos de droga y rumbo al norte. Los ataques a estas lanchas alcanzaron las 35 embarcaciones hundidas y casi 100 tripulantes fallecidos. Si bien medios de comunicación internacionales han cuestionado si realmente estas lanchas llevaban droga, medios independientes venezolanos han descubierto que las fuerzas policiales del régimen chavista han presionado a las familias de los tripulantes fallecidos para que no digan públicamente que sus allegados habían muerto en estas embarcaciones, porque eso significaría admitir públicamente que sus familiares se encontraban traficando droga y, si preguntaban por quiénes les habían dado la orden de salir con los cargamentos de droga, saldrían a relucir nombres allegados al régimen.
A finales de diciembre de 2025, las fuerzas estadounidenses explotaron una fábrica en el estado venezolano de Maracaibo, fronterizo con Colombia, puesto que, según Donald Trump, este era un laboratorio de droga. Aunque podría parecer que esta era una excusa de Trump para el primer ataque terrestre sobre Venezuela, el presidente colombiano Gustavo Petro confirmó la información, asegurando que en esta fábrica en Maracaibo el ELN tenía un laboratorio de cocaína.
La ofensiva escaló a un nivel mucho más intenso el 3 de enero con los bombardeos sobre Caracas, Maracay y La Guaira, más la extracción de Maduro y de Flores. Sin embargo, Donald Trump ha asegurado que están “listos para una segunda ofensiva” de ser necesaria.
3.- ¿Por qué los venezolanos están celebrando?
Los venezolanos no estamos celebrando el bombardeo de nuestra capital ni de otras ciudades de nuestro país. Estamos celebrando la extracción de un fugitivo de la justicia que, además de haber usurpado el cargo de presidente, es el principal responsable de:
- 800 víctimas de tortura o violencia estatal.
- 305 detenidos políticos (actualmente, más 800 se mantienen aún injustamente encarcelados y hay 68 de los cuales se desconoce su paradero después de haber sido arrestados, según la ONG Foro Penal, encargada de la defensa legal de los presos políticos).
- 000 ejecuciones extrajudiciales.
- 468 asesinatos en protestas.
- 000 casos registrados de violaciones de derechos humanos.
- 8 millones de venezolanos desplazados.
- 400 medios de comunicación censurados y cerrados.
- 90% de la población en la pobreza (50% en pobreza extrema).
- 3 elecciones presidenciales fraudulentas, sin reconocimiento oficial e internacional.
- Llevar el salario mínimo de los venezolanos a 3$ al mes.
Ahora bien, ¿por qué las celebraciones de los venezolanos por la extracción de Maduro son en ciudades como Miami, Madrid, Bogotá y un largo etc., es decir, en ciudades fuera de Venezuela? Porque en Venezuela sigue habiendo persecución política. Aunque se hayan llevado al dictador, sigue la dictadura.
El 3 de enero por la mañana el régimen chavista instauró lo que ellos llaman el “Estado de Conmoción” en Venezuela. Sin embargo, no existía hasta el 5 de enero un documento legal que explicara, entre las Leyes venezolanas, en qué consistía ese “Estado de Conmoción”. El 5 de enero, al ser publicado en Gaceta Oficial, el Estado de Conmoción declara en su artículo número 5 que: “Los órganos de policía nacionales, estadales y municipales deberán emprender de manera inmediata la búsqueda y captura en todo el territorio nacional de toda persona involucrada en la promoción o apoyo del ataque armado de Estados Unidos de América contra el territorio de la República, a los fines de su puesta a la orden del Ministerio Público y del sistema de justicia penal, con miras a su juzgamiento, con el cumplimiento de todas las garantías procesales inherentes al debido proceso y el derecho a la defensa”.
Primer problema con este artículo: se refiere a órganos policiales, pero quienes están llevando a cabo la búsqueda y captura en estos momentos en Venezuela son los llamados “colectivos”, grupos paramilitares de civiles armados por el gobierno —todos al mando de Diosdado Cabello, actual e ilegítimo Ministro de Interior—. Es decir, civiles armados actúan como funcionarios policiales sólo porque colaboran con el régimen. Esto es, por supuesto, ilegal. Pero en Venezuela hace mucho que no hay Estado de Derecho, solo hay leyes a conveniencia de la dictadura chavista.
Segundo problema con este artículo: le da carta blanca a todo colaborador del gobierno, ya sea “colectivo” o funcionario policial, de arrestar a personas que tengan cualquier tipo de indicativo que lo relacione con el ataque de EEUU el 3 de enero. Por esto, los venezolanos no están saliendo de sus casas a menos que sea estrictamente necesario, ya que hay puntos de control improvisados por los colectivos en todas las ciudades, y están borrando cualquier tipo de información relacionada con EEUU de sus teléfonos celulares —vale la pena recordar que, por la censura, los venezolanos se informan de todo lo que sucede a través de redes sociales, chats de WhatsApp, canales de Telegram y páginas web de los medios independientes—.

Para más pruebas de la falta de libertad de expresión en Venezuela, el 5 de enero se juramentaba la nueva Asamblea Nacional chavista y entre los periodistas que fueron a cubrir este acto del gobierno, 12 de ellos fueron detenidos y otros 2 fueron detenidos en otro sector de la ciudad, según el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP). Los 14 periodistas fueron liberados 24 horas después y uno de ellos fue deportado del país, aunque solo estaban cubriendo un acto protocolar chavista.
En circunstancias como esta, es imposible que los ciudadanos dentro de Venezuela puedan realmente celebrar la detención de Maduro.
4.- ¿Esto que está ocurriendo es intervencionismo norteamericano?
Sí y no. Primero, tenemos que entender a qué nos referimos con intervencionismo.
Si nos referimos a que un país entra en otro forzosamente y así “viola su soberanía” en el caso venezolano hay que tener mucho cuidado. Para explicarlo, usaré las palabras de la activista colombiana Hannah Escobar: “la pregunta relevante no es si una intervención viola la soberanía, sino qué soberanía se está defendiendo. Porque confundir al Estado con la sociedad, y al régimen con el pueblo, es uno de los errores más persistentes —y más funcionales— en la defensa indirecta de sistemas autoritarios. La soberanía popular no se preserva cuando se protege al aparato que la anuló.” Es decir, que Estados Unidos haya entrado en Venezuela para atacar al régimen chavista no es igual a atacar al pueblo venezolano. Atacar al régimen chavista es atacar a los que han estado atacando al pueblo venezolano durante 27 años, aunque eso viole el derecho internacional.
Si esto se considera intervencionismo, entonces, sí, de acuerdo, lo es, pero los venezolanos estamos agradecidos por ello, porque ningún escenario en donde Venezuela esté invadida por EEUU es peor que seguir con la dictadura chavista.
Si, por otro lado, vamos a hablar de “intervencionismo” como una “injerencia de otros Estados sobre un Estado en particular”, pues me temo que EEUU no ha sido el primer país en ser “injerencista” con el Estado venezolano. Otros países ya lo han hecho desde mucho antes de este ataque norteamericano. Para nadie es un secreto que Rusia, China, Irán y Cuba se han estado lucrando del petróleo y la minería ilegal en Venezuela a lo largo de todos los años de dictadura —sí, incluso desde tiempos de Chávez—. Además, cada uno de estos países ha estado presente de manera injerencista en distintos sectores del panorama venezolano: hay soldados rusos, cubanos e iraníes infiltrados en las Fuerzas Armadas venezolanas; hay ingenieros chinos explotando petróleo venezolano y buques transportando petróleo a Cuba sin cobrarles ni un solo céntimo, regalado por la dictadura venezolana a la dictadura cubana. Lo mismo con la minería ilegal —que, por cierto, está destruyendo el medio ambiente selvático en el sur del país—. La minería ilegal de oro, uranio, y otros metales está siendo explotada por todos estos países previamente mencionados. Incluso, todos en Venezuela saben que José Luis Rodríguez Zapatero se beneficiaba del petróleo y el oro venezolano antes de sus casos de corrupción más recientes como el escándalo del rescate económico de 53 millones de euros a la aerolínea venezolana Plus Ultra. No hay que olvidar, tampoco, la presencia de grupos armados y terroristas en el país como el ELN, las FARC, Hamás, Hezbolá y ETA en Venezuela. Grupos abiertamente apoyados por miembros del gobierno, como Tarek El Aissami, ex vicepresidente, con vínculos muy cercanos con grupos terroristas de Medio Oriente, tanto como para ofrecerles los llanos venezolanos como campos de entrenamiento.
Este “secreto a voces” que era la intromisión de personal de distintas nacionalidades infiltradas en el gobierno e instituciones venezolanas se confirmó cuando el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, aseguró que 32 cubanos perdieron la vida en los enfrentamientos que hubo durante la extracción de Nicolás Maduro de Venezuela. Pero, ¿quiénes eran estos 32 cubanos que murieron? Nada más ni nada menos que las Avispas Negras: un grupo de élite militar cubana que se había convertido en el círculo de seguridad de Nicolás Maduro. Habría que preguntarse, ¿no es acaso injerencia extranjera el que unos militares cubanos estén custodiando al “presidente” venezolano? ¿Qué diríamos si Estados Unidos enviara militares norteamericanos a defender a cualquier presidente de cualquier país europeo? ¿Si es injerencia cuando EEUU entra en países latinoamericanos, pero no lo es cuando China, Rusia, Irán, Cuba entran en distintos sectores políticos, económicos, tecnológicos y de seguridad en Venezuela?
Si queremos hablar de intervencionismo como ataques coordinados de un Estado a personas vinculadas con la política de otro país en distintas partes del planeta, sí, esto suena a cosa de la CIA, pero Maduro y su gobierno también lo han estado haciendo. Han exportado el grupo criminal llamado “Tren de Aragua” para construir una red de crímen organizado internacional. O lo que es igual, tener esbirros del régimen en el extranjero. Casos famosos de los crímenes cometidos por esta organización criminal son el asesinato del militar venezolano el teniente Ronald Leandro Ojeda Moreno, militar opositor al régimen de Maduro, asesinado por miembros del Tren de Aragua en Chile. También, más recientemente, el intento fallido de asesinato de los dos activistas venezolanos en Colombia, Luis Alejandro Peche y Yendri Velásquez, ambos activistas abiertamente opositores y uno de ellos —Velásquez— activista también por la comunidad LGBT. Es decir, Maduro, por más de izquierda que sea, tampoco respeta a las minorías.
También podríamos calificar de “intervencionismo” el hecho de que EEUU decida “dirigir” el gobierno de Venezuela mientras se realiza la transición. El argumento de Donald Trump para justificar su presencia en Venezuela es para “reconstruir la plataforma petrolera venezolana y recuperar el petróleo que nos han robado”. Podríamos pensar que esto suena a un interés descarado por parte de Trump con respecto a los recursos naturales venezolanos. El problema es que, a pesar de sus formas intervencionistas, Donald Trump tiene razón. Venezuela acumula una enorme deuda petrolera con EEUU por el caso de EXXON, petrolera que funcionaba en Venezuela y fue expulsada por Chávez y el caso Chevron, la única petrolera americana que permanece en territorio venezolano. Se comprende el tamaño de la deuda al saber que en la década de los 90 se producían 3.5 millones de barriles de petróleo al día en Venezuela y hoy se producen 1 millón. Donald Trump ha asegurado que Venezuela deberá entregarle a EEUU entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo, y que todas las ganancias recolectadas por la venta de estos barriles serán administradas por él para que ese dinero no caiga en manos del gobierno interino de Delcy Rodríguez. ¿Los venezolanos creemos en las buenas intenciones de Trump? No, pero de nuevo, preferimos que él se quede con ese dinero a que se lo queden Delcy y compañía. Si sacamos la cuenta, 50 millones de barrilles son lo que se producen actualmente en Venezuela en 50 días (antes del chavismo la producción era de 3.5 millones de barriles diarios, en el 2020 llegó a ser 394.000 barriles diarios, ahora se mantiene entre 800.000 y 1 millón).

No es mal momento para recordar la hipocresía del gobierno venezolano en este asunto. Si bien Chávez y Maduro mantuvieron siempre un discurso de “anti-imperialismo yankee”, los negocios con Washington en la venta de petróleo no se habían interrumpido, ni siquiera en los momentos más álgidos en la relación entre EEUU y Venezuela, y mucho de ese dinero lo usó la dictadura para financiarse y comprar aliados.
A los venezolanos no les importa, por varias razones, que EEUU quiera recolectar el petróleo que se le debe por la deuda y que quiera llevarse de más. La primera es que los venezolanos vemos el petróleo como una “riqueza perdida” porque desde la época de Chávez se le había estado regalando a otros países como Cuba, Rusia, China e Irán. También, los venezolanos entendemos que Trump no iba a intervenir en Venezuela de gratis, algo tenía que obtener a su favor. Si eso es el petróleo, pues bien, este recurso natural se convierte en nuestra “moneda de pago” por el “rescate” que EEUU realizó: ellos nos quitan al dictador y nosotros les pagamos con petróleo. Y la tercera razón es una que poca gente menciona, pero es que a pesar de que Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del planeta, es un petróleo crudo, pesado, que no se puede exportar así como así. Debe ser procesado en refinerías antes de movilizarse, de otra manera, sería completamente inservible. Y, por la situación de decadencia generada en el país a raíz de la corrupción de la dictadura venezolana, las empresas petrolíferas en Venezuela están destruidas. Por lo tanto, cuando Estados Unidos dice que invertirá dinero en la reconstrucción del sector petrolero en Venezuela para tomar el petróleo que le pertenece, está haciéndonos un favor: está reconstruyendo la infraestructura del principal sector económico del país que el chavismo destruyó para cobrarse su deuda y su “rescate”. Sin embargo, las empresas petroleras norteamericanas dicen que hasta que no haya estabilidad política y seguridad social en Venezuela, ellos no van a empezar su actividad en suelo venezolano.
En realidad, a los venezolanos más que preocuparnos el petróleo, nos preocupan nuestras familias y amigos en el país. Nos preocupa que la vida en Venezuela se convierta en una versión aún peor de la dictadura que ya estábamos viviendo, cosa que solo puede pasar si Delcy y su combo siguen en el poder, no porque EEUU empiece a “dirigir” el país.
La pregunta válida ante este escenario sería: pero, ¿y el derecho internacional dónde queda? La pregunta que muchos venezolanos se hacen es ¿dónde ha estado el derecho internacional durante los 27 años de dictadura? Sí, se ha denunciado al régimen de Maduro en instituciones internacionales como las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, hasta la Corte Penal Internacional. Pero, ¿dónde estaba el derecho internacional cuando la Comisión Internacional de Derechos Humanos enviaba representantes a Venezuela y el gobierno los deportaba en el aeropuerto? ¿Dónde estaba el derecho internacional cuando se expuso que Karim Kahn, Fiscal jefe de la Corte Penal Internacional hasta agosto de 2025, tenía relación directa con el gobierno de Nicolás Maduro? ¿Dónde estaba el derecho internacional cuando los gobiernos de distintos países alzaron la voz para denunciar lo que ocurría en Venezuela y otros decidieron ignorar o aprovecharse de la situación para hacer negocios con la dictadura venezolana? Un rápido vistazo a las declaraciones de Hugo “El Pollo” Carvajal, ex director de inteligencia del régimen chavista, preso en EEUU, señala la cantidad de partidos políticos y organizaciones que fueron financiadas con dinero de la dictadura venezolana. Si el mundo sabe que esos grupos se sostienen por financiación ilegal, con dinero manchado con sangre, ¿qué pasa que el derecho internacional no actúa hacia ellos?
La mayor tristeza que nos produce a los venezolanos con el tema del derecho internacional es la sensación de que, aunque se tocaron todas las puertas, nadie hizo nada por nosotros. Nosotros ansiamos, deseamos, queremos en el futuro más cercano gozar de los beneficios de lo que todos entendemos por derecho internacional: instituciones que funcionen, rendición de cuentas nacional e internacionalmente, pero nos parece que ha habido piedras de tranca en el camino, no todas por mala fe, sino por el funcionamiento del sistema. Por ejemplo: sí, la Comisión Internacional de Derechos Humanos expuso una lista de los 8.000 crímenes de lesa humanidad cometidos en Venezuela, y sin embargo, los presos políticos siguen tras las rejas. Sí, el Consejo de Seguridad de la ONU se ha reunido en varias oportunidades para lidiar con el tema de Venezuela, pero, ¿cómo se podían tomar acciones contundentes desde allí si China y Rusia son miembros del Consejo con poder de veto y son principales aliados de la dictadura?
Esto con respecto al panorama internacional, pero internamente, si para algo ha funcionado esta ofensiva de Estados Unidos es para que, desde agosto de 2025, nos diéramos cuenta como ciudadanos de que sí, lo intentamos todo democráticamente hablando, para sacar nosotros mismos a la dictadura del poder; pero también nos dimos cuenta de que esto sería imposible llevarlo a cabo por nuestras propias manos. Si Maduro se mantuvo en el poder durante más de cuatro meses, sin temblar, cuando tenía más doce buques de guerra de Estados Unidos en la frontera, ¿cómo lo íbamos a sacar nosotros con protestas pacíficas? La oposición y la ciudadanía venezolana gastaron todas las opciones democráticas: se intentaron varias mesas de diálogo en Oslo y en Barbados —y ya vimos cómo reaccionó Noruega ante el haber sido burlados como mediadores en estos diálogos, tan solo hace falta ver el discurso del Presidente del Comité del Premio Nobel este año—; las protestas pacíficas han dejado un saldo de casi 500 asesinatos, con un promedio de edad entre los fallecidos de aproximadamente 27 años. Se ganaron unas elecciones en condiciones no democráticas, las condiciones que impuso el régimen en 2024, y después de que se ganaron, después de que se mostraron las actas que verificaban ese triunfo, ¿qué hizo la comunidad internacional? Reconocer a Edmundo González Urrutia, sí, y aun así, el presidente electo se encuentra exiliado en España y la vicepresidenta —María Corina Machado— perseguida políticamente y tuvo que vivir 10 meses en clandestinidad. El día después de estas elecciones, la gente salió espontáneamente a protestar por el fraude de Maduro y 2000 personas fueron apresadas injustamente, entre ellas varios menores de edad. Lastimosamente, los comunicados emitidos por distintos gobiernos a lo largo del planeta a raíz de esta situación no representaron ninguna diferencia en la cruenta realidad venezolana.
Por eso, la pregunta que nos hacemos los venezolanos es: sí, esto fue Estados Unidos atacando territorio venezolano y sí, si quieren llamémosle “invasión”, pero, ¿qué otra opción nos quedaba? ¿Cuál era la alternativa para el pueblo venezolano? ¿Qué otra cosa podía hacerse ante semejante panorama, cuando todas las opciones legales y democráticas no han dado resultado?
Que, hablando del ataque de EEUU a Venezuela, con respecto al bombardeo en Caracas, me gustaría ofrecerles el siguiente balance: en los últimos 40 años Caracas ha sido bombardeada solo en dos ocasiones. La más reciente, el 3 de enero de 2026 por las tropas norteamericanas, dejando un saldo de 77 muertos: 43 militares venezolanos, 32 militares cubanos y 2 civiles: una en Caracas por un infarto y una en La Guaira por la onda expansiva de uno de los ataques. El otro bombardeo que ha sufrido Caracas fue el 27 de noviembre de 1992 en manos de la Aviación venezolana, dirigida por Hugo Chávez en su Golpe de Estado fallido contra el presidente Carlos Andrés Pérez. Este ataque dejó, entre civiles y militares, un saldo de 300 fallecidos. Así que, antes de que Chávez llegara al poder, ya tenía las manos manchadas de sangre venezolana.
Otra cosa que se le critica a Trump es la ilegalidad de su acción. Es cierto que Trump actuó sin aprobación del Congreso, pero también es cierto que Obama cuando llevó a cabo las operaciones en las que mataron a Osama Bin Laden y a Gadafi, líder de Libia, ambas en 2011, tampoco ninguna contó con la aprobación del Congreso. Lo mismo con los bombardeos que Biden ordenó sobre territorio iraní en 2023. Trump no tenía la aprobación del Congreso cuando asesinó en enero de 2020 a Qasem Soleimaini, alto mando militar iraní. En el caso de Maduro podemos decir que, al menos, aunque haya sido una acción ilegal porque no contaba con la aprobación del Congreso, el perseguido por la administración de Trump fue extraído con vida y tendrá derecho a un proceso legal donde se respetará su dignidad humana como detenido, cosa que ninguno de los presos políticos en Venezuela ha experimentado.
5.- Si este ataque es para comenzar la transición hacia la democracia en Venezuela, ¿por qué queda Delcy Rodríguez a cargo del poder y no Edmundo González Urrutia o María Corina Machado?
Lo primero que debemos aclarar es quién es Delcy Rodríguez. Una pista, no es una mujer que le agrade a los venezolanos. Ella es la actual vicepresidenta de Maduro, aunque ha ostentando más cargos en la dictadura chavista, y es hermana de Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional venezolana. Juntos han sido los escritores de la fachada democrática de Chávez y de Maduro, han sido los arquitectos intelectuales de las torturas y la persecución política en Venezuela, además de ser los principales responsables del exilio de Edmundo González Urrutia a España (que no se nos olvide que estos hermanos irrumpieron en la embajada española, que el embajador español les permitió la entrada sabiendo que estaban persiguiendo a González Urrutia, y lo amedrentaron para que este se marchara del país).
Después de la extracción de Maduro, Delcy Rodríguez queda como presidente interina de Venezuela, con aprobación de EEUU, y existen varios factores que pueden explicar esta situación.
En primer lugar, aunque no está completamente confirmado, parece que fueron Delcy y Jorge Rodríguez los que vendieron a Maduro a los Estados Unidos. Ya en septiembre de 2025 se supo de una negociación entre Donald Trump y el representante de los Rodríguez: el empresario venezolano Alberto Vollmer, y estos le ofrecían a Trump un trato en el que ellos le daban a Maduro y Trump los dejaba en el poder. La respuesta de Trump a esta propuesta fue negativa.
Sin embargo, meses después, cuando se realiza el ataque, Trump dice que prefiere negociar con Delcy Rodríguez y que Marco Rubio, Secretario General del Estado de EEUU, ya está en comunicación con ella. No se sabe a ciencia cierta si fue ella quién lo entregó, sobre todo cuando Marco Rubio y Trump dicen haberse ahorrado la recompensa de 50 millones que había por la cabeza de Maduro. Pero sí es cierto que existían, previamente, comunicaciones entre los Rodríguez y Washington con la intención de traicionar a Maduro.
Por otra parte, si atendemos a la Constitución —aunque el régimen chavista tenga años gobernando sin prestar atención a la Carta Magna venezolana— Delcy Rodríguez es la vicepresidente actual del gabinete de Maduro, y según la ley en Venezuela, en caso de ausencia del presidente, es el vicepresidente quien debe tomar el mando. En caso de ausencia del presidente y del vicepresidente, es el presidente de la Asamblea Nacional quien debe tomar el mando, y en este caso, el presidente de la Asamblea Nacional es Jorge Rodríguez, hermano de Delcy. Por lo tanto, el poder queda en familia.

Esto es un factor importante porque, ahora, sin Maduro, el chavismo se divide en tres bandos: el de los hermanos Rodríguez, leales a Cuba y con control sobre las empresas petroleras en Venezuela, el de Vladimir Padrino López, Ministro de la Defensa y General en Jefe de las Fuerzas Armadas en Venezuela, y Diosdado Cabello, Ministro de Interior, “capo” narcotraficante del Cartel de los Soles y líder de los llamados “colectivos” (fuerzas paramilitares de civiles armados). Cabello también, por su cargo de Ministro, está al mando de los varios cuerpos de policía e inteligencia dentro del país, como lo son el DGCIM (Dirección General de Contra Inteligencia Militar) y el SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional), principales responsables del arresto, custodia y tortura de los presos políticos.
La Oposición en Venezuela goza de gran popularidad, como se ha demostrado en las elecciones primarias de 2023 en las que María Corina Machado se alzó con un 93% de los votos, y en las elecciones presidenciales en las que, como María Corina Machado fue inhabilitada por el régimen y no pudo presentarse como candidata, se presentó Edmundo González Urrutia como su sustituto y ganó con 70% de los votos frente al 30% que obtuvo Maduro. Sin embargo, ni Machado ni González tienen control sobre los grupos armados en el panorama venezolano: el Ejército y los “colectivos”, ambos en manos del régimen. En estos momentos, Delcy Rodríguez está respaldada por Estados Unidos —aunque bajo amenaza, ya dijo Trump que “le espera un futuro peor que el de Maduro si no hace lo que le decimos”—. Diosdado Cabello, a cargo de los “colectivos”, está perseguido por la DEA, por lo que las únicas posibilidades para él son: permanecer en Venezuela con su “reinado del terror” o ser apresado por EEUU —aunque algunos sostienen que es un hombre de personalidad tan arrogante que primero muerto antes que dejarse arrestar—. Y en el medio, está Padrino López, quien debe decidir a quién respaldar: a los hermanos Rodríguez, y por lo tanto, darle el mando del Ejército a ellos y, si ellos siguen las directrices de Washington, es entregarle las Fuerzas Armadas venezolanas a EEUU; o a Diosdado Cabello y convertirse en enemigo declarado de Trump y su administración. Parece que la apuesta de Trump y Marco Rubio es que Delcy obedezca los mandatos de Washington y negocie con Padrino para enfrentarse a Cabello.
Habrá que ver cómo se comporta Delcy Rodríguez en estos momentos, si realmente colaborará con EEUU o se burlará de Trump como el chavismo ya se ha burlado de otros mediadores internacionales. El criterio es el que Marco Rubio señaló en su rueda de prensa junto a Trump el 3 de enero de 2026: “la juzgaremos por sus acciones”. También es cierto que Trump advirtió que están listos para “una segunda ofensiva” en Caracas por si las cosas no van como ellos lo esperan.
Aunque en los últimos días Delcy ha mantenido un discurso grandilocuente, hablando de que Maduro es el presidente legítimo de Venezuela y que a ella nadie la amenazará porque su trabajo es defender la revolución bolivariana, una de sus primeras acciones ha sido notoria: ha detenido al director del DGCIM (cuerpo de inteligencia que controla Diosdado Cabello) y lo ha sustituido con otro militar. El director anterior parece estar detenido por órdenes de Delcy Rodríguez. Esto es llamativo porque parecería que Rodríguez querría apropiarse de estas fuerzas internas y arrebatárselas a Cabello.
Los venezolanos queremos una transición hacia la democracia lo más pronto posible, pero entendemos que el contexto de violencia impune que hay en el país y el comportamiento de los distintos bandos chavistas dentro del Estado es como una guerra de pandillas, y para controlar esta situación hay dos opciones: o que los mismos chavistas se disuelvan entre ellos bajo la vigilancia de EEUU o que María Corina Machado y Edmundo González Urrutia se encarguen de ellos. Pero el enfrentarse a estos grupos armados, estando ellos desarmados, sería muy difícil.
Esta es una de las razones por la cual poner a Edmundo González Urrutia y/o a María Corina Machado en el poder podría no ser lo más adecuado en este momento. Con Diosdado libre y a cargo de los “colectivos”, enfrentado abiertamente a Estados Unidos, y con un Padrino López que no se sabe en dónde está parado, y por lo tanto, en qué posición está el Ejército venezolano, poner a María Corina Machado o a Edmundo González Urrutia sería quemarlos políticamente. Estos hombres y mujeres armados que actúan impunemente en Venezuela los derrocarían de inmediato, ya que Machado y González representan la antítesis del chavismo, y si en algo es bueno el chavismo, es peleando por su supervivencia, cueste lo que le cueste.
Podríamos decir entonces que este es el momento de —quienes hayan leído La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa me entenderán— Balaguer. En República Dominicana, después de que fuera asesinado el dictador Rafael Leónidas Trujillo el 30 de mayo de 1961 por hombres armados por la CIA, no ascendió al poder el hombre más popular, Juan Bosch, sino el trujillista Joaquín Balaguer. Después, en 1962, Bosch llegó al poder por la vía electoral y aun así fue derrocado al año siguiente. Por lo tanto, Delcy Rodríguez parecería ser la Balaguer venezolana. Delcy Rodríguez no es el futuro de Venezuela, sino el “amortiguador temporal” hasta que se alcancen las condiciones que permitan la entrada de verdaderos actores democráticos en el poder, como lo son González Urrutia y Machado y la estabilidad para que estos no sean derrocados más adelante.
Además, si ya a Trump se le critica por su actuación intervencionista, colocar a María Corina Machado sería quemarla políticamente también porque, de cara al mundo, se convertiría en algo que no es. María Corina Machado es, indiscutiblemente, la líder de la sociedad civil venezolana en estos momentos, y Edmundo González Urrutia es el presidente electo. Ahora bien, si Trump saca a Maduro y lo primero que hace es otorgarle el poder a María Corina Machado, aunque se lo merezca, parecería que Machado se convierte en títere de Trump, cuando realmente no es así. El hecho de haberla ninguneado en su rueda de prensa, a pesar del irrespeto con el que se refirió a ella, la declaración de que “Machado no cuenta con el apoyo y el respeto del pueblo venezolano” es una mentira y Trump lo sabe. Podría decirse, más bien, que Machado no cuenta con todo el apoyo del Ejército venezolano ni de los “colectivos”. Pero este “ninguneo”, paradójicamente, podría blindar a la figura de Machado. Sería como poner un corta fuego entorno a ella y así alejarla de la figura de Trump. Si esta intervención sale mal, ella no va a ser la Premio Nobel de la Paz que se vio involucrada en una acción militar contra su propio país. Sería Trump el único responsable. Se ve entonces que entre el presidente de EEUU y la líder de la Oposición no hay ninguna relación, y esta operación no ha sido un “quito a un presidente para poner al que me conviene” por parte de Trump, sino la cacería y la captura por parte del gobierno de EEUU de unos delincuentes internacionales como lo son Nicolás Maduro y su mujer.
Esto coincide, además, con las palabras de Marco Rubio el 7 de enero de 2026, cuando explicó en detalle el plan que Estados Unidos ha trazado para su “dirección” en Venezuela. Ha hablado de un proceso en tres fases: estabilización —a través de lo que él llama “cuarentena” refiriéndose a los buques incautados y sancionados que no pueden transportar petróleo y a los 50 millones de barriles que tomarán de crudo venezolano—; recuperación —esto es, garantizar condiciones de seguridad y estabilidad para que empresas norteamericanas entren a explotar petróleo en Venezuela, la amnistía que le permita a los miembros de la Oposición volver al país o salir de la clandestinidad, y la liberación de los presos políticos— y transición —de esta no ha dado detalles, pero podemos suponer que se trata de convocar elecciones—.
6.- ¿Qué ha pasado con Maduro y su primera sesión en la Corte de Nueva York?
Nicolás Maduro se presentó el lunes 5 de enero de 2026 en la Corte de Nueva York para su primera sesión en el juicio en su contra. Lo que cuentan los presentes es que se le veía desafiante, a diferencia de su mujer, quien sí se veía rota —tanto que se le vio con un ojo hinchado y cortes en la frente, se pidió asistencia médica tanto para ella como para Maduro—. Maduro y Flores se declararon inocentes de los cargos de los que se les acusa. Maduro, además, declaró ser “un hombre decente y aún soy presidente de mi país”.

El abogado de Maduro será Barry Pollack, el abogado que asistió a Julian Assange en el caso “Wikileaks”. El abogado de Flores será Mark Donnelly, quien ha trabajado 12 años en el Departamento de Justicia y cuenta con ocho años de experiencia como fiscal en Houston. El juez encargado de este caso es Alvin Hellerstein, de 92 años. Ha tratado varios casos de crimen organizado y delitos transnacionales, como el caso de “El Pollo” Carvajal, ex miembro jefe de los servicios de inteligencia chavistas, quien actualmente se encuentra preso en EEUU.
Hubo un altercado en esta primera sesión, pues, al finalizar, cuando Maduro y Flores se retiraban de la sala, uno de los hombres presentes en la sala, identificado por otros venezolanos como un ex preso político que ahora vive en el exilio, le gritó a Maduro: “¡Pagarás por todo lo que le has hecho a los venezolanos!”. Este hombre fue detenido por los oficiales de seguridad de la Corte y probablemente se le impida el acceso a futuras sesiones, pero su comentario hizo crecer la tensión en la sala. La siguiente presentación de Maduro y Flores en los juzgados será el 17 de marzo de 2026.
7.- ¿Cuál es la perspectiva de los venezolanos en todo esto? ¿Qué les gustaría que pasara a continuación?
Los venezolanos tenemos la certeza de que se han llevado al dictador pero sigue la dictadura. La creciente persecución en Venezuela es la muestra de ello. Vivimos con una alegría cautelosa: alegres por el arresto de Nicolás Maduro y Cilia Flores pero cautelosos ante un escenario que no ha terminado de desarrollarse. Más cautelosos aún están los venezolanos dentro de Venezuela por el aumento de la represión y persecución dentro del país: los ciudadanos han llegado al extremo de tener que borrar el contenido de sus teléfonos celulares para que los “colectivos” que patrullan las calles no consigan mensajes que puedan demostrar su alegría ante los recientes acontecimientos y que eso sirva como excusa para ser arrestados.

Además, la generación X venezolana recuerda con claridad el “Carmonazo”, un Golpe de Estado que se le dio a Hugo Chávez en el año 2001. Este Golpe sacó al mandatario del poder, pero Chávez volvió a la presidencia 3 días después. Los venezolanos más jóvenes recuerdan el fallecimiento de Chávez, y la alegría de haber creído que todo había terminado con su muerte, pero en realidad, todo fue a peor con la llegada de Maduro al poder. Por lo tanto, el pasado nos hace sentir cierto temor a que esto no sea un final para la dictadura sino una interrupción del liderazgo, pero una continuidad del régimen en el poder.
Lo que queremos los venezolanos es que se lleve a cabo la transición hacia la democracia de la manera más rápida y pacífica posible. Si esto nos obliga a permanecer un tiempo bajo el mandato de EEUU y la incautación de nuestro petróleo, lo aceptaremos. Lo que nadie quiere es que se perpetúe el chavismo, pero con un rostro nuevo, en este caso el de Delcy Rodríguez.
Existen cinco indicadores que, para los venezolanos, representarían verdaderas señales de que efectivamente se está llevando a cabo el cambio que todos tanto ansiamos:
- La detención o la deportación del resto de la cúpula chavista. El saber que personajes como Delcy Rodríguez, perpetradora junto a su hermano, Jorge Rodríguez, de las torturas a los presos políticos en los centros de detención, Diosdado Cabello con su largo expediente de violencia y narcotráfico, Vladimir Padrino, pieza clave de los abusos de poder por parte del Ejército, o Alexander Granko, jefe de la Dirección de Asuntos Especiales (DAE) de la DGCIM, uno de los torturadores más viles del chavismo, siguen libres nos hace saber que esto no ha terminado. Ellos son los que siguen manteniendo en pie el régimen chavista aunque la cabeza haya desaparecido. Y con ellos, exigimos también que aquellos que hayan perpetrado crímenes de lesa humanidad y violaciones contra los Derechos Humanos en Venezuela rindan cuentas de sus acciones.
- La liberación de los presos políticos y el cierre de todos los centros de tortura. En Venezuela actualmente existen más de 800 presos políticos, de los cuales 68 se desconoce su paradero. Que estos hombres y mujeres injustamente detenidos solo por expresar su opinión y por trabajar por un país mejor sean liberados y que puedan regresar con sus familias sería un gran indicativo que avanzamos en un camino democrático, cosa digna de celebración. Es cierto que Trump dijo el 6 de enero que cerrará El Helicoide —centro de torturas más grande de Latinoamérica— pero hasta ahora, esto no se ha llevado a cabo.
- El retorno de los exiliados a Venezuela sin ningún tipo de persecución política cuando lleguen al territorio. Empezando por Edmundo González Urrutia, presidente electo en 2024, María Corina Machado, su equipo y el resto de miles de exiliados repartidos por el mundo.
- La restauración de la libertad de expresión en el país. Que los más de 400 medios de comunicación que han sido cerrados por la censura en Venezuela vuelvan a abrir, o que recuperen las líneas editoriales que tenían antes de ser tomados por el régimen, para que informar ya no sea un riesgo ni un delito.
- Respeto al resultado de las elecciones de 2024 o elecciones libres. Este es un tema complicado. Los venezolanos ya votamos en 2024, escogimos a Edmundo González Urrutia como nuestro presidente y nos gustaría que se respetara este mandato. Sin embargo, algunos manejan la teoría de que en Washington están planeando llevar a cabo elecciones libres en Venezuela, ya que, es verdad que las elecciones de 2024 se realizaron en condiciones no democráticas (candidatos inhabilitados, no pudieron votar millones de venezolanos en el exterior, no permitieron la entrada de observadores internacionales). Lo positivo de ir a unas nuevas elecciones con todas las garantías democráticas es que María Corina Machado ya no estaría inhabilitada, por lo que podría presentarse como candidata a la presidencia. Además, los venezolanos en el exterior podrían votar, y todo este proceso podría realizarse bajo la supervisión de observadores internacionales que garanticen la transparencia del proceso y que habían sido expulsados del país en ocasiones anteriores por el régimen chavista.
Al final, lo que pedimos los venezolanos, dentro y fuera del país, es lo mismo que aseguró el Papa León XIV en su mensaje del Ángelus el domingo 4 de enero: “el bien del amado pueblo venezolano debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración y llevar a superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el estado de derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno, y trabajando para construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia, con especial atención a los más pobres que sufren a causa de la difícil situación económica”.
Mensaje para los no venezolanos…
Les pedimos, lectores no venezolanos, que estén pendientes de sus amigos venezolanos. Son momentos complicados que atravesamos tanto emocional como psicológicamente. La mezcla de sentimientos es muy compleja: desde alegría contenida hasta miedo e incertidumbre, pasando por frustración ante las posturas de unos y otros que no respetan la experiencia venezolana, y el entender que varias cosas pueden ser verdad a la vez: es verdad que podemos no estar de acuerdo con todo lo que Trump haga como líder populista, pero también es cierto que no podemos dejar de estar agradecidos por haber arrestado a Nicolás Maduro, aunque la forma de hacerlo pueda ser cuestionable.
Amigos no venezolanos, sigan las noticias y si tienen preguntas sobre lo que sucede, hágannoslas, estaremos encantados de explicarles. Escuchen a sus amigos venezolanos, hagan suyas sus experiencias para comprender mejor lo que sucede. Por favor, no dejen que la poca simpatía ideológica que puedan sentir hacia ciertas figuras los haga sordos ante las vivencias de los venezolanos. O peor, no reduzcan la experiencia venezolana a un discurso que puedan usar como arma arrojadiza hacia sus adversarios políticos. No dejemos que los oportunistas hagan negocios de dinero o likes con la bandera venezolana.
Y, sobre todas las cosas, no se olviden de nosotros. Los venezolanos en el exterior pueden alzar la voz, pero los venezolanos dentro del país no por la gran persecución que se vive. Si los pueblos del mundo les han exigido a sus gobiernos que tomen ciertas posturas ante conflictos en otros países, ustedes también pueden pedirles que pongan su atención en Venezuela y tomen una postura firme. Ustedes también pueden hacer suya la causa venezolana, siempre abogando por la paz, la democracia y la libertad en el país.
Por favor, tampoco nos exijan soluciones políticas y diplomáticas de una pureza moral extrema, perfectas en la abstracción de los conceptos políticos y de derecho, pero imposibles en la realidad concreta venezolana. Como dijo Jørgen Watne Frydnes, en su discurso como Presidente del Comité del Premio Nobel: “Es fácil aferrarse a los principios cuando lo que está en juego es la libertad de otros. Pero ningún movimiento democrático actúa en circunstancias ideales. Los líderes activistas deben afrontar y resolver dilemas que quienes observamos desde fuera podemos permitirnos ignorar. Quienes viven bajo una dictadura a menudo tienen que elegir entre lo difícil y lo imposible. Sin embargo, muchos de nosotros –desde una distancia segura– esperamos que los líderes democráticos de Venezuela persigan sus objetivos con una pureza moral que sus adversarios jamás muestran. Esto no es realista. Es injusto.”
Los venezolanos tenemos la esperanza de que este es el comienzo del fin, pero sabemos que aún queda un largo trecho por recorrer. Por favor, no nos dejen solos en este camino hacia la libertad. Porque la libertad del pueblo venezolano beneficia no solo a Venezuela, sino a todos aquellos que creemos en la democracia, en la justicia, en la libertad, en el bien. Al final, como señaló María Corina Machado en su discurso al recibir el Premio Nobel de la Paz: “la democracia es esencial para la paz. Y lo más importante, el principal aprendizaje que los venezolanos podemos compartir con el mundo es la lección forjada a través de este largo y difícil camino: si queremos tener democracia, debemos estar dispuestos a luchar por la libertad. La libertad se conquista cada día, en la medida en que estemos dispuestos a luchar por ella. Esa es la razón por la cual la causa de Venezuela trasciende nuestras fronteras. Un pueblo que elige ser libre no solo se libera a sí mismo, sino que contribuye con toda la humanidad.”
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