Una dulce mentira

Cultura · Juan Orellana
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12 abril 2011
El veterano director Pierre Salvadori nos brinda una comedia muy francesa pero gratificante protagonizada por Audrey Tatou. El cineasta vuelve a la comedia de malentendidos que ya bordó en Un engaño de lujo. Tatou encarna a Emilie, una peluquera que trata de ayudar a su madre, la cual lleva cuatro años deprimida por el abandono de su esposo. Emilie piensa que con una mentira puede levantar el ánimo de su madre, pero la mentirijilla se le va de las manos y acaba metida en un lío de dimensiones catastróficas.

La película tiene algo de fábula con moraleja, no sólo en el sentido de que muestra de forma muy divertida las consecuencias de la manipulación y la mentira, sino que perfila con mucho acierto cómo pueden cambiar las personas cuando se sienten utilizadas de forma instrumental. Afortunadamente el cinismo no tiene la última palabra, y el final hace honores a la comedia romántica más clásica.

Al portentoso trabajo de Audrey Tatou se añaden los magníficos trabajos de Nathalie Baye y especialmente de Sami Bouajila, auténtica revelación del film. La película está rodada con mucho oficio, muy mimada su puesta en escena y con momentos brillantes, como el de las sombras chinescas. Aunque el final se demora en exceso y no se puede decir que la película sea eminentemente hilarante, lo cierto es que es entretenida, simpática y deja un buen sabor de boca.

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