Una corrosiva falta de sinceridad

España · Rafael Izquierdo
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12 septiembre 2019
Cuando Sánchez estaba en la oposición criticaba con acierto que Rajoy huyera del control parlamentario. El PSOE recurrió al Tribunal Constitucional porque durante los diez meses en los que el líder del PP estuvo en funciones no se sometió al control del Parlamento. El Constitucional le dio la razón. Nuestra democracia es una democracia representativa que otorga al Congreso, entre otras, la función de controlar al Ejecutivo y no es excusa que esté en funciones. Antes de que triunfara su moción de censura, Sánchez prometió que le iba a dar al Congreso la centralidad que se merecía. Pero han hecho falta seis meses para que Sánchez haya comparecido en el Congreso para dar explicaciones de los últimos Consejos Europeos.

Cuando Sánchez estaba en la oposición criticaba con acierto que Rajoy huyera del control parlamentario. El PSOE recurrió al Tribunal Constitucional porque durante los diez meses en los que el líder del PP estuvo en funciones no se sometió al control del Parlamento. El Constitucional le dio la razón. Nuestra democracia es una democracia representativa que otorga al Congreso, entre otras, la función de controlar al Ejecutivo y no es excusa que esté en funciones. Antes de que triunfara su moción de censura, Sánchez prometió que le iba a dar al Congreso la centralidad que se merecía. Pero han hecho falta seis meses para que Sánchez haya comparecido en el Congreso para dar explicaciones de los últimos Consejos Europeos.

La comparecencia de Sánchez había despertado mucha expectación porque era el primer cara a cara entre Iglesias y Sánchez después de la bronca sesión de no investidura del pasado 22 de julio. Después del fracaso de la no-negociación del lunes, no hubo novedades. Iglesias le reprochó a Sánchez que hubiese recurrido a una simulación, pero después le volvió a tender la mano para una última negociación. Y Sánchez le respondió que de negociación cara a cara nada y que ya hay equipos negociadores. Lo peor de todo no es el cansancio, lo peor no es que nos lleven a unas elecciones, lo peor no es que estén utilizando las instituciones en provecho propio. Lo peor es la falta de sinceridad que tiene mucho de cinismo. Lo peor es que el secretario general de los socialistas y presidente en funciones asegurara que no quiere unas elecciones. Bien está que Sánchez intente convencer a todo el mundo de que la culpa de que haya nuevos comicios no es suya. Pero su lenguaje cínico, ese lenguaje alejado en millones de años luz de una palabra verdadera, corroe la vida pública. Todos sabemos que Sánchez no ha hecho esfuerzo alguno para evitar las elecciones. Sánchez quiere elecciones y Rivera sigue empeñado en ser el líder de la oposición por más que los números no le salgan. Como en la campaña electoral, le sigue exigiendo a Sánchez condiciones de imposible cumplimiento. Ayer, en un ejercicio retórico, dijo estar dispuesto a hablar con Sánchez si aplicaba el 155. A Rivera, que siempre le fueron bien las encuestas, ahora le van mal. Muchos de sus electores no entienden que no haya estado dispuesto a investir y moderar a Sánchez.

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