Un crucifijo bañado por las lágrimas del cielo

Mundo · Andrea Tornielli
Me gusta 47
30 marzo 2020
El protagonista de la oración que la noche del viernes 27 de marzo –un anticipo del Viernes Santo– celebró el papa Francisco en una plaza de San Pedro vacía y sumergida en un silencio irreal, fue él. El crucifijo, con la lluvia regando su cuerpo, como añadiendo a la sangre pintada en la madera esa agua que el Evangelio nos cuenta que manó de la herida causada por la lanza.

El protagonista de la oración que la noche del viernes 27 de marzo –un anticipo del Viernes Santo– celebró el papa Francisco en una plaza de San Pedro vacía y sumergida en un silencio irreal, fue él. El crucifijo, con la lluvia regando su cuerpo, como añadiendo a la sangre pintada en la madera esa agua que el Evangelio nos cuenta que manó de la herida causada por la lanza.

Ese Cristo crucificado que sobrevivió a las llamas, que los romanos sacaban en procesión contra la peste, ese Cristo crucificado que san Juan Pablo II abrazó durante la liturgia penitencial del Jubileo del año 2000, fue el protagonista silencioso e inerme en el centro de un espacio vacío. Hasta María, Salus populi Romani, encapsulada de tal manera que la lluvia oscureció su imagen, parecía querer ceder el paso, casi desaparecer humildemente, frente a Él, elevado a la cruz para la salvación del mundo.

El Papa parecía minúsculo, curvado, cansado y en soledad mientras subía los escalones del atrio, haciendo suyos los dolores del mundo para ofrecerlos a los pies de la cruz. “Maestro, ¿no te importa que perezcamos?”. La angustiosa crisis que estamos viviendo con la pandemia “desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades” y “ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: despierta, Señor”.

La sirena de una ambulancia, una de las muchas que en estas horas atraviesan nuestros barrios para socorrer a nuevos contagiados, acompañó a las campanas en el momento de la bendición eucarística Urbi et Orbi, cuando el Papa, solo, volvió a asomarse a una plaza desierta y fustigada por la lluvia para hacer la señal de la cruz con la custodia. El protagonista volvía a ser Él, ese Jesús que al inmolarse quiso hacerse alimento para nosotros y hoy vuelve a repetirnos: “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?… No tengáis miedo”.

Vatican News

Noticias relacionadas

Argelia, tierra fértil de diálogo y memoria cristiana
Mundo · Michele Brignone | 0
La visita del papa León a este país norteafricano ha vuelto a poner de relieve el tema del encuentro con los musulmanes, evocando al mismo tiempo el legado de San Agustín y el testimonio de grandes figuras cristianas del siglo XX...
24 abril 2026 | Me gusta 0
Cómo vivir en estos tiempos confusos
Mundo · Adriano Dell'Asta | 0
En un mundo dominado por las superpotencias y los sistemas de inteligencia artificial, ¿qué lugar le queda al ser humano? El ser humano, dice el Papa, puede y debe afirmar activamente que todo depende de su elección moral y de su pasión por lo infinito....
22 abril 2026 | Me gusta 0
María Corina Machado en Madrid, ejercer la libertad a la venezolana
Mundo · Isabella García-Ramos Herrera | 2
El 18 de abril, decenas de miles de venezolanos recibieron a María Corina Machado en la Puerta del Sol en Madrid, después de que esta se reuniera con Isabel Díaz Ayuso y recibiera la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid junto con Carolina González, en representación de su padre, el...
21 abril 2026 | Me gusta 4
Mejor comprender que defender a León XIV
Editorial · Fernando De Haro | 0
Trump insulta al Papa y muchos salen en su defensa. Bien. Pero defenderse de Trump no es suficiente. La posición de León XIV nace de algo más hondo que un imperativo moral, y entenderlo es el verdadero desafío....
20 abril 2026 | Me gusta 2