HISTORIA: UNA VENTANA AL PASADO

SUDÁFRICA: las fuerzas que cambian la historia son las que cambian el corazón de los hombres

España · PaginasDigital
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16 diciembre 2013
Continuamos con el breve recorrido por la Historia sudafricana, marcada por siglos de odio y resentimiento entre la minoría blanca y la población negra. Parecía eternizarse aquello de ´el hombre, lobo del hombre´, pero, de nuevo, los imprevistos de la libertad humana que cede al deseo de bien y justicia. Desmond Tutu, el arzobispo Hurley...y Nelson Mandela como artífice de un proceso. Y es que lo que cambia la Historia es lo que mueve el interior de las personas, lo que cambia al hombre y lo lleva hacia un punto de fuga.

Continuamos con el breve recorrido por la Historia sudafricana, marcada por siglos de odio y resentimiento entre la minoría blanca y la población negra. Parecía eternizarse aquello de ´el hombre, lobo del hombre´, pero, de nuevo, los imprevistos de la libertad humana que cede al deseo de bien y justicia. Desmond Tutu, el arzobispo Hurley…y Nelson Mandela como artífice de un proceso. Y es que lo que cambia la Historia es lo que mueve el interior de las personas, lo que cambia al hombre y lo lleva hacia un punto de fuga.

Breves referencias históricas. Los primeros holandeses llegaron a Sudáfrica en 1651, con el propósito de establecer una base de avituallamiento, llegando a establecer, finalmente, colonias en las que se fomentó la inmigración europea (alemanes del Norte, franceses…), que huía de la Guerra de los Treinta Años y las consecuencias de la revocación del Edicto de Nantes. Estos europeos, de religión calvinista, como se ha dicho, se asientan en colonias. La guerra entre Francia y Holanda lleva a que los holandeses de El Cabo realicen una asimilación: se establece el holandés como lengua obligatoria.

Con el aumento de la población, surge la necesidad de expandirse: muchos emigran a tierras del interior: nacen los bóers (granjeros), que, con el tiempo, se organizaban para defenderse por sí mismos.

Es  conocida la llegada de los británicos y los primeros choques con la población bóer: la abolición de la esclavitud y la política de anglificación son el detonante para que unos 15.000 bóers emigren más allá de los ríos Orange y Groot Visrivier. Es la época en la que se produce el llamado Gran Trek. Tras violentos choques con los zulúes (que llegaron a masacrar a muchos de los colonos), los holandeses se organizan en torno a Pretorius y consiguen derrotar a los africanos. Con el tiempo, las regiones del Transvaal y Orange se constituyen en Repúblicas autónomas, que se enfrentarán al Imperio Británico. Paul Kruger es uno de los principales artífices de estas Repúblicas, que conocen un desarrollo económico. Kruger llega a derrotar a los británicos, que han de reconocer la independencia del Transvaal. Tras las dos guerras Bóer, se constituye la Unión Sudafricana en 1910.

En 1948, después de la Segunda Guerra Mundial, la victoria del Partido Nacional Afrikáner lleva a la instauración de un régimen de segregación racial (incluido en su programa electoral), que fue parte de la política gubernamental de la República Sudafricana hasta 1994. Se inicia uno de los regímenes más discriminatorios que han existido, por el cual la minoría blanca va a poseer las mejores tierras y la única que va a ostentar derechos y garantías, mientras que la población negra carecía de ellos y era confinada a los bantus homelands (bantustanes).

La legislación del apartheid.  Con este sistema, se clasificaban las tribus según su origen y se enviaban a un bantu homeland. Ninguna persona negra podía supervisar el trabajo de un blanco, y los negros empezaron a sufrir detenciones y confinamientos y las primeras medidas e segregación, que incluían restricciones a la urbanización permanente, la separación territorial y el uso de instituciones tradicionales como medio de control social. El sistema, además, segrega los servicios públicos, la educación, el territorio lo máximo posible, dando todos los privilegios a la población blanca y ninguno a los negros. Para ello, se justificó en un federalismo que pretendió sofocar las aspiraciones de la comunidad negra.

Antes de 1948, ya existían varias leyes raciales: la Natives Land Act de 1913 prohibía que un africano pudiese comprar o alquilar tierra de un blanco; la Natives (Urban Areas) Act de 1923, dividía las ciudades en barrios según la raza: las denominadas áreas prescritas eran la mayor parte de las ciudades. Mientras las áreas no prescritas sólo permitían a trabajadores negros autorizados.

A partir de 1948, se dictan medidas más restrictivas: la Population Registrations Act (1950) exigía hacer constar la raza en los registros de población y la Group Areas Act (1950) establecía áreas reservadas. A estas leyes, le siguieron: la de Matrimonios mixtos; la de Supresión del Comunismo y la de Inmoralidad. La nueva legislación establece unos sistemas de clasificación racial, en la que se optó por criterios de “apariencia” y de “aceptación general”, que debían valorarse en su conjunto, llegando a elaborarse tests ad hoc.

Aunque Sudáfrica era una democracia, la realidad es que las instituciones eran controladas por la minoría blanca: el parlamento, los poderes ejecutivo y judicial. Estas instituciones implantaron el vergonzoso sistema de los pases (Pass Laws), que se establecían sólo para un grupo racial en concreto: los bantúes. Por este sistema, se restringía la libertad de movimientos y se llegaba al acoso personal: la identificación de los titulares había de ser exhaustiva (nombre, fotografía, origen, empleos, pago de impuestos…). Ningún bantú podía abandonar su territorio (los bantustanes) sin obtener un permiso de las autoridades locales. Especialmente polémica fue la sección 10 de la Urban Areas Consolidation Act, que regulaba los requisitos que la población negra debía reunir para residir en las áreas urbanas. Ello motivó los primeros movimientos de desobediencia civil (1959). A pesar de que hubo dos sentencias históricas (la Rikhoto de 1983 y la Komani) que reconocieron ciertos derechos a los negros, la jurisprudencia era siempre favorable a la población blanca.

Por tanto, bajo una apariencia de régimen democrático y con un cierto desarrollo económico (fruto de utilizar las creencias racistas al servicio de intereses prácticos), se  estaba consolidando un sistema de supremacía racial que, condenó al subdesarrollo a la población negra. De hecho, desde 1960 a 1970, los bantustanes se concibieron como áreas pobres destinadas a ellos, bajo el pretexto del “desarrollo separado”.

 

II. EL CAMINO A LA RECONCILIACIÓN:

El apartheid, división y motivo de escándalo en las confesiones religiosas.  Aunque la instauración del apartheid tuvo lugar en 1948,  ya en el seno de las iglesias reformadas existía la segregación racial. Y es que el cristianismo comienza en Sudáfrica como una comunidad dividida. Como dice el profesor Maake J. Masango , los misioneros coloniales exportaron la ruptura de la Cristiandad europea: prueba de ello fue el hecho de que, en Sudáfrica, algunos fieles blancos no quisieran recibir la Comunión con sus hermanos negros. La segregación racial ya estaba arraigada un siglo antes del apartheid político, que acentuó, a su vez, esta separación en las iglesias.

Ante ello, el clero nativo empieza a formarse a través del autoaprendizaje y la enseñanza de otros teólogos graduados, tropezando con el rechazo de las costumbres religiosas africanas por parte de los misioneros europeos.

Las distintas iglesias presbiterianas de África del Sur tenían diversas procedencias: la Iglesia Presbiteriana en África del Sur era predominantemente blanca (aunque había congregaciones negras) y albergaba a colonos y soldados escoceses, al igual que la Iglesia Presbiteriana Reformada, destinada más a la población africana. La Iglesia Presbiteriana de África estaba organizada por un clero africano educado por misioneros, sin olvidar a la Iglesia Evangélica Presbiteriana en Sudáfrica. La tensión entre ellas a causa de la cuestión racial fue evidente: los africanos iban a ser mayoritarios y controlarían las finanzas, por lo que los debates sufrieron un bloqueo. La discusión sobre la unión de las iglesias se estaba produciendo en un momento en el que el país sufría los tumultos y la violencia. La implicación de algunos pastores africanos supuso un impulso para la unión en 1998.

En los años del apartheid, sólo un 5-10% de la población sudafricana era católica. En Sudáfrica, se estableció una jerarquía episcopal en 1951, que, desde el inicio, observó con preocupación el fenómeno. Desde 1948 hasta 1974, se escribieron siete cartas pastorales, de las que seis trataban las relaciones interraciales. En dichos documentos, los obispos católicos sudafricanos reafirman el hecho de que todos son creados a imagen de Dios y que Cristo no ha venido a hacer distinciones de raza o cultura. En su carta de 1957, se hace una condena del apartheid como algo intrínsecamente malo, y empiezan a llamar a consulta pastoral para tratar de agrupar las necesidades y prioridades de los grupos locales. A nivel más institucional, en 1984, Juan Pablo II, en un discurso ante los representantes de la Comisión Especial del Apartheid en Roma, reitera la condena rotunda hacia la segregación racial.

En esta época, dos personalidades de gran relevancia cobran protagonismo: el arzobispo anglicano Desmond Tutu y el arzobispo de Durban, Denis Hurley, quienes, junto a Nelson Mandela, encabezaron la lucha contra el apartheid. El caso de Desmond Tutu es muy significativo: en 1976, participa en las protestas de Soweto contra el uso del afrikáans como lengua obligatoria en la educación. Nombrado Secretario del Consejo Sudafricano de las Iglesias, es partidario de la reconciliación entre los grupos implicados en la segregación racial y denuncia constantemente tanto al gobierno afrikáner como a los grupos antiapartheid partidarios de la violencia. Por su labor, fue nombrado director de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación creado por el nuevo presidente N. Mandela. Aún hoy, y con el sistema de apartheid abolido, el arzobispo sigue luchando contra otras formas de segregación (en el caso del conflicto árabe-israelí).

El caso de Hurley fue otro ejemplo claro de oposición al apartheid. Fue acusado por el régimen sudafricano de vulnerar la Ley de Policía de Sudáfrica, al revelar información sobre las atrocidades del apartheid en Namibia. Además, consiguió liberar a un opositor político al Partido Afrikáner. Su trabajo a nivel interno dentro de la Iglesia Católica en Sudáfrica no fue fácil: le costó trabajo convencer a los católicos sudafricanos de que la justicia social era parte del compromiso cristiano. Su compromiso fue reconocido, a su muerte, por la República de Sudáfrica.

La lucha política contra el apartheid: Nelson Mandela. Sin duda, es la figura clave que une voluntades. Hay mucho escrito sobre él. Se ha llevado su vida a la gran pantalla con la interesante película de Clint Eastwood, Invictus,  en el que el actor Morgan Freeman encarna el papel del líder del CNA al llegar al poder. Lo que me resulta interesante destacar de Mandela es el camino político que hizo desde que comenzó a militar en el CNA, su paso por la cárcel y su abandono de la violencia hasta iniciar el camino a la reconciliación en Sudáfrica. Abogado de profesión, en 1961 hace un llamamiento al uso de las armas en la Conferencia Panafricana, creándose un comando similar al Irgún israelí, a cuyo frente estuvo él. Mandela acaba implicado en la organización de actividades de resistencia armada y fue declarado terrorista tanto por el régimen del apartheid como por la ONU. En prisión durante 27 años, cae en la cuenta de la improductividad y la esterilidad de la lucha armada durante su estancia en la prisión de Robben Island y empieza a abogar por una necesidad de acudir a medios pacíficos para abolir el apartheid. Tras la presión internacional, el presidente Frederik De Klerk le pone en libertad, comenzando a acelerarse la transición al régimen actual.

El aislamiento que estaba provocando la política del apartheid, junto con la guerra de Namibia, castigó la economía del país. En 1985, se declara el estado de emergencia, que se mantuvo hasta 1989, cuando el presidente Botha fue reemplazado por Frederik de Klerk, quien comenzó el proceso de derogación de las leyes discriminatorias y legalizó el Congreso Nacional Africano, que concurrió a las elecciones de 1994. En 1992, un referéndum habilita al gobierno a iniciar negociaciones para un proyecto de Constitución con los restantes partidos políticos. Las elecciones de 1994 dieron la victoria al Congreso Nacional Africano, siendo elegido presidente Mandela, quien promulgó la nueva Constitución. Nacía la nueva Sudáfrica.

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