Sociedad militarizada

Mundo · Óscar Ortiz Antelo
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20 diciembre 2010
El vicepresidente Álvaro García Linera se ha referido recientemente a la necesidad de impulsar una creciente militarización de la sociedad, como un medio de preparar a Bolivia frente a la agresión de fuerzas más poderosas. Estas palabras, pronunciadas en la clausura del seminario Patriotas del Estado Plurinacional que organizaron las fuerzas armadas, representan una visión propia de aspiraciones totalitarias, tal cual no ocultan importantes autoridades del Gobierno nacional.

Paradójicamente, el Gobierno del Movimiento al Socialismo está asignando a las fuerzas armadas un protagonismo y preponderancia desconocido en los gobiernos democráticos y que en muchas áreas sobrepasa las mayores pretensiones de los gobiernos militares.

Los conceptos del vicepresidente fueron vertidos pocos días después de que el comandante del Ejército declarara a su fuerza como socialista, algo que según los cables difundidos por Wikileaks, el presidente ya venía exigiendo a los comandantes militares desde hace tres años y que sólo el actual comandante aceptó complacer.

Como el vicepresidente es considerado uno de los principales ideólogos del Gobierno, su pretensión de militarizar la sociedad debe considerarse muy seriamente. ¿Qué se busca con ello?

Primero, asegurar el control de la sociedad por parte del Estado, al cual se le concibe como la representación de los únicos merecedores del poder, el presidente y su partido. A diferencia de una sociedad democrática, en la cual el disenso y el pluralismo marcan la convivencia entre los ciudadanos, en las sociedades militarizadas se impone el pensamiento único.

Segundo, cuando el partido de gobierno empieza a enfrentar el desgaste, la pérdida de apoyo popular y el coste de la exclusiva concentración gubernamental en el control del poder y la desatención de la gestión, muchas autoridades entienden que en el futuro no se sostendrán por el apoyo popular sino por la fuerza, para lo que el apoyo incondicional de las fuerzas militares se vuelve imprescindible.

Tercero, en las sociedades militarizadas se impone la autoridad vertical y se excluye la deliberación social, el sueño de todo hegemonista autoritario. Quién diría que quienes subieron diciendo representar posiciones de izquierda sean hoy quienes lleven a la sociedad a perder los valores que sustentan las libertades civiles y los derechos ciudadanos para procurar convertir a las personas en piezas al servicio de la maquinaria estatal dominada por su grupo de poder.

Las democracias son, en esencia, gobiernos y sociedades civilistas, en las cuales las fuerzas armadas tienen su misión y funciones definidas y delimitadas por la Constitución para preservar la soberanía nacional y mantener el orden público en circunstancias extraordinarias. Cualquier intento de militarizar la sociedad no puede ser sino un pretexto para someter al pueblo, quien deja de ser el soberano y se convierte en un instrumento de quienes detentan el poder.

Óscar Ortiz Antelo, ex presidente del Senado Nacional de Bolivia

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