Socialismo y aborto

Cultura · José Ignacio Moreno Iturralde
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16 febrero 2009
Como ciudadano he admirado algunos aspectos del socialismo: su valentía para bajar a la arena y defender los derechos de los más pobres; su arrojo al salir a la calle a reclamar lo que han considerado justo, y su capacidad publicística y de divulgación.

Para el socialismo más genuino el hombre se debe por completo a la especie humana y los más capacitados deben ayudar a los más necesitados. Pienso que su lema podría ser el de "todos para uno y uno para todos". Por otra parte el socialismo ha estado muy atento a los avances rigurosos de la ciencia a la hora de entender nuestro mundo.

Pero hay una grave contradicción interna de bastantes socialistas, incluido el Gobierno actual español: el aborto. La genética, la embriología y la ginecología demuestran la evidencia de que existe un nuevo ser humano desde que hay en él un nuevo ADN. Sin embargo el PSOE quiere declarar el derecho de una madre a matar al hijo de sus entrañas hasta varias semanas de gestación -proyecto frontalmente opuesto a la Sentencia del Tribunal Constitucional español en 1985 al respecto-. Toda la comprensión para situaciones difíciles de mujeres, y para casos problemáticos que requieren una ayuda pública eficaz, pero matar al niño -a veces de modos horrorosos y hasta avanzados periodos de gestación- no es una solución sino una barbaridad. Tras las brutales irregularidades de las clínicas del doctor Morín, lo que ha hecho el Gobierno es amparar a las clínicas abortistas y aliarse con un inhumano negocio de capitalistas sin escrúpulos. En las tuberías de sus macabras instalaciones corre la sangre de millares de seres humanos malogrados, de sonrisas asesinadas. También cabe la posibilidad de que optimicen los inanes restos humanos para productos de mercado y sacar más margen de provecho.

Esta postura sobre el aborto refleja el cinismo ante la evidencia biológica y la hipocresía de un socialismo contradictorio en su piedra de escándalo: su afán de acabar con la vida de los más indefensos -las primeras víctimas del aborto- cuando los socialistas, muy especialmente, deberían impedir la muerte de los seres humanos más marginados y oprimidos, a los que se les explota brutalmente, alienándoles la vida y sacando plusvalía de su sangre inocente.

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