Rosa y negro
03.10.2013
La película -bien producida- está concebida como una comedia surrealista, en la que situaciones actuales son llevadas al siglo XVI, con su consiguiente resultado hilarante. Lo que ocurre es que el discurso es tan ideológico y tópico, a favor del relativismo religioso y contra la supuesta intolerancia católica, que la sonrisa se congela en la cara de cualquier espectador que esté harto de adoctrinamientos. Así el film se convierte en una especie de Ágora en versión "jajá jiji", que empieza divertida y acaba por no tener ninguna gracia.
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