Razones de la convivencia

Mundo · Javier Prades
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11 noviembre 2010
Angelo Scola, patriarca de Venecia, lleva toda la vida utilizando la razón a partir del presente. Se le encuentra siempre dispuesto a identificar los "procesos históricos en acto", las "mutaciones en acto" para poder comprender el complejo espesor de nuestra sociedad. No podía dejar de hacerlo en un momento como este, que él considera "absolutamente inédito" por la magnitud de los cambios que están ocurriendo. A partir del presente y para comprender hacia donde estamos dirigiéndonos, reivindica el legado del pasado, la tradición de la que venimos, que permite una comparación con todos los sujetos y con todos los problemas de hoy. No es casualidad que proponga una doble contribución de los cristianos en esta sociedad post-secular y plural: la educación y la innovación.

Scola desarrolla desde hace años un ambicioso proyecto cultural que le lleva a medirse con las dimensiones constitutivas del vivir humano, cuya interpretación es decisiva para el destino de la sociedad democrática. De hecho, ha ido explorando las profundidades del misterio del hombre, que aparece ante nuestros ojos como una realidad de "unidad dual" en sus diferentes niveles. El más radical es el de la unidad entre "cuerpo y alma", y por eso Scola se ha ocupado ampliamente de los problemas de la bioética y de la tecno-ciencia aplicados a la cuestión de la relación mente-cerebro. Además, el ser humano es una misteriosa unidad dual "hombre-mujer", y son bien conocidos los estudios del Patriarca sobre el amor y la diferencia sexual, el matrimonio y la familia.

Ha dedicado finalmente algunos de sus volúmenes a la tercera "polaridad" de la experiencia humana, la que se refiere al "individuo y la comunidad." En esta tercera dirección hay que situar el libro recientemente publicado, Buone ragioni per la vita comune. La socialidad, cuyo fundamento está en la constitutiva relacionalidad del hombre (misterio del nacimiento), se da siempre junto con otra dimensión también constitutiva: el carácter irreductible de cada individuo como persona. La unidad dual de individuo y comunidad se convierte pues en un criterio precioso de juicio que se expresa respecto a la política y a la economía en las páginas del libro. Al considerar esa polaridad, Scola siempre tiene en cuenta la perspectiva de la dimensión religiosa del hombre, la relación última con el Misterio de la que son signo las tres polaridades.

Habermas ha pedido a las tradiciones religiosas el esfuerzo de "traducir" la riqueza de su experiencia teórico-práctica en términos "cognoscitivos" transmisibles universalmente y ha puesto como ejemplo la antropología de la imago Dei, común a judíos y cristianos, invitando a mostrar su relevancia en los delicados debates éticos que están en curso. Podemos decir que Scola había asumido desde hace tiempo la hipótesis de "traducir" esa antropología para hacer posible la confrontación con las cuestiones de moral, política, economía y de acción social con las que nos enfrentamos.

Cabe destacar en particular su propuesta de una doble vía para lograr este objetivo: por una parte el intento de definir y aplicar una "moral común"; por otra, el desarrollo de las "implicaciones" antropológicas de los misterios cristianos. Ambas dimensiones están vinculadas por un principio que a menudo se repite en el libro, el de "distinguir en lo unido". De hecho, la experiencia cristiana es una experiencia única que permite integrar en una unidad sin confusión: eros y ágape, justicia y caridad, amor y fe, según los juicios que se desarrollan a través de los diferentes capítulos.

En el libro, como un hilo conductor que atraviesa sus páginas, encontramos la categoría de testimonio, la única que es capaz de mantener unida la relación dramática de verdad-libertad. En todos los capítulos se desarrollan las consecuencias de esta categoría para comprender la nueva sociedad secular occidental, y el diálogo interreligioso, especialmente con el islam.

Buone ragioni per la vita comune es un ejemplo de educación e innovación, basadas en la recomendación del apóstol: "Estad siempre dispuestos a dar razón de vuestra esperanza".

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