¿Qué sucede en Brasil?

Mundo · Francisco Borba Ribeiro Neto
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29 septiembre 2010
Mientras que en Venezuela el chavismo afronta su primera derrota electoral, Brasil parece caminar hacia una retumbante victoria del "lulismo" con la candidata de Lula, Dilma Roussef, del Partido de los Trabajadores (PT), que puede vencer ya en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. ¿Qué semejanzas y qué diferencias hay entre chavismo y lulismo? ¿Qué factores determinan el éxito del lulismo? ¿Cuáles son los caminos que esos movimientos apuntan para América Latina?

El fenómeno Lula viene a caballo del éxito de las políticas económicas de su antecesor, Fernando Henrique Cardoso, del Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB), así como del límite de sus programas sociales. Con el Plan Real, de 1994, el Gobierno brasileño logró superar el problema de la inflación y después, en los dos mandatos presidenciales de Fernando Henrique (1995-2002), empezó una política de austeridad de gastos públicos que fue mantenida por Lula, con mejorías en la gestión de los recursos económicos del Estado. Esas políticas, aunque criticadas por el PT, que las consideraba neoliberales, fueron la base de las políticas económicas de Lula y del crecimiento económico brasileño en todo este periodo. No se puede separar el éxito de Lula en el ámbito económico de su realismo al aceptar el éxito de las políticas económicas de su antecesor, aun haciendo frente a la oposición ideológica de muchos liderazgos de su proprio partido, el PT.  Ese posicionamiento económico, determinado más por el pragmatismo que por la convicción, distinguirá la trayectoria político-económica de los gobiernos de Lula y Chávez y su encuadramiento en el escenario mundial.

A pesar de su relativo éxito en el plan económico, al final de su gobierno, Fernando Henrique empezaba  a perder popularidad. La lógica del PSDB suponía que el desarrollo económico traería la inclusión de los pobres y la superación de las desigualdades sociales. Pero esa inclusión aconteció solamente para algunos sectores de la sociedad, capaces de integrarse en la economía en expansión. Los más pobres no lograron ser incluidos en el crecimiento económico y las desigualdades, al contrario, se alargaban. Fue ése el factor que llevó a Lula a la victoria en las elecciones presidenciales de 2002.

La propuesta original de Lula era la de un gobierno socialista democrático, construido a partir de las clases medias urbanas, que habían sido la base electoral tradicional del PT, donde un Estado fuerte y planificador, unido a una organización social centrada en comités y consejos populares, implantaría un gran programa de distribución de renta e igualdad social. Pero no fue exactamente eso que se sucedió. Los grandes proyectos originales del partido de Lula no tendrían éxito. La población de las grandes ciudades tampoco reaccionó como se esperaba. Por ejemplo, de las 10 mayores ciudades brasileñas, solamente tres tienen alcaides del PT. Lula, político sensible e inteligente, abandonó su propuesta socialista original y abrazó el populismo asistencialista. Su nuevo gran programa social, el "bolsa familia", es un gran sistema de subsidios a las familias más pobres, justamente acusado por sus opositores de socavar las bases del protagonismo ciudadano y lanzar a las poblaciones excluidas en la total dependencia del Estado. La propuesta socialista original no fue olvidada por su partido, pero subsiste ahora oculta para la gran mayoría de la población, que ve solamente el liderazgo populista de Lula.

Benedicto XVI, al presentar su encíclica Caritas in veritate, dice que la subsidiariedad y la solidaridad, en estrecha conexión entre sí, son criterios-guía para la construcción de una sociedad justa y fraterna. Sus palabras son como el filo de un cuchillo para los políticos brasileños. La falta de una sensibilidad social que se imponga a las necesidades del crecimiento económico, de una solidaridad social capaz de priorizar la mejora de la vida en las poblaciones más pobres, quitó a los socialdemócratas del poder. Pero ahora, la falta de una postura subsidiaria, del respeto al protagonismo de los ciudadanos en la vida pública, amenaza el futuro socio-económico del Brasil.

Determinado por la combinación entre socialismo y populismo, el futuro de Brasil se enfrenta al peligro de un nuevo crecimiento de un estado poco eficaz y autoritario, que puede poner en riesgo las conquistas socio-económicas de los últimos 18 años. Al mismo tiempo, atestigua que sólo un desarrollo humano integral puede garantizar la justicia social, el crecimiento económico y la libertad de las personas. Un desafió para los brasileños, para América Latina, que vive situaciones semejantes, y para todos los pueblos del mundo…

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