Prefecto a corazón abierto: es bellísimo

Mundo · José Luis Restán
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26 julio 2012
"La fe comienza con encuentros personales, empezando por los padres, los sacerdotes, los amigos, en la parroquia, en la diócesis, en la gran familia de la Iglesia universal... y jamás debe temer la confrontación intelectual, porque no tenemos una fe ciega...es una relación personal con Dios que porta consigo todos los tesoros de la sabiduría... Deseo a todos tener una experiencia como la mía: identificarse de manera sencilla y no problemática con la fe católica y practicarla. Es bellísimo".

Quien así habla es Gerhard Ludwig Müller, el nuevo Prefecto de Doctrina de la Fe recién aterrizado en sus nuevas estancias romanas. En esta primera gran entrevista publicada por L'Osservatore Romano, Müller habla a corazón abierto, con el equilibrio y la ausencia de complejos tan típicos del catolicismo renano. Y se refiere a la huella romana en el corazón de la antigua Germania, especialmente visible en torno a Mainz. "Es algo que nos ha dejado huella", reconoce, quizás refiriéndose al mito de la oposición instintiva de los alemanes frente a Roma. Después describe con sencillez la educación recibida de sus padres (él, obrero de la Opel; ella, ama de casa). Una propuesta clara, sin estridencias ni exageraciones, un crecimiento tranquilo dentro de una fe alegre y sencilla que tenía que ver con todos los aspectos de la vida.

Interesa y mucho descubrir esta "melodía" de la fe en la trayectoria del Prefecto. "La fe se caracteriza por una máxima apertura… nuestra razón finita siempre está en movimiento hacia el Dios infinito… Siempre podemos aprender algo nuevo y comprender con mayor profundidad la riqueza de la Revelación, jamás podremos agotarla". Es la concepción dinámica que caracterizó al beato Newman y que también encarna el Papa Ratzinger, que el pasado 15 de julio decía en el Ángelus que "en Jesús Dios ha dicho y dado todo, pero dado que Él es un tesoro inagotable, el Espíritu Santo jamás termina de revelar y de actualizar su misterio. Por ello la obra de Cristo y de la Iglesia no retrocede nunca, sino que siempre progresa". Quizás un mensaje a coro para los miembros de la Fraternidad de San Pío X y su visión congelada de la Tradición.

Naturalmente Müller habla también de su nuevo oficio y reconoce el peligro de que el ruido generado por las polémicas de grupos "escorados a la izquierda o a la derecha", "nos hagan perder de vista nuestra tarea principal: anunciar el Evangelio de Jesucristo como respuesta a las grandes preguntas del hombre de nuestro tiempo. A Müller no le arredra la polémica y sostiene sin ambages que la visión secular e inmanentista es radicalmente insuficiente. En un pasaje de la entrevista plantea "a los ateos o a los enemigos de la Iglesia que se pregunten con espíritu de autocrítica si ellos mismos tienen medios de salvación que ofrecer al hombre de hoy". Por el contrario la Iglesia debe "redescubrir y hacer resplandecer de nuevo la fe como potencia positiva y como fuerza de la esperanza".

Había curiosidad por el famoso asunto de las simpatías del nuevo Prefecto hacia la Teología de la Liberación, cuestión que ha hecho correr ríos de tinta. Y de nuevo demuestra su estilo franco y directo: "un chico católico de Mainz tiene la pasión social en la sangre, y me siento orgulloso de ello". Narra su encuentro con Gustavo Gutiérrez en Perú y su comprensión por la inquietud sobre cómo hablar del amor y de la misericordia de Dios ante el sufrimiento de tantas personas a las que falta el alimento, el agua, y que no saben cómo ofrecer un futuro a sus propios hijos. Una pregunta seria a la que se han ofrecido respuestas acertadas y erróneas, que el Magisterio de la Iglesia ha debido discernir. Evidentemente Müller rechaza la mezcolanza de la auto-redención marxista con la salvación que Dios nos ofrece, pero valora el esfuerzo de mostrar cómo la fe es un factor decisivo para el verdadero desarrollo. Algo que él ha experimentado personalmente sobre el terreno en África y en América, y no con la mera reflexión intelectual.

Un último apunte de esta amplia y sustanciosa entrevista lo dedicamos a su relación con Benedicto XVI, que ha sido para él un punto de referencia seguro y más aún, "un amigo paterno". Cuenta que cuando en el 68 se publicó la "Introducción al cristianismo" de Ratzinger, él y sus compañeros lo absorbieron como esponjas, porque en muchos ámbitos eclesiales reinaba la incertidumbre. En ese libro "la profesión de fe de la Iglesia viene expuesta de modo convincente, analizada con ayuda de la razón y explicada con maestría". De hecho el vínculo entre fe y razón es la clave de toda la obra teológica de Joseph Ratzinger y seguramente del pontificado de Benedicto XVI. Habemus Prefectum, pero no sólo. Un gran colaborador cerca del Papa, un testigo de la fe amiga de la razón, y un hombre que no teme las embestidas de su tiempo. 

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